No hay respuestas, pero soñamos con la libertad

Por: Shirley Ruiz
FSMET Col-Lat, Costa Rica

No sé cómo iniciar este escrito después de haber visto la noticia de la matanza en Texas.

Un titular decía: “19 niños y 2 maestros, el paso a paso de una masacre de terror”

Por mi cabeza pasan corriendo a toda prisa las ideas, pero mis manos están paralizadas y no logro coordinar mi cabeza con mis manos, porque no solo es la noticia de Texas, también está México y  Colombia (por mencionar dos países) con noticias de asesinatos y desapariciones  que ocurren día a día.

En Texas fue un joven de 18 años, pero ¿Qué pasa cuando es el Estado el que asesina y desaparece día a día a personas inocentes y ante estos hechos inhumanos guarda silencio ante la sangre derramada por las calles?

Esta noche no deja de llover y siento que llueve por fuera y por dentro y que cualquier palabra que pueda escribir no hará justicia ni devolverá a la vida a los que ya o están y nos han arrebatado sin permiso ni compasión, y entonces pienso en mis sobrinos y sobrinas, pienso en mi hija, pienso en cada joven que crece soñando con construir un futuro y una vida llena de triunfos y alegrías.

No deseo ver más noticias, pareciera que entre los medios de comunicación tienen un complot y entre ellos se llaman por teléfono para ponerse de acuerdo en amargarnos los días, nos dicen: “Hoy no se puede ser feliz” y nos tiran en la cara un repertorio de noticias llenas de fatalidades que nos hace respirar profundo y que en medio del dolor nuestra cabeza nos hace creer que a pesar de lo que sucede hoy, mañana todo será diferente.

Y se viene a mis recuerdos un señor ex militar del ejército que conocí en Argentina, recuerdo que me subí al subte y me senté, mientras sacaba un libro de mi bolso, don Rodolfo se sentó a mi lado y me preguntó ¿Qué libro vas a leer?, era un libro de poesía de Mario Benedetti: “La vida, ese paréntesis” y  me preguntó sobre qué trataba el libro y empecé a contarle que era un libro de poesía que habla de memorias y olvidos, de crímenes, máscaras y adioses, de la vida y de la muerte y de hombres y mujeres que se sueñan inmortales, pero más que eso, es un libro lleno de preguntas que no tienen respuestas y aun así se sueña con la libertad.

Don Rodolfo me miraba fijamente en silencio mientras yo hablaba y suspiró profundo, hizo como una pausa, yo dejé de hablar y me dijo: parece ser un libro donde sus palabras se hacen reales en las historias de mi vida.

Empezó a contarme historias de cuando estaba joven y el estado bajo la última dictadura cívica militar desapareció a 30 mil argentinos, entre ellos amigos, conocidos y familiares.

Mientras hablaba en medio de la bulla sus ojos se ponían llorosos y su voz se entrecortaba.

No había necesidad de haber vivido lo que vivió don Rodolfo para sentir el dolor en sus palabras, el dolor de sus recuerdos y el dolor de la ausencia de sus seres queridos.

En uno de los poemas del libro Benedetti escribe:

“Cuando el no ser queda en suspenso
se abre la vida ese paréntesis
con un vagido universal de hambre

somos hambrientos desde el vamos
y lo seremos hasta el vámonos
después de mucho descubrir
y brevemente amar y acostumbrarnos
a la fallida eternidad”

No sé si don Rodolfo aún vive, ya era una persona mayor cuando lo conocí, pero espero que su corazón siga fuerte a pesar de las noticias que hoy en día seguramente le hacen recordar el pasado.

Esta noche lluviosa y con el libro de Benedetti en mis manos, solo sé que me considero una ilusa soñadora que no dejo que el dolor de un mundo indiferente se apodere de la esperanza que se aferra en mi corazón y que sigue creyendo que aún en medio de tanta maldad hay personas que construyen con amor y que ante cualquier dolor el amor siempre será más fuerte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *