Del fanatismo y otras carencias o enfermedades sociales

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

“Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro,
la enfermedad es casi incurable”.
Voltaire

Siempre han sido tema de discusión en la conformación de las civilizaciones los asuntos que conciernen al fanatismo. Tendríamos que escudriñar en la historia para recabar y tratar de comprender la psiquis de los colectivos a través de los acontecimientos que han marcado y registrado la larga y copiosa lista de ejemplos. Sin embargo, como la frase emblemática de Before the rain, una película que encarna ese fenómeno: “ El tiempo no muere porque el círculo no es redondo”. Una metáfora para refrescar sobre lo que a diario -y sin exageraciones- se reproduce con ese engendro que ha marcado la venganza “sin sentido” de la tradición y la construcción de las identidades colectivas.

Einsten lo advirtió cuando señaló que es más fácil romper el átomo que el rejucio, y agregaba que “La potencia desencadenada por el átomo ha cambiado todo, salvo nuestra manera de pensar”. Desde las civilizaciones primigenias hasta la actualidad ha persistido una desorientación social en la que se ha fundamentado este fenómeno. Básicamente la psicología contemporánea se ha ocupado de estudiar el comportamiento del mercado, de la industria y ha soslayado esta problemática que no le concierne propiamente a este tiempo. No se han propuesto soluciones de fondo que generen cambios en la sociedad en este sentido. Al contrario, la banalidad de la desinformación y de las “noticias” como una gran niebla procuran inundar el colectivo, las masas con futilidades. Son las reglas del mercado y a ellas obedece el rebaño.

Pero esta es solo una arista de la psiquis social que ha crecido como densa bruma. Las carencias sociales van dando lugar a este tipo de fenómenos. Basta con echar un vistazo a la historia; por ejemplo,  el nacimiento del islam fue una de las formas más rigurosas que se enquistó como una de las herejías judías. Y como enfantizo al comienzo, la historia sigue su curso y como la memoria es la facultad que olvida, el círculo nunca se cierra, y las conexiones interdisciplinarias en este sentido resultan ser de hondo calado.

Para no trillar en los nacionalismos más excerbados, como el caso de Hitler y el partido nazi, el fanatismo del comunismo que tuvo su génesis en la época de Stalin, y que Freud le llamó la “fe fanática”, sólo por citar dos de los casos más emblemáticos de la historia reciente. También en movimientos contemporáneos como algunos deportes, básicamente el fútbol. También el veganismo, el feminismo, los militantes de las minorías que también hacen su agosto. Resulta a veces imposible no caer en estos sesgos sociales y culturales. Lo cierto es que esta fenomenologia se transforma y acomoda a las circunstancias del momento, van llenando vacios sociales. El fanático tiene la particularidad de escucharse así mismo. Pero el transfondo de todo esto recae en la poca y escasa formación del pensamiento, como decía Bacon, “Quien no quiere pensar es un fanático”.

El ejemplo más reciente de los peligros del fanatismo, es lo ocurrido al autor de los “Hijos de la medianoche”, el escritor británico de origen indio, Salman Rushdie, quien fue sentenciado y condenado a muerte por el Ayalotá. El autor de este atentado contra el escritor se ha declarado inocente. Digamos que dentro de la ceguera de ese mismo fanatismo el asesino se declara casto en nombre de Alá, y cree que debe acabar con el impío. Por infortunio, gracias al fanatismo, escritores como Pamuck en Turquía, quien obtuvo un Nóbel en el 2006, algunos sectores más recalcitrantes, lo han declarado como un paria en su tierra.

El escritor israelita, Amos Oz, declaró en una entrevista a raíz de su libro sobre una serie de ensayos, sobre el fanatismo en Israel y en todo el mundo, ha dicho que el fanatismo es la nueva plaga que aqueja al siglo XXI, y titula su libro: “Queridos fanáticos”, y ha dicho que entre más complejos se vuelven los problemas más personas anhelan la simplicidad de las soluciones, por ello se alude a los fanatismos. Por ello hay que volver a la pluralidad de la literatura que conduce por caminos novedosos y la curiosidad por lo diferente.

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