¿Por qué ser educadora?

Por: Kerly Carchi
Estudiante universitaria

Era una niña un tanto tímida, muy amable y risueña. Desde muy pequeña fui determinada, y desde mis 5 años definí lo que desearía estudiar en la Universidad. Nunca olvidare aquella tarde con un sol atenuante y una brisa de viento, yo me encontraba en una de las habitaciones principales de la casa de mi abuelito, y junto a mi mami mirábamos las noticias, entre una de las noticias escalofriantes, presentaron un reportaje de la vida de una azafata, pasaron videos de cómo la despedían porque ella se jubilaba de mundo de la aviación, yo con mucha incertidumbre le pregunté a mi mamá “mami que hacen las azafatas”, mi mamá con una cálida sonrisa me dijo: “mija ellas son las encargadas de ayudar en el avión, viajan a distintos lugares del mundo”, desde aquel día simplemente no había noche que oraba para que dé grande llegase a ser una gran azafata, en aquel tiempo el Internet era limitado y no estaba muy inmersa del mundo digital, por tanto no podía investigar más allá. Y así pasaron los años hasta que llegó la etapa del colegio y mis padres me pusieron en uno de los más prestigios colegios de la ciudad de Cuenca, el colegio particular Sudamericano, mi amado colegio y recordado con amor. Seguí la carrera de Turismo y comercio técnico, fue aquella estudiante que amaba aprender idiomas, tenía 19 materias era una de las especialidades más pesadas por el número de asignaturas y costosa por las salidas técnicas que se tenían programas. Para ser precisa disfrute de todo, sentía que cada vez me acercaba más a mi profesión de ser una futura azafata.

Pasó el tiempo tan veloz y me di en cuenta que era mi último año (inicio de la pandemia) simplemente me sentí muy contenta por todo lo logrado, salí como mejor alumna de la promoción, y mi pregunta al final del día era ¿Ahora qué sigue?

Mi sueño de ser azafata era casi imposible puesto que en la ciudad no había una escuela para azafatas, encontré uno al frente del aeropuerto, pero era un curso. Mi mente llena de frustración no sabía qué hacer, tenía varias opciones, pero ninguna fue la acertada.

En mi mente habitaba el estrés de poder rendir el examen denominado transformar, en aquellos días mi preparación exhaustiva no tenía horario de estudio simplemente me amanecía.

Pasaron los días justo coincidió con la llegada de mi dulce tía Sarita, que con mucho amor la trato así.  Ella es una mujer maravillosa y encantadora, dulce y simplemente buena. Ella radica en los Estados Unidos y el motivo de su llegada era por un proyecto de su papá Manuel. Yo Mientras tomaba la mejor decisión fui a pasar unos días con ella y con papito Manuel que era como un abuelito para mí, en el cantón Nabón parroquia Zhiña, y debo mencionar que fueron los días más bonitos del año,  me llene de amor, armonía y bondad.

Una mañana resplandeciente me desperté con mucha energía y también hambrienta estaba de camino a desayunar en la cocina, mientras abría la puerta de la habitación me percaté que había un joven al frente. Simplemente me quede anonadada, baje de prisa y le comenté a mi tía Sarita “ acabo de ver a un joven arriba, quién es ? Ella con una sonrisa me dijo Kerlita, él es Teacher de la escuelita del frente” uf menos mal dije en mi interior y respiré. Pasó menos de un minuto y me presento, algo muy peculiar en nuestra presentación fue que lo hicimos en inglés. Él pensó que yo sería la hija de Sarita y también venía de los Estados Unidos, hasta que en uno de los diálogos en la sala terminamos hablando español con una complicidad única.

Y aquí comienza mi aventura.

Establecimos una increíble amistad que hasta la fecha que me encuentro escribiendo puedo decir que es mi mejor amigo. De quien hablo su nombre es Brian, él es Teacher, su país natal es Uganda perteneciente al continente africano, es un joven puro, sincero y hasta inocente, recíproco, bueno y generoso.

La escuela donde él trabaja era a tres cuadras de la casa, prácticamente al frente, desde el balcón veía cuando él iba a dar clases, una mañana estaba sola y decidí visitarlo, fue ahí cuando descubrí que mi verdadera vocación es ser maestra. Recuerdo ese día como si fuese ayer, veía cómo el daba clases con tanta paciencia, simplemente me enamoré de la profesión y he aquí la muestra de inspiración. Soy la persona más contenta y convencida que en lo que me estoy formando está para mí por un motivo. Agradezco las casualidades de la vida y las sorpresas inesperadas, creo que el planear menos la vida es mejor. El amor por ser maestra se ha convertido en lo bueno de mi vida, me permitió conocer a personas y compañeros valiosos llenos de mucha capacidad. Fue tan gratificante mi decisión que hoy en día me encuentro escribiendo un libro vinculado a la inspiración docente. La vida simplemente está hecha de pequeños momentos, llenos de aprendizaje, de retos y progresos.

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