Las cruces sobre el agua

Por: Mgs. María Eugenia Torres Sarmiento
Comunicadora Social y Gestora Cultural del Cañar (Ecuador)

Foto referencial: Twitter @conaie_ecuador.

Una de las más altas producciones literarias del inmemorial Joaquín Gallegos Lara,  hombre de avanzada, e ilustre pensamiento, precursor del realismo social en el Ecuador; desatacado escritor y periodista, reconocido por sus novelas, relatos cortos y ensayos políticos, entre las más importantes: “Los que se van“, “La última herranza“. Al momento de morir dejó inconclusa una biografía de Rumiñahui que planeaba titular “Cara de piedra” y una relevante publicación póstuma de la célebre novela ecuatoriana “Los Guandos“.  Compañero de ideologías y sueños de la ilustre mujer de pensamiento altivo en barricadas, huelgas y luchas sociales de trabajadores e indígenas, la cañareja Nela Martínez Espinoza, con quien se unió en matrimonio  precisamente en una huelga de trabajadores en la ciudad de Ambato.

Tuvo una educación autodidacta, pues por su discapacidad se le hacía difícil acudir a un centro educativo, se dice que aprendió varios idiomas, dejando en evidencia sus altos dotes intelectuales y que hoy son un ejemplo de superación para la juventud.

Una de sus principales motivaciones por la escritura fue reproducir en letras la voz del pueblo y de la clase social más baja de la sociedad: su inclinación por el comunismo le generó un vínculo por lo social. Posteriormente, escribió algunas novelas que reflejan los sentimientos más profundos del pueblo ecuatoriano, durante el Gobierno de José Luis Tamayo. De allí su inspiración plasmada en este subgénero narrativo la novela, a través de la cual  forja sus ideas sobre Guayaquil de principios del siglo XX hasta mediados de los años veinte: su vida cotidiana,  su espacio social, la opulencia del gran capital económico y cultural frente a la devastada realidad de los desposeídos, pobreza,  marginación social, desempleo, crisis económica, en general las condiciones económicas, políticas y sociales que estaba atravesando Ecuador durante ese período, y un contexto de ciudad de calles herbosas, de pocas casas y covachas y de solares vacíos, el silencio y el aroma de jardines secos en las noches.

Entones, la construcción del campo literario de Gallegos Lara, durante los años treinta responde al contexto sociológico, en el que el país estaba viviendo durante este período: su situación económica difícil, el mercado caro, pues estuvo preocupado, tanto de la política nacional como de la internacional; como por ejemplo la formación del primer partido socialista en el país.

En medio de esta realidad Joaquín Gallegos Lara,  a través de “Las Cruces sobre el agua”, narra episodios en donde la crueldad es evidente: obreros asesinados por elevar la voz de protesta,  -una época marcada por la vulneración de los derechos a la libertad de expresión, las desigualdades salariales, en donde  el poder ejecutivo se caracterizaba por ejercer un mandato opresivo y dominante. -Y es que la voz-… sólo tenían los señores de cuello blanco, donde los esclavos, asalariados, artesanos y el pueblo en general, eran sólo expectantes de la opulencia de la burguesía agroexportadora y del auge económico del cacao en el Ecuador.

La imponderable trascendencia de esta obra en el transcurso del tiempo, constituye  un ícono de la literatura ecuatoriana.  Pero la reflexión que nos trae, sin alejarnos de aquella realidad de los años 30,  es una réplica de lo que estamos viviendo en carne propia hoy en pleno Siglo XXI, en donde, soy una fiel testigo de la injusticia  a la que se ven abocados millares de trabajadores que no reciben un salario justo, a pesar de pasar largas jornadas de trabajo.

He reflexionado de manera menos compleja que la que hace  “Pierre Bourdieu”, -uno de los sociólogos  más relevantes del siglo XX, para entender cómo se dio la génesis y construcción del campo literario en el Ecuador durante los años treinta, pues mi enfoque se centra, simplemente en la generación de mi lucha y la de todos los ecuatorianos por días mejores, en donde la igualdad y la justicia sea la premisa del “buen vivir”, del que algún día hablaba teóricamente un -expresidente ecuatoriano-.

Reflexiones, que me invitan a pensar en que no hemos evolucionado como seres cultivados, aún vivimos en una barbarie, en un estado en donde nos vulneran los derechos, nos coartan nuestras libertades de expresión y de identidad: maestros desmotivados, defraudados  por la corrupción, sin dar tregua al derecho de igualdad de oportunidades laborales y salariales, -falacias, que se promulgan en la Constitución del Ecuador-.  Trabajadores y asalariados, estudiantes y amas de  casa  en el camino de lucha, alzando su voz de protesta ante la injusticia, la frustración y el resentimiento social.  Es hora de unir nuestros ideales, nuestro pensamiento, nuestros derechos y exigir  leyes justas en beneficio de todos los sectores sociales, es hora de poner freno a tanta desigualdad social, es hora de recuperar a nuestros  migrantes, que por falta de trabajo y oportunidades han dejado su bello Ecuador.

Es hora, es hora… ya de levantarnos al Grito de: ¡HASTA HOY DIA EL PUEBLO, ES UN CORDERO, MAÑANA SERÁ UN LEÓN¡ (José Vicente Trujillo); angustia expresada también por el lojano Manuel Agustín Aguirre, cuando en voz llena de coraje dijo: “La sangre derramada de 1500 trabajadores y trabajadoras  del 15 de noviembre de 1922, no fue inútil, pues ella fecundó las nuevas conquistas  del proletariado ecuatoriano y constituye una experiencia de la que debemos  desprender enseñanzas imborrables para nuestra lucha”.

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