Tras bambalinas: la luz, la fuerza y el tesón

Por: Esthela García M.
Universidad Nacional de Educación, Azogues (Ecuador)

TERCERA PARTE

Siguiendo la huella de mujeres extraordinarias, que  tuvieron presencia decisiva en el éxito de grandes personalidades del arte, la cultura y la ciencia, nos encontramos con figuras relumbrantes  que pudieron brillar con luz propia, pero se quedaron avivando la inmortalidad de la figura que tracendió en el tiempo, tal vez por destino, por decisión, o por conveniencia.

Revisaremos el caso de:

María del Rosario Conde Picavea

Nacida en Gijón, España, en 1915. Fue la mujer que hizo legible la difícil letra del Nobel de literatura, Camilo José Cela Trulock, a quien conoció en 1940, cuando éste escribía “La familia de Pascual Duarte” por el año de 1940.   Chela  Duarte, como le conocían en su círculo social y familiar se desempañaba como mecanógrafa en el Sindicato del Metal, y  Cela era un jóven y ambicioso escritor.   A primera vista este enigmático personaje le pareció un hombre pedante y endiosado,  confesión que  ella haría en no pocas entrevistas concedidas a medios de comunicación.  Pero esta primera percepción del encuentro con el escritor, fue cambiando con el trato. Mientras trabajaba con él, descubría que  en el fondo era  un hombre tierno. 

Se habían conocido en un guateque en Madrid; ella había estudiado para maestra, pero trabajaba como secretaria. Es por esto que mecanografió la gran mayoría de las obras de Cela: más de sesenta libros, que él escribía a mano con una letra casi inteligible solamente para ella, al extremo que  tenia que ayudarse con una lupa para poder transcribir los textos del prolífico autor.

Estuvieron casados durante  más de cuatro décadas con el escritor  hasta  1989, tiempo en que ella ejercía funciones de todo, siempre en la sombra y  en silencio. Fue su compañera, secretaria, ama de casa, copista, administradora, manager, economista.  “Ella manejaba todo el archivo, atendía visitas y huéspedes, ponía orden, y todos los días pasaba a limpio los originales manuscritos, a veces usando lupa, para que a la mañana siguiente Camilo José Cela los corrigiera y los volviera a enredar” había comentado su hijo.

Matrimonio de Rosario Conde Picavea  y Camilo José Cela. Fuente: elmundo.es

De su experiencia de vida con el Escritor se recogen algunas entrevistas que Rosario dio a la prensa en las que manifestaba:  «Yo estuve viviendo con él 43 años, que son toda una vida. Estando conmigo escribió más de 60 libros que yo pasé a máquina. Le ayudé mucho pero no me siento esclava, sino que lo hice por gusto. Luego no me valió de gran cosa, pero, bueno…», comentó.  

También se encargó de resolver los trámites y papeleos de la publicación de sus obras, y hasta en alguna ocasión salvó los manuscritos que hoy forman parte de la mejor literatura en lengua castellana. “La Colmena” que  la escribió cinco veces desde el principio hasta el final. “Cuando la terminó me dijo que le parecía una mierda” confesó Charo. Mientras la chimenea estaba encendida, la tiró al fuego, pero ella rescató estos textos que más tarde se convertirían en una obra monumental de la literatura española, que se hubieran perdido sin la decisiva y oportuna acción de  su esposa.

Cela y Rosario Conde se casaron en 1944 y tuvieron un único hijo, Camilo José. El matrimonio se terminó oficialmente en 1990, un año después de que el escritor recibiera, el Premio Nobel, y que acudiera a la  ceremonia  oficial en Estocolmo con la sería su segunda esposa, Marina Castaño.

Después de más de cuarenta años juntos, Cela la abandonó por otra mujer. Mas tarde saldrían a relucir confesiones de desamor entre la pareja, de la que el escritor había manifestado que fue un matrimonio por conveniencia y ella por su parte confesaría que Cela no había sido  el gran amor de su vida.

De gesto serio y mirada bella, Rosario nunca apareció en el listado de la redacción de Papeles de Son Armadams, (1956-1979)  la mítica revista literaria creada por Cela,   ni tampoco consignó sus colaboraciones en la producción de muchas obras e iniciativas, sin embargo,  tuvo la satisfacción de su trabajo en apoyo a quien fuera su esposo,  el gran escritor cuyo nombre se levantaría sin importar fronteras.  

María del Rosario Cela Picavea murió en febrero del 2003 a los 88 años de edad.  De su nombre  y por su trabajo al lado del laureado escritor, a la hora de hacer historia, lo que queda es que el trabajo literario de un genio no hubiera salido a la luz sin la presencia decisiva, silenciosa, continuada, abnegada y sin reconocimiento, de su entonces compañera.

Sin mí no hubiera sido nadie” sentenció Rosario Conde, alguna vez, al referirse a su ex esposo; algunos años antes de morir.

Bibliografía consultada:

elmundo.es. Palabra de Nobel. https://www.elmundo.es/especiales/2002/01/cultura/cela/album2.html

Diario El País, 3 de febrero de 2003  https://elpais.com/diario/2003/02/04/agenda/1044313211_850215.html

Diario De León, https://www.diariodeleon.es/articulo/cultura/muere-rosario-conde-mujer-vivio-sombra-cela/20030204010000644025.html

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