Suicidio

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Lcdo. en Educación y Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

¨No hace muchas décadas que el intento fallido de suicidio
era condenado con pena de muerte¨,
en algún sitio, no recuerdo donde, lo escuché.

Sonaron todas las sirenas, incluidos los chillones lloriqueos de las mujeres de casa. Vi, a través del cristal que daba al patio delantero, mi cuerpo sin vida, sobre la mesa, con un brazo extendido y el otro en posición de L todavía sosteniendo fuerte un puñal de doble filo. Mis ojos no se habían cerrado, mi mirada era la de un niño al que estaba a punto de cumplírsele un capricho que había deseado por largo tiempo. Mi cabello y mi rostro, también echados en la mesa, empapados de negra sangre yacían. El personal se llevó mi cuerpo, ellos desaparecieron la evidencia de mi paso por la Tierra. Y yo, pese a que no creía en eso, me quedé solo, deambulando en el infinito limbo, llorando mi propia partida, añorando que al otro lado del cristal reaparezca mi humanidad para empezar de cero.   

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