En estos tiempos no es común hablar de botones

Por: Mgs. María Eugenia Torres Sarmiento
Comunicadora Social y Gestora Cultural del Cañar (Ecuador)

Había leído un artículo que titulaba los botones de  mi madre, y realmente pensé en describir las características de mis propios botones,  porque tienen una larga trayectoria,  aunque en este tiempo no es común  –hablar de botones- .

Sin embargo, “Yo”, les he dado la importancia que los tienen.  No son de mi madre, ni de mi abuela, peor aún de mi   bisabuela.  Son míos desde que tuve uso de razón, los guardé sin pensarlo,  me llamaban la atención,  pues, a medida que pasaban los años fui dándoles diferentes usos.

¿Por qué  son importantes los botones para mí?, por qué son ellos, quienes han marcado en la historia  hábitos de vida. Los primeros botones como tales fueron conchas de diversos moluscos, talladas y perforadas, pues dicen los historiadores que datan hace 4.000 o 5.000 a. C., y han sido hallados en el valle del río Indo en la India. Los griegos y romanos también utilizaron botones decorativos fabricados a partir de conchas o madera.

A los antiguos griegos y los romanos más ricos y poderosos también les encantaba lucir botones  de  marfil, hueso o piedras preciosas en su vestimenta. Como eran piezas muy caras que no estaban al alcance de toda la población, les servían para presumir y mostrar su pertenencia a una clase social distinguida. El botón se empleó además, para engalanar las prendas hasta que, en el siglo XIII, ocurrió algo que lo cambió todo: ¡se inventó el ojal!

Algo tan simple como hacer un agujerito en la tela para pasar el botón a través de él tuvo un éxito increíble en toda Europa. La razón es fácil de comprender. Piensa que, hasta ese momento, era imposible que hombres y mujeres  usaran ropa ajustada porque al ponérsela reventaban las costuras. Gracias a la aparición del ojal las prendas se pudieron abrochar y desabrochar, y por tanto, el problema se solucionó.

Esto produjo un profundo cambio en la vestimenta; después de muchos siglos, dejaron de usarse las túnicas, se pusieron de moda las prendas ceñidas al cuerpo, y el botón se convirtió en un objeto muy útil e indispensable hasta nuestros días.

Imagen tomada de https://curiosfera-historia.com/historia-del-boton/

Posteriormente, en 1805 el danés Bertel Sanders inventó un medio de unir mecánicamente dos pequeños discos de metal que luego se forraban: el botón a presión o automático. Esto abarató tanto el producto que empezaron a usarse en el atuendo de lacayos, cocheros y mayordomos botones dorados, y se generalizaron en la confección de prendas de trabajo. El empleo posterior del hueso para fabricar botones hizo que los precios cayeran aún más. Comenzaron también a fabricarse de materiales nuevos como el níquel, el cinc o el aluminio. Se hicieron botones de caucho, de corteza de coco,  de crin de caballo e incluso botones de cuerno, material que los graciosos del momento decían -ser abundante-.

Con el invento del botón automático prácticamente desapareció el ojal. Y, con el invento de la cremallera en 1890, se avizoraba la desaparición del botón. Pero sobrevivió porque los modistas parisinos lo rescataron para la función medieval de contribuir al boato y brillo del vestido, devolviéndole su perdida dimensión estética a principios del XX.

¿Quién fue el autor del botón?, lamentablemente, al igual que sucede con muchos otros inventos de la humanidad, no se sabe qué persona lo diseñó  o lo empleó por primera vez en la historia. Esto para conocer un poco sobre la historia de los botones.

Ahora, ¿Cómo los obtuve?, pues tengo una colección de botones;  no fue nada difícil, recuerdo que mis primeros botones, fueron los que se caían al paso, cuando  en mi trajinar al salir  desde casa a la escuela, saltaban del encaje de la blusa del uniforme, porque ya no se sostenían, faltaba un agujero para sostener el cordón. Eran de diferentes texturas, tamaños, formas y colores,  algunos los recuperaba, pero eran inertes, no cumplían su función encomendada.  

Recuerdo también que guardaba los botones del deber, algunos se pegaban en el papel, otros no se sostenían al engrudo y entonces aumentaba mi colección. ¿Y por qué no hablar de los botones de mis muñecas?,  eran tan especiales, tan pequeños que apenas podía sostenerlos en mis dedos. Eran tan bellos como las auroras de un amanecer, frágiles, delicados y tan útiles. Pues afianzaban las prendas de mis muñecas, cada una tenía un vestuario diferente y sus botones adornaban los sutiles encajes de sus vestidos.

Encontraba en cualquier sitio botones, eran muchos de ellos transparentes, parecían pastillas diluidas, otros eran como los girasoles, grandes y con ojos abiertos, en fin eran botones.  Botones de mis abrigos, botones de mis pantalones, de mis vestidos, camisas y delantales. Ninguno los botaba, tenían un sitio especial, una caja especial, allí  habitaban y aún habitan… cada uno con un significado especial.

Siempre pensaba…. que algún día tendrían un uso personal, incluso no he  descartado aquel deseo,  tener una gran alfombra, una manta o un cuadro especial con mis botones favoritos.   ¿Llegará ese día?, yo creo que sí, será, cuando mis botones tengan la importancia que deben tenerlos.

Pasaron los años y ellos quedaron guardados en un anaquel, los di por perdidos, había iniciado una nueva etapa de la vida, era ya madre,  probé mis primeras actividades, eran precisamente la de: costurera, porque una madre hace de  todo,  sabe de todo, dicen “que es una todóloga”, es médico, pediatra,  agricultora, estilista, abogada.

La última es fuerte, pero real, es abogada, cuando analiza y pone en marcha reglas y normas que rigen el hogar; religiosa porque imparte su espiritualidad; electricista también lo es,  ¿Qué madre -no me dirá-, que no ha intentado arreglar un cable, un electrodoméstico en su casa; diseñadora por excelencia porque busca estéticamente adaptar un ambiente propicio y cálido,  psicóloga y reflexiva que mira en el feng shui una oportunidad para mantener la armonía.  Administradora y contadora con excelsitud, siempre pensando en el ahorro y la mejor distribución de su patrimonio;  y  sin pensarlo  es la más afable, amorosa y tierna.

Han pasado más de dos décadas de existencia, y ahora necesito buscar mis botones guardados, la camisa de  mi crío se ha quedado sin botones, busco específicamente uno de color rojo,  a lo mejor que tenga puntos azules, porque la camisa es de Ferrari, aquella que hacía honor  a gran corredor de automóviles Ayrton Senna.

No es fácil encontrar lo que se guarda por tantos años, pero deben estar en algún lugar,  ¡admirable¡  ha pasado muy poco tiempo y -los he encontrado-,  esos botones están  ahora en la camisa, sirvieron a pesar del tiempo, fueron muy útiles. 

La colección disminuye, habrá que seguir recolectando, los críos han crecido, ha quedado muchas prendas sin ser útiles, allí  están los botones, ahora tienen otra forma, otros colores y otros diseños. 

He pensado  ¿Cómo obtenerlos en un número mayor?,  han venido muchas y miles de ideas,  para buscar botones, ahora es más fácil, todas las prendas vienen con repuestos, entonces diré que colecciono  repuestos, los mismos que acrecentarán la colección.  Pero no me gusta mucho esta palabra –repuestos-. Hay  también botones  de venta, de infinitas formas y colores,  son muy creativos, llevan corbatas, cintillos y bromelias rosadas en su estilo.

Compro un abrigo, compro una blusa y otras prendas, todas ellas tienen una marca especial, por lo tanto sus botones son también especiales, son hermosos, algunos tienen forma de anclas, tienen forma ovalada, son laterales, oblicuos, sinuosos;  de plástico, madera, de nácar;  forrados y sin forrar;  de gamuza, nylon, cuero y corosil;  inclusive son de metal. Cada uno tiene diferente precio, hay botones que cuestan más que la tela misma, pero al fin son botones.

Quizá no todos le den la importancia que tienen, “para mí son muy importantes”, son parte de la estética del vestuario, son parte de la historia de mi vida; pues lo primero que observo: si son brillantes como el oro, si son majestuosos como la plata, o luminosos como el granito. 

A mí, en lo personal me traen muchos recuerdos,  cuando tenía  apenas ocho años, disfrutaba de vestir una blusa  lavanda, la asociaba con el color de Zadquiel,  tenía botones en forma de rosas, no podré olvidarlos.

Todavía no los he clasificado, tengo de diversas formas, diría infinitas,  cuando ya no alcanzan en el cajón del anaquel, busco otro recipiente, ¿Parece que ya tengo muchos?;  Pero, estoy segura que serán parte de mi historia personal, no soy tan común, me gustan las cosas  especiales y únicas, ¡Quizá ¡ los deje como herencia  a mis hijas y a mis nietas. Espero que lo consideren importantes  y -no los olviden-. ¡Quizá¡ una de ellas los guarde, los aprecie, los valore y los coleccione. 

Yo pienso que será interesante hablar después de muchos años de  “mis botones”, sus usos, sus formas, sus colores, y el amor que le pusieron en cada prenda en los que estaban impregnados: pequeños, grandes y muy grandes;  negros, blancos, azules, rojos, amarillos, liliáceos, grises, dorados, plateados y transparentes, todos con características sui géneris, formas diferentes, colores tenues, pasteles, intensos, puros y cromáticos, pero todos con una historia  de amor, porque  no habrá persona en cuyo vestuario hubieron botones, que fueron testigos de grandes amores, de grandes encuentros, de reencuentros y añoranzas.

Para todos a quienes los botones  son importante y les traen recuerdos

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