Tras bambalinas: La luz, la fuerza y el tesón (I)

Por: Esthela García M.
Universidad Nacional de Educación, Azogues (Ecuador)

La presencia de la mujer tiene un estigma, que ha ido arrastrando  por los caminos de la historia. Desde que, según las escrituras Dios la creó  de la costilla del hombre, estuvo en un segundo y hasta un tercer plano en la  dinámica del mundo occidental.

Como casi todo lo que conocemos relacionado con cultura,   ha sido legado por los imperios  que difundieron una concepción del mundo en manos de los hombres; a la mujer  se le ubicó siembre por debajo. Desde la antigüedad, pasando por la edad media, edad moderna, hasta la actualidad en la que, pese a la modernidad, aún es difícil  concebir a la mujer  con una presencia de igualdad frente al hombre. 

Sabemos que sí, biológicamente los dos sexos son diferentes, pero  sin  atisbo de ser feminista radical;  pocas cosas hay  que una mujer no pueda hacer, y eso se ha demostrado abiertamente, pero contadas las veces en las que se ha destacado.

Sin embargo, como parte de la dinámica social provista de esferas políticas,  que defienden los derechos humanos en un sentido amplio, la figura de la mujer  ha ido alcanzando mayor notoriedad en la mayoría de los espacios, pero al mismo tiempo que se ha ido liberando del estigma de “ser mujer” con mayor acceso al mundo laboral, político, profesional, educativo; no se le ha quitado el peso  de llevar sobre sus hombros la responsabilidad del hogar y las actividades domésticas, en un importante sector de la población en los diferentes países.  Sectores en los que, si bien es cierto, se ha conseguido mayor equidad de género, aún persiste la desigualdad marcada en el ejercicio cotidiano;  y se le duplica a la mujer el compromiso con su familia y la sociedad.

La mayoría de gobiernos que han asumido  este avance social, al disponer  que la mujer sea considerada con mayor equidad, y se le  han otorgado derechos sociales y políticos presumiblemente, en paridad con el hombre.  Pero,  pese a toda la  revolución que han generado los movimientos en defensa de las mujeres al rededor del mundo, el hombre sigue  teniendo preponderancia y se lo puede verificar en datos estadísticos confiables.

Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina, en Ecuador apenas el 24.7%  de la participación de mujeres en gabinetes ministeriales, en el último período presidencial disponible y en América Latina es el 28.5%. En lo que respecta al Tiempo promedio destinado al trabajo remunerado y no remunerado, en el mismo acceso de información estadística se establece que en el Ecuador el 20.7% de las mujeres en edad de trabajar, reciben remuneración; el 37%  no recibe remuneración por su trabajo. Este dato contrarresta lo que concierne al hombre, puesto que en el mismo rango estadístico el 44% realiza un trabajo remunerado y el 9.9% lo hace sin remuneración.  Las cifras están ahí, y nos sirven para mirar el rostro de una realidad, que se mantiene.

La situación de muchas mujeres  que han caminado junto a hombres célebres en la historia, corresponde metafóricamente  a la puesta en escena de una obra de teatro  básicamente de dos personajes, el hombre es quien da la cara, actúa e interviene en todas los actos que se realizan, quien se lleva el mérito y todos los galardones, pero la mujer es aquella que tras bambalinas lo arma todo para que esa obra tenga éxito, es tan indispensable como el actor principal. Los dos trabajan, se sacrifican y sufren por igual, para conseguir que esa obra tenga éxito.

Por todo lo manifestado, consideramos que podremos rescatar en este espacio la figura de importantes mujeres que fueron pilares fundamentales en el trayecto de hombres que han tracendido la temporalidad por la genialidad de sus obras y de sus vidas, y que se convirtieron en íconos del arte,  la cultura y la ciencia  a nivel nacional y mundial.

En una serie de capítulos traeremos a este espacio la figura de mujeres inmerecidamente eclipsadas por un nombre, pero que sin ellas tal vez la historia sería diferente.

María Kodama, los ojos de Jorge Luis Borges

Fuente: Página web efemérides https://www.efemeridespedrobeltran.com

Jorge Luis Borges se definió como un hombre siempre enamorado, vivió hasta más allá de su madurez, bajo el amparo de su madre. La afectación de su visión hizo de ella sus manos en la escritura, manos que luego recaerían en María Kodama, de quien se habla poco, pese a que ella lo acompañó durante los últimos treinta años,  y a quien Borges nombraría heredera universal, convirtiéndose en la custodia de todo su legado. 

Cuando el escritor contaba con  aproximadamente cincuenta y cuatro años, se tropezó con una jovencita de dieciséis, con quien entabló una leve conversación que daría inicio a los siguientes años de su vida, como el capítulo decisivo de la misma. Con 38 años menos,  María Kodama  vivió junto a Borges experiencias nutridas de lectura, de escritura, hasta convertirse en su incondicional compañera.  Fue su alumna, luego su secretaria, amanuense, lectora, asistente y acompañante durante más de treinta años, según declaró, fue la mujer más importante de su vida.  Fueros los ojos que suplían su ceguera progresiva y  congénita, heredada de su ascendencia paterna; su eje y guía. Ella hacía y deshacía. Elegía su ropa, le compraba la comida, corregía sus textos.  

No hay que desconocer que fueron varias las mujeres que lo inspiraron y a quienes les dedicó poemas.  Pero de entre todas ellas, María Kodama  se erigió como  su fuerza hasta que partió.  Poco tiempo antes de morir, se casó con ella, pese a haberle confesado su amor muchas veces durante el tiempo que estuvieron juntos. Antes de morir la nombró su heredera universal, y se convirtió en custodia de toda su obra.

 “Él le dedico poemas —como La luna—, libros —como La Cifra: “Yo pronuncio ahora su nombre, María Kodama. Cuántas mañanas, cuántos mares, cuántos jardines del Oriente y del Occidente, cuánto Virgilio”—. Junto al hombre de los espejos y los laberintos, una mujer de la que no se sabe nada. Pero una mujer ineludible. (El País, marzo 2020)

No es posible imaginar  cómo hubiese sido el recorrido  del aclamado escritor, sin la presencia de María Kodama,  una mujer que  renunció a llevar una vida común, casarse y tener hijos -aunque nunca estuvieron en sus planes- para quedarse junto a Borges, pero no bajo su sombra, porque ella junto a ella él, tuvo la luz que le fue negada por cuestiones de salud.

Consideramos peyorativo  el pensamiento de que “detrás de un gran hombre,  hay una gran mujer” aunque este principio pretende ensalzar la presencia de la mujer en la historia, lo que hace es todo lo contrario. Porque  los hombres que han dejado plasmado su nombre  en la historia, en el ámbito que haya sido, en la región o país en el que se hayan destacado, han tenido a su lado a alguna mujer que los impulsó, ayudo, fortaleció, animó.  Nunca detrás, siempre a su lado, aunque muchas de las veces su figura no se haya notado.  No solo se trata de esposas,  amantes,  madres; se trata de mujeres de trabajo, que hombro con hombro han luchado para que ese hombre consiga sus propósitos, en bien de un colectivo, de un país, del arte y la cultura, etc.

Hay una anécdota que puede o no ser verdadera. La historia cuenta que Michelle y Barack Obama estaban cenando en un restaurante, y cuando  fueron atendidos por el maitre, él la reconoce y saluda a Michelle. Entonces su esposo – Obama-  le pregunta “¿Quién es?” “Fue mi novio en secundaria“, responde ella. Se supone que Barack Obama entonces respondió “¿Ves Michelle? Si te hubieras casado con él, hoy serías la esposa de un mesero”. A lo que ella replicó “No, querido, si me hubiera casado con él, él sería ahora el Presidente de los Estados Unidos”

Y si bien es cierto que la lucha de las mujeres por su reivindicaciòn, ha tenido sus frutos y hoy  las mujeres   tienen más derechos  y sus roles se han diversificado en la sociedad, en la actividad laboral; eso les ha costado más y les sigue costando el doble que a los hombre.

REFERENCIAS

Guerreiro Leila, Apuntes sobre Maria Kodama, diario El País, 20 de marzo del 2020,  Disponible en https://elpais.com/cultura/2020/03/25/babelia/1585141168_415434.html#:~:text=En%201967%2C%20cuando%20Borges%20se,conseguirme%20un%20pasaje%20a%20Islandia.  fecha de acceso: 8 de marzo del 2022
FUNDACIÒN INTERNACIONAL JORGE LUIS BORGES, https://www.fundacionborges.com.ar/index.php/gallery/showGallery/id/5

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