La propaganda, el marketing y la siesta: un análisis de los resultados electorales en Andalucía (España)

Por: Juan Almagro Lominchar, PhD
Universidad de Almería (España)

La noche del 19 de junio de 2022 conocimos los resultados de las elecciones al Parlamento en Andalucía, una comunidad que cuenta con más de ocho millones de habitantes, lo que la convierte en la región más poblada de España.

No han sido estos unos resultados electorales sorprendentes: desde incluso antes de convocar las elecciones, ya se preveía la revalidación del actual gobierno de la derecha. Así ha sido: el Partido Popular (PP) ha ganado las elecciones, con mayoría absoluta, absorbiendo, prácticamente, la totalidad de votantes del partido con el que ha gobernado la comunidad desde 2018 (Ciudadanos), y con una amplísima ventaja sobre el segundo partido más votado (Partido Socialista Obrero Español, PSOE). Pero dejando a un lado cuestiones obvias, dada la desmovilización de la izquierda y la escisión de sus dos partidos (Por Andalucía y Adelante Andalucía), estas elecciones son un fiel del reflejo de cómo el monstruo de la propaganda se ha desarrollado y posicionado en ese lugar que ocupaba una mortecina política, que ya venía languideciendo de otros recientes comicios electorales (Madrid y Castilla y León), y que en Andalucía ha consolidado y certificado su defunción.

Sobre la propaganda existen multitud de definiciones. Sin ánimo de aburrir, reseñaremos aquí la que ofrece la Real Academia de la Lengua (RAE): Acción o efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores. Lo que no especifica la RAE son los medios para conseguir tales seguidores; puede ser a través de la acción, pero también de la inacción; puede ser que esa acción esté revestida de falsedad (eso que ahora definen como fake); puede ser que se abuse de estereotipos y que el tiro salga por la culata… Pero lo que es innegable es que propaganda necesita maridar con una buena estrategia de marketing: para comprar tienes que saber vender(te), o, en el mejor de los casos, sentarte al fresco y contemplar cómo, en apariencia tus rivales políticos, te muestran el camino a seguir. Ahí residían –y se han consolidado- algunas de las opciones de triunfo del candidato de la derecha (PP).

Primeramente, debido al desgaste sufrido por el Partido Socialista (PSOE) durante estos años de pandemia en el Gobierno Central. Diferentes analistas políticos sostienen la tesis de que cuando la economía castiga al gobierno de la nación, reflota a la oposición en las autonomías. Además, en un lugar como Andalucía, este hecho ha provocado que llueva sobre mojado en un terreno pantanoso, y que todavía tiene cierto olor hediondo a corruptela y farra.

No podemos dejar en el tintero la manía antropológica de la izquierda (Por Andalucía y Adelante Andalucía) de construir puentes de plata a sus adversarios políticos; a base de soberbia y egos absurdos, han vuelto a contribuir al éxito de la estrategia insecto-palo de la derecha. Es triste ver cómo el mismo eje central de políticas que apuestan por la justicia social, se pisan y dejan votos por el camino. Hace falta un proyecto fuerte, que teja las costuras de un espacio político fundamental para la democracia.

Finalmente, la mejor de las noticias es que la ultraderecha (Vox) no haya metido sus zarpas en el Gobierno Andaluz. La arrogancia de la ignorancia del partido anti-constitucionalista y anti-demócrata, con su desconocimiento y desprecio por todo lo que no se posiciona en esa órbita con tan escasa limitación intelectual, ha provocado que buena parte de quienes, en un principio, se disponían a votarles, hayan cambiado o se hayan replanteado el sentido de su voto. La candidata de extrema derecha, abusando de clichés, ha calado menos de lo esperado entre la gente. Sus peinetas y trajes de flamenca no han sido suficiente para engatusar a un electorado que ha calado rápidamente ese discurso que demoniza los fondos públicos, que difumina la violencia contra las mujeres y que pone a los pies de los caballos a las minorías más vulnerables. Muchos de esos posibles votantes han preferido comprar la moderación y el discurso vacío de la derecha liberal menos extrema. Y es que la inacción también es propaganda, y así ha quedado de manifiesto. Tirando de estereotipos, ya que estamos, a la ultraderechista se le pasó salir en un mitin echándose la siesta, que es lo que ha hecho su colega de la derecha: sestear desde el primer día de campaña y no sacar los pies del tiesto, pues, a veces, una buena estrategia de marketing es no hacer ni decir nada que escandalice a las/os votantes.

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