El gestor cultural y el establishment

Por: Manuel Felipe Álvarez-Galeano, PhD
Colombia

En cuestiones de cultura y de saber,
sólo se pierde lo que se guarda; sólo se gana lo que se da.
Antonio Machado

La dinámica de la competitividad ha conducido el reconocimiento de la otredad hacia puntos cada vez más deshumanizados, en que el arte, reflejo imperecedero del paso de nosotros por este mundo, se ha relegado al marasmo y a la pérdida progresiva del sentido moral, desconociendo lo que Malraux abunda sobre el concepto de cultura: «La cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida», hasta el punto en que el discurso de la cultura se ha manipulado hasta irse deconstruyendo y, de tal modo, se tiende a perder el sentido democrático de esta; por consiguiente, ha recaído en un círculo en que el sistema le ha restado su sentido natural.

Ante este panorama, la figura del gestor cultural no cuenta con la importancia meritoria que le permita cumplir satisfactoriamente con lo que más está convocado a ser: un puente entre la obra y el público, una semilla que aflore libremente hacia el relieve de la belleza, un nexo firme entre la identidad y la memoria. Esto obedece, entre otros factores, a que la manipulación argumentativa de la cultura se ha volcado a los intereses del poder que, en nuestras sociedades, infortunadamente permean en lo que se debe o no pensar, decir, criticar…

En palabras de Milan Kundera, la cultura se comprende como la memoria de los pueblos, la conciencia colectiva de la continuidad histórica, el modo de pensar y de vivir. Es decir, la reflexividad y el pensamiento crítico tienen un compromiso ineludible con la forma en que la sociedad se piensa a sí misma, y es cuando el terreno de lo político influye sobre lo que se ve, se escucha y se lee. En otras palabras, la cultura es una amenaza contra el establishment, porque lo confronta y lo cuestiona.

Semanas atrás, en el programa radial que dirijo, Tinto en el tintero, hablé con uno de los gestores culturales que más respeto, el maestro lojano Wilson Faicán, con quien se levantaron postulados interesantes que resonaron en mi hipotálamo hasta la escritura de esta entrega. Entre estos, recuerdo una de las principales conclusiones: el gestor, en una sociedad sin la educación cultural apropiada, tiende a convertirse en alguien que se limita a pedir y pedir apoyos, arañando centavitos para que el arte logre la promoción que merece.

Contó sobre su experiencia desde hace una década con un proyecto llamado «Garabato Público», en que los niños, jóvenes y familias tienen la posibilidad de construir creaciones y promoverlas por medio de iniciativas esforzadas que se vinculen con la educación y el conocimiento. Sin embargo, su trabajo ha sido más que difícil y, sin demeritar el esfuerzo de algunas entidades encargadas de la rama —como es el caso de las universidades locales y la Casa de la Cultura, que financia los talleres que acompañé en la Centinela del Sur— se ha debido acudir a la autogestión como uno de los principales financiadores.

Está claro que no es necesariamente negativo que el artista acuda a sus propios fondos y esfuerzos para promover su trabajo; sin embargo, es común que no encuentre en las entidades un aliado verdadero; incluso, puede resaltarse de que no se trata de una cuestión de instituciones, sino de procesos que limitan la posibilidad de hacer lo que mejor debe hacer, crear. Es decir, el artista es por, naturaleza, un gestor cultural.

De entrada, este debe lidiar con el bravo toro de la burocracia que, contrario a estar al servicio del artista, parece ser el constructor de obstáculos y el mejor aliado de la falta de voluntad política. No se puede hablar de derechos, cuando las letras, las notas y los trazos no pasan de ser un ejercicio de entretenimiento, sin tener el reconocimiento consolidado de su esencia: la trascendencia, la memoria y la libertad. Por fortuna, el arte siempre va a sobrevivir, así sea en el taller, en el bocetero o en la libreta.

4 comentarios en «El gestor cultural y el establishment»

  1. La competencia ha llevado a una percepción cada vez más deshumanizadora del otro, en la que el arte, como reflejo inmortal de nuestro paso por este mundo, se ha reducido al estancamiento y a una pérdida paulatina de la conciencia moral. Cultura: “La cultura es muerte y la vida continúa” por lo que el discurso cultural es manipulado hasta el punto de ser deconstruido y, por lo que vuelve a un ciclo en el que el sistema despojado de su significado natural (Álvarez, 2022)

  2. Hay veces que los artistas compitan entre ellos, sin embargo es común que encuentro en las entidades un aliado, el artista es por, naturaleza, un gestor cultural.
    (Álvarez,2022)

  3. Como manifiesta Milán Kundera todo empieza con la cultura de los pueblos ya que desde ahí comienzan sus tradiciones y su manera de ver la vida y actuar, también se puede decir que influye mucho en la toma de sus decisiones, por ende, se dice que la cultura tiene un gran poder en la sociedad y en los gobiernos, convirtiéndose en una gran amenaza, porque ellos confrontan y cuestionan. Esto quiere decir que tienen que tener un pensamiento crítico y extenso para poder comprender las cosas y cuestionarse siempre, ya que la sociedad tiene un diferente criterio hacia la cultura. (Manuel, 2022).

  4. La cultura es un conjunto de conocimientos y costumbres que caracteriza a una población. ¨Es decir, la reflexividad y el pensamiento crítico tienen un compromiso ineludible con la forma en que la sociedad se piensa a sí misma, y es cuando el terreno de lo político influye sobre lo que se ve, se escucha y se lee. En otras palabras, la cultura es una amenaza contra el establishment, porque lo confronta y lo cuestiona¨ (Álvarez, 2022, parr.3). L a cultura abarca distintas formas y expresiones de una sociedad es decir: vestimenta, costumbres, tradiciones, etc.

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