¿Cuánta tierra necesita un hombre?

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

El título del cuento de Tolstoi sigue cobrando vigencia con el tiempo. La ambición del protagonista, Pahom, es una parábola que refleja sin artilugios el precio que paga un hombre en su afán desmedido por acaparar tierras. Y, en orillas geográficas opuestas, aunque cercanas en la tragedia de la problemática de la repartición de las tierras, recordamos también el título del cuento de Rulfo: “Nos han dejado la tierra”. Ese México con su gran extensión de suelo, y, sin embargo, estos campesinos en su travesía para llegar a un lugar recóndito y desértico de la estepa mexicana.

Dos relatos en clave de denuncia que ponen el dedo en la llaga a una de las problemáticas más longevas de nuestros países americanos. La repartija de las tierras, y con ella, la codicia y ambición de los latifundistas que, en concomitancia con las administraciones de turno, ejercen el yugo del poder y la sevicia para engendrar otro de los males que aquejan a esta humanidad doliente.

Y Colombia, la ventana de Suramérica, se ha sumado a esta problemática de la expropiación de tierras. Desde hace varios decenios y con el tiempo se ha recrudecido este fenómeno por diversos factores, entre ellos, y el más devastador de todos, es el conflicto armado.

Archivo de Derechos Humanos Centro Nacional de Memoria Histórica.

La fotografía, registra una manifestación de Usuarios Campesinos (ANUC), en la Plaza de Bolívar de Bogotá.

De acuerdo con el investigador, Alejandro Reyes, las raíces del conflicto colombiano están arraigas en la tierra. Entre 1903 y 2012 el Estado adjudicó 60 millones de hectáreas baldías a personas naturales y jurídicas, a comunidades indígenas y afro. Éstas representan más de la mitad de la superficie nacional; un total de 114 millones de hectáreas. Pero esto claramente no es el problema. Según Reyes, es que básicamente estas tierras se han “adjudicado a las personas equivocadas”.

Recalca Reyes en su informe de Tierras, que el principal impacto del conflicto armado sobre la tenencia de la tierra “es la sustitución del control estatal por los grupos armados irregulares”, que desplazaron al menos a la mitad del campesinado de las regiones bajo su dominio. En muchos casos para entregarles esos terrenos a terceros, y la subordinación de los derechos de propiedad a la tributación.

Los relatos del desplazamiento y despojo ha sido la historia de la tierra en Colombia, como el que aparece en la “Tierra en disputa”. Ahí [contó un hombre amenazado después de huir] tenía plátano sembrado, yuca sembrada, todo eso era sudor mío […] Entonces me tocó dejar abandonado todo eso”. El informe “Una nación desplazada” del CNMH calcula que entre el 2005 y el 2014, el número de personas desplazadas alcanzó los 2’996.196, casi los mismos habitantes de una ciudad como Medellín.

Un habitante de la comunidad de Tanguí, corregimiento del municipio del Medio Atrato del Chocó, se desplaza para regresar a su casa después de tres meses de vivir en una escuela pública en Quibdó. Foto: Juan Arredondo.

El Centro de Memoria sobre tierras en el último decenio se ha preocupado por entender los procesos de ocupación y apropiación del territorio, las irregularidades en los derechos de propiedad, de las organizaciones sociales en relación con la tierra, es decir, campesinos, empresarios y mujeres, y el rol que han tenido en esta problemática los actores armados (guerrillas, disidencias, delincuencia organizada y grupos paramilitares), el narcotráfico y los megaproyectos con impacto territorial.

La Defensoría del Pueblo, en su cartilla de Derechos de los campesinos colombianos, delegada para asuntos agrarios, reza: “los derechos de los campesinos son las garantías que debe brindar el Estado colombiano a los campesinos y campesinas, como sujetos de derecho para que puedan vivir y desarrollarse en condiciones dignas y adecuadas …” No obstante, el debate se acalora cuando el expresidente Uribe critica al candidato de la izquierda, Gustavo Petro proponga comprar grandes extensiones desaprovechadas, pero en su gobierno aprobó expropiarlas con la Ley de Desarrollo Rural 1152 de 2007. La Corte Constitucional tumbó esta Ley porque el Gobierno le incumplió con la obligación de consultar a las minorías étnicas.

Esta lucha por la tierra en Colombia ha sido la gran protagonista de los antagonismos sociales. Desde su independencia como Estado soberano en el siglo XIX y durante el transcurso del siglo XX. Ya llevamos dos décadas del siglo XXI y el problema sigue vigente, de hecho, fue el primer tema a tratar en las negociaciones de paz.

Así las cosas, en el país surcado por los dos mares y que sirve de ventana para Suramérica los latifundistas de antaño y los contemporáneos tendrán como Pahom en el cuento de Tolstoi, la oportunidad de seguir expandiendo sus extensiones de tierras. Y como en el cuento de Rulfo, los cuatro campesinos: Melitón, Esteban, Faustino y el narrador seguirán deambulando con sus fatigas en busca de una tierra habitable.

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