Símbolos de identidad de Gualaceo

Por: Felipe Albornoz Peña

Pueblo como expresión es un abstracto, un imaginario, en definitiva, una entelequia. Un pueblo es lo que es realmente su gente, su cultura, lo que siente, lo que profesa y sueña, sus valores, ideales y símbolos. Pueblo es un conjunto de individuos que a pesar de compartir un espacio geográfico tienen visiones, intereses e ideas diferenciadas pero que comparten un “si mismo colectivo”.

El eminente escritor catalán Luis Villoro, decía que el “sí mismo colectivo” no es una entidad metafísica, ni siquiera metafórica, es una realidad con la que se encuentran sociólogos, antropólogos e investigadores. Los individuos son parte, están imbuidos en una realidad social y su desarrollo personal no puede disociarse, ni desentenderse del intercambio con ella, su personalidad, se va construyendo y forjando en su participación en las creencias, actitudes y comportamientos de los grupos a los que pertenece. Hay una realidad intersubjetiva compartida por los individuos de una misma colectividad y está constituida por un sistema de creencias actitudes y comportamientos que le son comunicados a cada miembro del grupo por su pertenencia a él. Esta realidad colectiva no consiste por ende en un cuerpo, ni en sujeto de consciencia, sino en un sentir, comprender y actuar. 

La búsqueda e identificación de ese sí mismo colectivo de quienes habitan la encantadora geografía que conforma el cantón Gualaceo, es lo que a mi manera de ver pretende esta importante investigación, producto de un esfuerzo intelectual elevado, de una valiosa voluntad de equipo pero sobre todo de una motivación muy particular de dos ciudadanos extranjeros que han sembrado parte de su corazón en nuestra patria y que han dado muestras inmensas de un notable compromiso con nuestro país y sociedad como son José Manuel Castellano y Efstathios Stefos y de un oriundo de este pujante cantón como es Erik Galarza Guaraca, joven y esmerado educador e investigador.

Este importante trabajo y estudio posibilita adentrarse en la particular visión, percepción y experiencia de los ciudadanos gualaceños sobre aquellas cosas, costumbres, saberes, símbolos e historias que los identifican y que le dan honda riqueza, sentido, contenido y trascendencia a su alma e ideal colectivo, sin duda alguna, representa un aporte investigativo, sociológico y antropológico de gran factura, que no pretende ser una obra colmada de información estadística ya que su contenido toma vida y convierte los datos en referentes, en contextos, en conceptualizaciones, en experiencias vitales, en críticas, reflexiones y compromisos; y han permitido a la gente encuestada hacer un verdadero ejercicio de ciudadanía.

Los datos recogidos que conforman este valioso aporte investigativo ha permitido fundamentalmente a los encuestados, que son los protagonistas del mismo, realizar también un rico proceso de descubrimiento y autodescubrimiento de los elementos culturales que los unen algunos de ellos a pesar de su cotidianidad quizás fueron consciente o inconscientemente olvidados, segregados o ignorados pero que al elicitarlos les han vuelto a dar presencia y con esto percatarse de las historias, situaciones y hechos escondidos que hay en torno a ellos.

La cultura, sin lugar a dudas, es un hecho de comunicación. Yuri Lotman, connotado semiólogo de la escuela de Tartú define a la cultura “como el conjunto de información no genética como memoria común de la humanidad o de colectivos sociales más restringidos y se constituye en un sistema de signos y símbolos organizado de determinado modo que sirve para trasmitir información”. Precisamente esto también busca este aporte investigativo, que es descubrir o evidenciar aquella unidad cultural en el interior de la comunidad gualaceña donde se intercambia información, misma que efectivamente pueda convertirse en un signo y símbolo al ser portador de un determinado significado o significados para ella.

Muchos han dicho que el hombre es un ser esencialmente histórico y que se encuentra involucrado en la trama de los acontecimientos de la historia. Todo en él es historia, su pensamiento, sus diferentes saberes, sus costumbres, su arte, las obras que dan vida sus manos, la geografía que habita, Todo en el hombre es historia, historia acumulada, condensada, vivida y proyectada a lo largo del espacio tiempo y ella la hacen y escriben los pueblos, colectivamente, por lo tanto ella es un fenómeno de creación y recreación social. En esta obra se refleja la visión de los pobladores del cantón Gualaceo de su rica y basta historia que se ha ido entretejiendo día a día con el hilo de la memoria que se recrea en el encanto de su pasado y se descubre en el presente cautivador de su cultura, valores y símbolos .

Y en la coordenada de esta memoria y con la indulgencia de los autores de este valioso trabajo investigativo, me permito recordar a mi abuelo Benjamín Albornoz Cabanillas, que fue sin duda un importante personaje del pasado de Gualaceo, quien ocupó por varias ocasiones su Jefatura Política, que tuvo como obsesión la construcción de la carretera Descanso-Gualaceo, quien realizó una obra pública valiosa y formó su biblioteca Municipal y fortaleció la Unidad Obrera llamada “Oriente Azuayo” y quien fundó un 3 de noviembre de 1928 su primer periódico que lo llamó la “Voz de Gualaceo”, personaje que dijo en sus escritos que este importante cantón Azuayo “era tierra digna y bella, engalanada maravillosamente, huerto siempre en flor, donde el capricho de la naturaleza gustó de esparcir encantos y seducciones, llena de gente altiva, hospitalaria, buena, amantes de la paz y el progreso”, que tiene “un futuro espléndido sobre todo porque sus hijos se identifican y aman a su tierra, su exquisita cultura y virtudes y guardan en su seno para ella el filtro hechicero de los cariños inacabables”. 

Este aporte investigativo que hoy nos presentan estos investigadores e intelectuales de profunda valía en “Símbolos de Identidad”, como son José Manuel Castellano, Efstathios Stefos y Erik Galarza Guaraca, sin duda representa un reto para la gente de Gualaceo, porque a pesar de que abrazan ideales comunes y se identifican la gran mayoría en sus valores culturales y tienen clara consciencia de los signos y símbolos que los identifican, deben estar absolutamente claros que la identidad de un pueblo nunca les está dada ya que esta debe dialécticamente ser construida y reconstruida; y no la encontramos, sino la forjamos y que esa identidad permite dar una continuidad a su historia siempre y cuando le encontremos un sentido, el cual cada uno de los pobladores de este llamado con justicia “Jardín Azuayo” debe descubrirlo mancomunadamente y así seguir construyendo su progreso y crecimiento visible, y también la sutil riqueza de su alma colectiva que muchas veces es invisible pero que le da hondo contenido a su “si mismo comunitario ” y a su “ser ciudadano”.

Reafirmo la idea en que un pueblo no es más que una entelequia y que este es lo que es su gente, pero sobre todo es lo que ama su gente.


Este texto es el prólogo al libro “Símbolos de Identidad: Gualaceo-Ecuador”, publicado por CES-AL, 2022.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.