Pandemia y Educación: Una travesía por los nuevos desafíos del siglo XXI

Por: Iván Petroff, PhD
Universidad de Cuenca (Ecuador)

Esta pandemia, caracterizada por el virus del Covid-19  y que se inició hacia marzo de 2020, vino para marcar un antes y un después en las dos primeras décadas del siglo XXI. Este tema epidemiológico produjo una serie de cambios que comenzaron por una acción de confinamiento, encierro y  aislamiento que fue minando la economía de una serie de familias y grupos sociales que de un rato al otro se quedaron en el desempleo. En otros casos, la pandemia neutralizó las diferentes actividades de la superestructura como las académicas, escolares, culturales y artísticas.  Y en lo que se refiere al sector productivo, gente que comenzó a desesperar por no contar con una remuneración que les permita sobrevivir en el contexto de una crisis que vino a afectar aún más la situación socioeconómica, agravada por el estado de salud de la población en lo físico y psicológico.

En lo que tiene que ver con las ciudades grandes o intermedias como Quito, Guayaquil, Ambato o Cuenca, sus espacios públicos se convirtieron en siniestros espectros de pura desolación, tristeza y soledad. Urbes desamparadas por sus transeúntes, comerciantes, vendedores ambulantes, artistas callejeros y hasta ciertos personajes populares que deambulaban por parques y plazas, signados por la discapacidad o la esquizofrenia tuvieron que optar por una nueva asistencia social que en algunos casos no fue lo suficientemente efectiva.

Luego de unas tres semanas aproximadamente, las instituciones educativas como escuelas, colegios y universidades comenzaban el viacrucis de retornar a sus actividades por la vía de la virtualidad lo que provocó una serie de acciones tendientes a conocer las nuevas posibilidades del zoom y otras formas de comunicación por medio de estos nuevos canales que suponían ciertos códigos y habilidades para posibilitar la ansiada conectividad.

Siempre lo novedoso, aunque ya antes se había experimentado de alguna forma con estas herramientas virtuales, no era menos cierto que, sobre todo la educación, se vio violentada a ejercer su magisterio desde una cámara, un teclado, unos audífonos, micrófonos y otros adminículos que nos convirtieron en cibernautas de la noche a la mañana, sobre todo ciertos sectores sociales de edad adulta en el que se encontraban muchos docentes que no estaban tan familiarizados con las nuevas tecnologías de la información.

Claro, se pensaba que la pandemia iba a durar uno o dos meses, pero la situación se alargó y tuvimos que hacer nuevas adaptaciones de vida, de hábitos y costumbres, de establecer nuevas relaciones en el seno familiar, descubrir todo un ámbito que había estado olvidado o que no tenía posibilidades de evidenciarse por las ocupaciones cotidianas de las actividades laborales y sociales en presencia.

Se dice que si bien el impacto económico del Covid-19 en el mundo pudo ser catastrófico, provocando efectos directos en la oferta y la demanda, frente a estas estimaciones económicas, se plantean una serie de estrategias y medidas para superar este déficit que habíase ya empezado a gestarse a partir de 2008. Sin embargo, en el caso de la educación se dice que las cosas son diferentes, pues parece que en esta materia no se identifican todavía las estrategias y posibles soluciones para superar esta problemática que se irá superando a largo plazo.

Según la organización de las naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2020) alrededor de 70 % de la población estudiantil del mundo se está viendo afectada. Esto indica que la brecha digital agudiza la crisis de desigualdad mundial. Frente a esto, poco se ha hecho para un diagnóstico que en realidad nos permita una adecuada valoración del problema sanitario en mención que vino a evidenciar más todavía la situación de la educación en el mundo y sobre todo en países con bajos niveles de rendimiento, ocasionados por la pobreza, la falta de empleo, la poca preparación de los docentes, los ínfimos niveles de participación de padres, presionados por trabajos de poca remuneración, baja conectividad y falta de infraestructura tecnológica.

Frente a este contexto marcado por la pandemia y sus derivados, se hacía pues, indispensable, que las universidades dentro del ámbito de su competencia para la vinculación con la sociedad incentiven la investigación social y científica para lograr así, respuestas y formas de actuación oportunas a fin de enfrentar la improvisación en pro de la solución a la problemática educativa de Ecuador y América Latina.

Pero también con el ralentí de la pandemia vinieron los casos de fuertes depresiones, peleas y discusiones familiares, violencia intrafamiliar y otras complicaciones de salud mental que motivaron la acción e intervención de psicólogos, terapeutas, y el concurso afortunado de artistas para tratar de sobrellevar situaciones de extremo estrés, tristeza y melancolía. En esta coyuntura, los estudiantes de todos los niveles, empezaron también a sufrir las descompensaciones propias de las actividades del aprendizaje, forzados a tareas, exámenes, prácticas y evaluaciones que no contaban con el sustento de un conocimiento forjado en una adecuada práctica educativa de integración significativa.

Y es que los modelos educativos probados hasta hoy como el constructivismo, el conceptualismo, o los  basados en la libertad creativa o en la visión holística ya estaban siendo cuestionados, peor ahora que los mismos tenían que sufrir adaptaciones y mutaciones que vendrían a empobrecer los resultados esperados. Entonces nos enfrentábamos a una intensa realidad caracterizada por estudiantes que dejaban los ordenadores o celulares conectados, pero sin la presencia del aprendiz; en otros casos, pruebas supuestamente estructuradas que se resolvían por la vía de la copia y el engaño digital, que no posibilitaron resultados educativos como los que ciertos agoreros esperaban con las nuevas tecnologías y las posibilidades multimodales de una didáctica signada por la novedad electrónica y el formato de los video-juegos, las ruletas digitales y otros.

En el caso de los docentes la situación  fue similar y la información que tenemos este momento generada por los organismos internacionales llamados a velar por la cultura y la educación como la UNESCO, nos revelaron datos muy preocupantes en torno a las deficiencias detectadas en la formación y capacitación de los maestros en los temas de la educación en entornos virtuales. Mucho se tuvo que improvisar sobre la marcha. Los materiales  de lectura, los audiovisuales y otras opciones para un mejor acceso a la comprensión e incorporación de los saberes y conocimientos, tuvieron que  reinventarse para que estén al servicio de la coyuntura

Los padres de familia, por otro lado, tuvieron que, en muchos casos, volverse monitores y mediadores del aprendizaje de sus hijos; mientras que en otros sectores, la falta de  educación, cultura y destrezas de los progenitores no permitió ese apoyo del que en ciertos sectores sociales si existió. En este punto nos parece fundamental y de un interés y valor que debemos destacar que un grupo de estudiantes universitarios con el apoyo de sus maestros, como el caso de José Manuel Castellano y su grupo de investigación, asumieran el reto de indagar, buscar información y recabar datos que en realidad son una valiosa contribución al estudio y análisis del caso de la educación en pandemia, desde varias voces, polifonía que destaca los materiales testimoniales de padres de familia y, desde luego, de un sector muy vulnerable de la población estudiantil ecuatoriana que recogen relatos e historias de una línea narrativa oral que nos permite descubrir muchos casos que estaban escamoteados en la realidad de la educación ecuatoriana en pandemia, con informantes que pertenecen sobre todo a Cañar, Azuay las provincias de la costa como Guayas y Manabí.

En este proyecto de investigación son evidentes los datos que se muestran para una interpretación de la realidad educativa vivida por los estudiantes y profesores de nuestro medio, sobre todo de los que pertenecen a la educación básica de las unidades educativas que son parte del corpus que se ha delimitado para el trabajo.

José Manuel Castellano y Mateo Silva Buestán en su estudio introductorio manifiestan, con oportunidad de explicar a partir del fenómeno de la pandemia, algunos antecedentes y pormenores del trabajo investigativo que surgió de la necesidad de algunos tesistas de armar una información válida para cumplir con sus objetivos. En este trabajo participaron más de 80 estudiantes que recogieron testimonios y entrevistas para lograr finalmente una selección de 64 testimonios en los que se reflejan diferentes realidades visibilizadas en esta línea narrativa de relatos de los padres de familia de estudiantes comprendidos entre el segundo y décimo año de educación básica:

La trascendencia de ese acontecimiento nos llevó, inicialmente, a indagar su repercusión en el ámbito universitario. Posteriormente, centramos nuestra atención en la etapa formativa de Educación Básica, con la recolección de testimonios de docentes y, también, llevamos a cabo un sondeo sobre las miradas de los padres de familia ante la educación de sus hijos en tiempos de pandemia, en las 15 parroquias urbanas y en las 21 rurales del cantón Cuenca (Ecuador). Asimismo y de forma paralela, fijamos nuestro interés en conocer las perspectivas que tenían los docentes de Educación Básica sobre el retorno a la presencialidad. Un estudio ya culminado y que se encuentra en proceso de edición. Y por último, estamos centrados en estos momentos en recoger la experiencia de vida de estudiantes en su última etapa de Bachillerato durante el periodo de confinamiento.

Con respecto a este nuevo aporte que presentamos ahora, que tiene como objeto central acercarnos a conocer la experiencia de los representantes o padres de familia con respecto a la Educación Básica en tiempos de pandemia, debemos adelantar que es el resultado de un proyecto de aula, donde participaron un total de 88 estudiantes, que integraban tres cursos de primer ciclo de la carrera de Educación Básica en la Universidad Nacional de Educación de Ecuador, correspondiente al semestre abril – septiembre de 2021”[1].

Este trabajo investigativo es un esfuerzo de un grupo importante de voluntades estudiantiles, dirigidos por el docente Dr. José Manuel Castellano que junto a Mateo Silva Buestán nos han permitido tener un acercamiento objetivo y veraz de la situación que en este caso han experimentado los docentes y sobre todo los padres de familia de los niños y jóvenes que cursan los primeros años de la educación general básica en instituciones educativas de la Región.

La edición y publicación de este importantísimo aporte a la bibliografía nacional e internacional sobre el tema Pandemia y Educación, es, sin lugar a dudas un documento que contribuye a la línea de investigación socioeducativa como un aporte desde la Academia a las futuras investigaciones, papers, ensayos y estudios de caso sobre el tema.

Esto significa un ejemplo de lo que la propia juventud en el nicho universitario es capaz de lograr para que otros grupos de investigación y estudio avancen con más hallazgos e información que nos pueda iluminar en este gran proyecto social de publicaciones sobre reflexiones en torno a la problemática educativa en tiempos de pandemia y pospandemia.

No nos queda sino felicitar a todos los actores sociales y académicos, culpables de este esforzado trabajo, así como a la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina, por su labor encomiable, a Alicia Méndez de Durfee por el cuidado y la edición del texto, a Edison Ortiz Guallpa por sus ilustraciones y a todos los participantes anónimos, los informantes que aportaron con sus testimonios al cumplimiento de este gran objetivo regional y nacional.


[1] Silva, M. y Castellano, J. (2022). Los padres y la Educación Básica en tiempos de pandemia (Ecuador). Ed. CES-AL. Pág. 16.

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