Rubén Astudillo y Astudillo, poeta desarraigado

Por: Carlos Pérez Agustí, PhD
Cuenca (Ecuador)

En la década de los 60, los jóvenes escritores cuencanos desarrollaron una actitud iconoclasta e irreverente que les llevaba a romper bruscamente con la tradición literaria anterior, y a dirigir sus esfuerzos a la reflexión personal, a la valoración de la vida cotidiana y a una poesía comprometida, herencia en buena parte de César Vallejo y de Ernesto Cardenal. Una poesía en cierto modo desarraigada y consciente de la fuerza de la palabra poética, que las palabras podrían dar voz al país. La necesidad de transformar la realidad, pero también el descubrimiento de lo esencialmente humano:

La vida tiene sentido, únicamente, por estas / pequeñeces que te cuento y te / invito: / una canción, un árbol, una mujer, un bar, / una luz en la / selva, una vela en el /agua

Rubén Astudillo fue quien lideró en esta época, en algún sentido similar a “los tzántzicos” en Quito, movimiento impulsado por Ulises Estrella, también en la década de los sesenta. En ambos espacios -Quito y Cuenca- se partía de la transgresión del lenguaje de las tendencias literarias anteriores. En Cuenca, los jóvenes poetas integraron el grupo “Syrma”, cuyo nombre pasaría después a designar la publicación de su propia revista. Allí tuvieron cabida propuestas desafiantes de las corrientes estéticas dominantes en esos años.

Así surgieron poemarios y versos que congregaban a los escritores en recitales alrededor de escenarios como el antiguo café Raymipamba, “el Raymi”. La de Rubén Astudillo fue sin duda una de las voces más sólidas. Es igualmente la época del grupo “Élan”, con tres poetas imprescindibles en la evolución de la poesía cuencana: Jacinto Cordero Espinosa, Efraín Jara Idrovo y Eugenio Moreno Heredia.

En relación a la poesía de Rubén Astudillo, el hombre y su destino es uno de los temas centrales de su obra poética:

Las cosas / son o / están, se hacen / o se realizan / al margen / de Nosotros

O en estos otros versos

Barcos que nunca han de encontrar el norte / viajeros asombrados

También el erotismo y la muerte son temas esenciales en su poesía:

Antes, en dónde estabas. Donde / la nave nueva / que salta de tus piernas. Al sur / de tus colinas se halla la patria / que amo, y cuando te / desnudo / surgen desde tu boca / los ríos / de mi pueblo

Tal vez a su pesar, sobresale la angustiosa búsqueda de Dios, la a veces desesperada necesidad de Dios. En “Oración para ser dicha aullando”:

Si existieras,  por la pena / que causas / cuánta falta nos haces / (…)

Lo malo es que no existes; yo tengo / esta evidencia y me ahogo gritándote / por la falta / que me haces

La poesía de Rubén Astudillo resuena como un desgarramiento interior expresado con un violento recorte de los versos. Este ritmo con frecuencia se impregna de amargura ante las injusticias sociales de su época. Una brusca interrupción de las líneas poéticas a la manera de una voz quebrada:

Como potros / estamos, en los prados / cerrados / de este cielo / que cierne / agua ne- / gra en las yerbas

Tras breve aparición fulgurante, los integrantes de “Syrma” se dispersaron. Su pretensión de construir la “generación del 60” no llegó a cuajar. Pero Rubén Astudillo perseveró en la creación poética y fruto de ese trabajo, en 1973, aparece “La larga noche de los lobos”, obra considerada como un verdadero aporte significativo a la lírica ecuatoriana del siglo XX:

Y si nada hubiera después de / nosotros; y / si nosotros después de todo somos / nada ¡para qué los caballos / ni las piedras, para qué las arrugas!

Las funciones diplomáticas por el mundo oriental le ofrecieron nuevas experiencias que desembocaron en la madurez del lenguaje lírico. Amplía sus visiones y en “Elegía de la ciudad y el tiempo” descubre el paisaje urbano:

Abajo la / ciudad se desplaza como un tambor de vino incandescente. Arriba / la luz de las estrellas prende / uno a / uno los recueros. Esta es mi / última noche en Beijing

Su poesía se abre entonces a la armonía universal:

La misma luna que esta noche / cruza con su mata / de estrellas por encima / de los pinares de Xian, mañana alumbrará / los eucaliptos y las / capulicedas / de mi pueblo / Su misma luz removerá las mismas / sombras y removiéndolas / renovará el viejo / pacto del cielo con la tierra.

Al releer algunas de sus composiciones, nos queda finalmente la sensación de que todos los temas que inspiraron sus versos nacen de la vida. Y que en su afán de renovación de la palabra poética, subyace su convencimiento de que las cosas verdaderamente importantes de la vida humana no eran suficientemente resaltadas por otros poetas de su generación. La suya, una poesía provocativa, para arrancar desesperadamente al ser humano de su banalidad y ligereza. Buscó afanosa y permanentemente un sentido de la existencia que no fuera simplemente morir en algún instante cronológico.

Rubén Astudillo, un poeta para volver a sus creaciones una y otra vez, para demostrar que la poesía no es una especie en extinción. En nuestra época, dominada absolutamente por el utilitarismo, la poesía es un aire fresco, oxígeno para nuestro mundo interior. Como escribió Jorge Dávila Vázquez, Rubén Astudillo fue no solo el poeta absoluto de su grupo generacional en su ciudad, sino uno de los mayores del Ecuador, desde su siempre joven “Canción para lobos”.

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