El miedo del amor

Por: Rodrigo Murillo Carrión
Machala, Ecuador

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El alma que tengo apartada para ti,
habita un océano insondable
de nebulosas multicolores;
en esa bruma colosal
donde se fecundan las estrellas,
donde mueren las luces ancianas;
donde el infinito da la vuelta
y abre sus entradas a los naúfragos
que esperan la hora de compartir
un momento de creación.

Alma que nunca duerme,
protectora, guardiana desvelada
de una pasión con arraigo telúrico,
de temperatura incandescente.

Resiste a los vientos gélidos
del desamor, que todo lo suspende
con su bostezo de hielo.

Parecería una historia de ficción,
un espejismo, una densa ilusión.
Escucha el eco trémulo de su voz,
el trueno seco de sus latidos;
observa sus proyecciones del futuro.

Pero este amor no espera morir,
interpreta como fiel espejo,
las reglas del equilibrio universal,
aunque se alimenta de ansiedad
y soporta el peso
de un porvenir impredecible.

Teme la llegada de un forastero indeseable,
del mensajero jamás invocado:
de aquel ejecutor de exterminios:
el desamor,
con su errática y recurrente vorágine;
un remolino que pone de revés al amor,
lo entrevera con la indiferencia,
y lo abandona en el límite del odio.

No a este amor
que anda explorando
los bordes de la perfección.

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