Ciudadanía y corresponsabilidad ética

Por: Elsa González Moscoso
Cuenca (Ecuador)

Las condiciones actuales muestran con más claridad que nunca que, ni la política tradicional y con ella los Estados Nacionales, ni las entidades supranacionales han logrado la realización del bien común, a pesar de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamado por las Naciones Unidas en 1948 y la serie de declaraciones y pactos posteriores que debían consolidar Naciones, instituciones y ciudadanos, bajo la necesidad y la exigencia de nunca más injusticia y trabajar más allá de las fronteras por una justicia global, capaz de proteger a toda costa los Derechos Humanos.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio 2000 a alcanzarse en el 2015, con el compromiso firme de 189 países miembros de la ONU a saber: erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la enseñanza primaria universal; promover la igualdad entre los sexos y el empoderamiento de la mujer; reducir la mortalidad de los niños menores de 5 años; mejorar la salud materna; combatir el VIH/SIDA, la malaria y otras enfermedades; fomentar una alianza mundial para el desarrollo; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente. Sin duda, se han hecho grandes esfuerzos, una vez que se han identificado los principios y valores indispensables en las relaciones internacionales, sin embargo, los resultados no son los esperados.

La Asamblea General de la ONU, con el acuerdo de los 193 Estados miembros, adopta la Agenda 2030, una Alianza global para el desarrollo sostenible, cuyos pilares  económico, social y medioambiental prevé  17 objetivos como plan de acción a favor de las personas, el planeta, la prosperidad; tendiendo además la intención de fortalecer la paz universal y el acceso a la justicia, centrado en las necesidades de los más pobres y vulnerables. Poner fin a la pobreza en el mundo, además erradicar el hambre, lograr la seguridad alimentaria, garantizar la vida sana y una educación de calidad, lograr igualdad de género, asegurar el acceso al agua y a la energía, promover el crecimiento sostenido, adoptar medidas urgentes contra el cambio climático, promover la paz y facilitar el acceso a la justicia.

En los actuales momentos el panorama mundial es verdaderamente desgarrador, basta mirar una plataforma informativa y leer con indignación asuntos tales como:  la ofensiva rusa en Ucrania que al momento ha provocado medio millón de refugiados. El temible impacto de los grupos armados irregulares en Colombia. Los problemas sistémicos para acceder a la justicia, sobre todo en los países en vías de desarrollo. La corrupción y la impunidad campante. Los crímenes provocados por mafias de la droga. El femicidio. El hacinamiento carcelario y violencia en las prisiones ecuatorianas.  Derrames de crudo de petróleo. Deforestación. Incendios de bosques en magnitudes enormes. Disminución de la biodiversidad por el cambio climático. La contaminación es creciente. La pandemia que ha exacerbado las desigualdades. El aumento de intolerancia en el mundo. La situación crítica de Venezuela bajo el régimen dictatorial de Maduro. La migracion internacional creciente, miles de personas migrantes que sufren violencia extrema, tortura, violación, secuestro en manos de traficantes, sufriendo periodoos de cautiverio, muchos de ellos encontrando la muerte en el camino. Las medidas implementadas por Afganistán  para eliminar de manera progresiva de la vida pública a las mujeres y la privación del derecho fundamental a la educación secundaria y universitaria. La situación de los niños en zonas de combate en Afganistán, Yemen, Siria, Etiopía.  El deterioro creciente de los derechos civiles y políticos de los Nicaragüenses. Desapariciones forzadas en México. Exclusión, odio y discriminacón de las minorías en Estados Unidos. Una lista interminable de sucesos diarios que muestran violaciones constantes a los Derechos Humanos más elementales, contra toda justicia y contra toda elemental razón.

¿Cuáles son las razones y las circunstancias por las que no hemos alcanzado los objetivos de desarrollo sostenible? ¿a quienes responsabilizamos? o ¿estamos frente a un mundo disminuido que requiere la construcción de otro mundo, otro modo esperanzador que sea posible? Tanto los Estados Nacionales, los gobiernos, los organismos de las Naciones Unidas, son responsables del cumplimiento de los objetivos, pero también de los ciudadanos.  ¿Acaso la sociedad civil debe responsabilizarse y puede tomar en sus manos el papel de ser corresponsable para alcanzar el bien común en los ámbitos local y global y construir las ciudades que soñamos? Y de ser factible, ¿cuáles son las estrategias y cómo lograrlo?  

Estamos convencidos de que a la sociedad civil le compete corresponsabilizarse éticamente y por principio para avanzar hacia el cumplimiento del bien común. En Ecuador la Constitución del 2008 reconoce de manera tácita, la participación ciudadana como un derecho,  tanto individual como colectivo, que le permite ser parte importante en la toma de decisiones, planificación y gestión de los asuntos públicos que competen. Sin embargo, a pesar de estar estatuído como un derecho, la sociedad civil frente a la ineficiencia e indolencia, por decir lo menos, del mundo político, ha tenido que vérselas para encontrar creativamente nuevos referentes y formas de participación eficientes que efectivamente, tengan la injerencia necesaria en los estamentos de poder. En el ámbito local, es por ejemplo, el caso del Colectivo Ciudadano Cuenca Ciudad para Vivir-CCCV que asume la participación ciudadana, sin representar a ningún interés político o de grupos particulares. Pretende un ejercicio responsable, consciente y autónomo para ser parte del proceso de la construcción de la ciudad entendida como un bien público y un proyecto fundamentalmente ético, desde una dimensión y espacio público no estatal.

De acuerdo con Adela Cortina, la sociedad civil es el espacio de las relaciones humanas sin coerción estatal, nacidas de la espontaneidad y la autoorganización. La sociedad civil y no solo los Estados, hoy están convocados desde distintas instancias a asumir la responsabilidad del bien común. Una ciudadanía pasiva, o simplemente asistencial, solidaria o cívica tradicional ya no se ajusta hoy en día a las necesidad de una ciudadanía activa y corresponsable. Un nuevo modelo es necesario frente a la irresponsabilidad social, indiferencia e indolencia generalizada que resultan ciertamente indignantes; sin embargo, de algún modo comprensible, si se considera que, “Sin duda las actuaciones de los individuos, de las instituciones y de las organizaciones generan externalidades, es decir, repercusiones en el bienestar de los demás, y, sin embargo, el sistema en su conjunto funciona de tal modo que parece privar a todos de responsabilidad porque no reconoce explícitamente que las consecuencias de las acciones u omisiones no dependen de la fortuna, sino que tiene en gran medida causas sociales.” (Cortina 2009)

No cabe, no es dable la fragmentación, el individualismo y la irresponsabilidad social,  entre ciudadanos, instituciones y países. Es imperativo, más que nunca, reconocerse como interlocutores válidos en la acción comunicativa lo más racional posible, asumir la interdependencia corresponsable, democrática y deliberativa, donde  los ciudadanos, la sociedad civil, se sientan y se hagan responsables de las consecuencias de sus decisiones para con la sociedad y la naturaleza. Empero, en un mundo de creciente individualismo “posesivo” como lo llama Cortina, en donde el núcleo de la vida social es el individuo mismo, dueño de sus facultades, engañosamente autónomo, que piensa que nada le debe a la sociedad porque la decisión es suya, subjetiva no vinculada a la objetividad del mundo real, y siendo parte de una sociedad consumista, piensa además, que la libertad consiste en las múltiples opciones de consumo, entonces la solidaridad y la empatía quedan fuera. La responsabilidad por las consecuencias de sus acciones a nivel social y natural, así como la obligación correspondiente frente a cualquier derecho, les resulta a los individuos “autónomos” no solamente extraño y ajeno sino incomprensible.

La irresponsabilidad social, no es un asunto marginal, la constatamos a diario en casi todos los niveles de la vida social. Al parecer son algunos factores que abonan el terreno, si pensamos por ejemplo, en la formación de la opinión pública forjada en buena parte de los casos en un mundo mediático fragmentado, instantáneo de las redes sociales, donde no todo lo que se dice es, y no todo lo que es se dice. Definitivamente la responsabilidad requiere de una duración temporal, un tiempo de espera, un compás de espera, una demora  para dirimir, pensar, racionalizar y optar, este no es el tiempo de la eficiencia funcional.

Nuestras sociedades presentan valores culturales y éticos que son diferentes y múltiples, pero también se construyen valores y antivalores, o se piensa que los valores o aquello que consideramos valioso lo es para cada quién, de tal modo que todo depende, relativismo sin más. En estas circunstancias se hace muy difícil y complejo asumir de manera conjunta responsabilidades de cualquier orden.

Parece que la irresponsabilidad social es ahora mismo un problema estructural en nuestras sociedades, está tan incrustado en casi todos los niveles que es poco perceptible para los individuos autónomos, que generalmente va asociado a primarios y pobres niveles de conciencia moral.

¿Cómo lograr la corresponsabilidad ciudadana, como reconocer la interdependencia entre personas, instituciones, países? Cortina propone promover la estrategia de la responsabilidad social compartida basada en la interdependencia, para ello se requiere dotar a las organizaciones, a los ciudadanos de instrumentos adecuados, partiendo del hecho de que, la sociedad civil no sustituye de ningún modo al Estado y a la legalidad que emana, sin embargo, tiene la responsabilidad ética que debe ser potenciada desde el mismo ejercicio de la ciudadanía activa. Así, por ejemplo, ejercer formas de control social de la acción de los gobiernos en todas sus esferas; pero también proponer políticas públicas realizables que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos en función del bien común; efectuar propuestas alternativas inteligentes y constructivas frente a debilidades manifiestas; buscar sinergias constructivas y lucidas en pro de proyectos realizables.

Es una obligación moral el ejercicio de la responsabilidad social, por ello mismo es un asunto de convicción de las personas y de las organizaciones, que no pueden ser impuesta desde fuera, tal como ocurre con la ley; de tal modo que es necesario tomar en serio conscientemente esta obligación si queremos una sociedad más humana y más justa.

Es una necesidad imperiosa que la sociedad civil asuma la responsabilidad ética por realizar el bien común. “Asumir la responsabilidad ética por el bien común implica hacerse cargo inteligentemente de la realidad, cargar con su peso y encargarse de ella respondiendo a sus exigencias legítimas. Afortunadamente, esto lo están haciendo ya muchos sectores de la sociedad civil en nuestros días” (Cortina, 2009)

Bibliografía

Colectivo Ciudadano Cuenca Ciudad para Vivir-CCCV.  10 años de apuesta por la ciudadanía activa. Sistematización de la experiencia. 2021

Cortina Adela, Conill Jesús, La Responsabilidad Ética de la Sociedad Civil, 2009 Mediterráneo Económico 26, Universidad de Valencia.

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