Del canto de sirenas y de otras esperanzas

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

A las 4:57 pm del pasado domingo 19 de junio, casi una hora después del cierre de las urnas electorales, los colombianos ya teníamos el último reporte de las votaciones más esperadas en el país y quizá en el continente latinoamericano. La victoria de la izquierda en este país ya estaba declarada. Con un porcentaje de 50.47 que sumaron 11.226.150 votos, Petro esta vez acertó luego de dos intentos fallidos para alcanzar el solio de Bolívar.

En el fondo, creo que todos sentimos cierto fresco. Tuvimos la sensación de que caímos bajo con el otro candidato, energúmeno sería una pequeña flor a sus exabruptos y salidas de tono. La carramplonería es lo suyo, es su ADN, y como tal, no tuvo reservas para disimularlo. Dice Savater, los conflictos también se hacen con las palabras. Y esta campaña tuvo su sostén en los insultos. El destino de los colombianos se debatía, en apariencia, con estos dos hombres. Petro, con su discurso que proclama el amor e invita a concitar a partir de las diferencias y juntos tomados de la mano (como dice la canción), haremos una patria nueva. Algo así dijo en su discurso que convocó los ánimos de los que escuchábamos con solemne atención su proclama a los colombianos de fe que todavía quedamos. Rodolfo, con sus frases de cajón y sin medida. Parloteos y manoteos orquestaban su chabacanería.

Días previos a las elecciones, en una entrevista concedida a CNN, el presidente electo refirió que centraría su gobierno en tres acciones a saber: la lucha contra el hambre, la solicitud a la ONU de una comisión de investigación contra la corrupción y acabar el fracking. Aseguró que estamos cerca del 40% de los niveles de pobreza en Colombia. Sí, no podemos tapar el sol con los dedos, varias son las causantes de la crisis social en el país. Les recomiendo esta entrevista realizada al presidente electo en los tiempos de su lucha en el movimiento guerrillero M-19 hace 34 años. https://www.youtube.com/watch?v=ymyCZRMIiZQ

Esto es lo que preocupa. ¿Cómo logrará Petro diezmar las brechas sociales en un país tan complejo como Colombia? ¿En una política que está diseñada para recibir los réditos de los votantes?, cómo alcanzará Petro un equilibrio económico? Más allá de los vítores y el flamear el tricolor, la efervescencia del momento, la representación de “los nadie”, de las minorías en cabeza de su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, también la primera vez que una mujer afro y sin linaje político llega a ocupar un cargo de esta envergadura. Nuestra fe no tiene límites y seguiremos apostándole al cambio.

Los discursos apelan a las emociones, calan en la masa esperanzada y ciertamente desgastada. El clamor popular se une para dosificar el miedo que se confunde con la precaria posibilidad de que esta vez sí se generará un cambio. Los ejemplos de los países vecinos me llegan a la mente, y no quiero aguar esta fiesta de ilusiones que baña a la mayoría de los colombianos. Vistámonos de optimismo, pensemos que el presidente electo se rodeará de personas competentes y que conocen verdaderamente y están dispuestos a trabajar para enfrentar los problemas del país. Que vamos a trabajar todos para erradicar la pobreza, la corrupción y el fracking. Que los campos reverdecerán y los campesinos serán también los protagonistas de esta gran transformación social, amén.

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