Instantes

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Premio Jóvenes Creadores “Erick Jara Matute” 2022

I

Tendido bajo el tálamo, en decúbito supino, medio desnudo, muerto de frío e inmóvil por el nerviosismo, escuché el habla rabiosa del reprendedor castigador a quien, por vaya el Diantre a saber qué razones, sospechó de una presencia ajena en su casa que la madrugada pasada hubo de abrir el cofre prohibido y gozar del tesoro hallado en la piel de una de sus descendientes. 

II

Y, así como vino, su ira se esfumó con cada palabra que soltaba, agresivo, al aire envuelto de pasión. Partió, sin más, rumbo a sus aposentos, dejando a la mujer sumamente intranquila con el corazón en un hilo y las manos temblorosas. Abandoné el ridículo escondite a fin de partir, a como diera lugar, de tal morada.

III

Una vez ideado el plan, entre susurros, extrañas palpitaciones y medios ósculos, no quedaba sino ejecutarlo, no sin antes recorrer mentalmente los pasillos de madera crujiente e imaginar el peor de los escenarios: suponer la fatal y vesánica presencia del celador astuto, experimentado y mañoso.

IV

Ya en camino, las inquietas pisadas eran escogidas con experticia de galeno, pues ¨No te estoy diciendo que busques marido, pero ya llegará un hombre para vos, pero debes ver bien y escoger con pinzas de cirujano¨. Como reo de la estirpe más baja de la cloaca intentaba escapar de Alcatraz; cada cierto avance veía más cercana la luz exterior, la parsimonia de al fin estar fuera.

V

Casi resuelto el tema, una bulla inusitada y torpe alborotó la esperanza de salir bien, bien librado; afortunadamente, no fue más que un susto desasosegador que recordaba, necesariamente, la envergadura del problema, en caso de que descubierto hubiese sido. Nunca fui bueno para saltar ventanas, aquella aurora no fue la excepción, pero escapé. En tus labios me dejé.

VI

Y corrí, y corrí y corrí

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