Margaritas para medir la atención

Por: Pedro C. Martínez Suárez, PhD
Vicerrector de Investigación Universidad Católica de Cuenca (Ecuador)

Desde los estudios de Posner, On the selection of signals en Memory and Cognition han pasado 50 años, desde los estudios de Stroop en 1935 en Journal of Experimental Psychology han pasado casi 90 años. Desde los estudios de James McKeen Cattell en 1886 en la revista Mind han transcurrido 136 años, situándonos en los albores de la Psicología científica. Los estudios wundtianos de taquistoscopio con ensayos de presentación de estímulos, intervalos inter estimulares, errores y tiempos de reacción fueron el inicio de la cognitiva experimental de procesos básicos que se mantiene hasta nuestros días. Ineluctablemente, los psicólogos no hemos dejado de hacer esto, llevar la mente al laboratorio para ponerla bajo una lupa y darle la naturaleza de proceso, de actividad, fuera de las concepciones espirituales, filosóficas o religiosas anteriores. Qué decir, en lo relativo a este rigor experimental de los trabajos de Edward B. Titchener o Magaret Floyd Washburn.

La revolución cognitiva no comienza con los estudios de Craik y Lockhart, ha existido siempre y ha coexistido con otros enfoques. La prueba o test Margaritas, desarrollado por la Universidad del Azuay, no es ajeno a esta realidad histórica, sigue el proceso escrupuloso de diseño de una prueba que podemos encontrar en lo recomendado por expertos como José Muñiz o María Jesús Benedet. Mucho más allá de 10 páginas con 9 margaritas cada una, nos encontramos con una prueba de exquisito gusto.

Debo confesar que me ha enamorado todo: tanto la elección del objeto estimular tan simple y anonadante al mismo tiempo, como la adaptación realizada manteniendo la lógica procedimental para no alterar subprocesos, especialmente la selección de estímulo relevante como la inhibición, la cual es absolutamente imprescindible para comprender qué es la atención selectiva. Su alta fiabilidad Kuder-Richardson (0.90) usando el método test-retest le otorga un lugar privilegiado entre las pruebas de su categoría. El hecho de tratarse de una prueba para infantes de 6 a 12 años aumenta su potencial de uso, así como la baremación ecuatoriana, lo cual invertirá la necesidad de baremos, habitualmente escasean los latinoamericanos con respecto a los europeos, en este caso serán los europeos los que quieran baremar esta prueba en sus poblaciones.

Por último, su interfaz amigable, así como la posibilidad de incluirlo en estaciones plataforma de tests asistidos por computadora, lo hace más atractivo aún. En el texto que hoy les presentamos encontrarán las normas de aplicación y corrección, pero también las instrucciones para el examinador, tan necesarias para eliminar el ruido interpretativo en los resultados. No podía faltar la tabla de percentiles, por segmentos de edad y sexo. Solo puedo decirles que el test Margaritas será ampliamente utilizado en mis clases de Procesos Psicológicos Básicos de la Maestría de Neuropsicología de la UDA, a la que reitero mi agradecimiento por ambos espacios, el de posgrado y el que nos atañe hoy. Igualmente, lo incorporaremos, con permiso de las autoras a las pruebas que estamos realizando en nuestro laboratorio de Psicometría y conjuntamente seguiremos haciendo historia, generando aplicaciones también en los ámbitos patológicos como el TDAH, el autismo, la esquizofrenia, entre otros campos de la salud mental, donde estas pruebas son constitutivas de un diamante en bruto para el estudio de marcadores cognitivos. Mis felicitaciones una vez más por el éxito obtenido que no es más que el principio de una nueva era para la neuropsicología ecuatoriana.

Este test es obra de las autoras Martha Cobos, Catalina Astudillo, Manuel Freire y Alexandra Bueno y pueden encontrar el manual disponible en:

https://publicaciones.uazuay.edu.ec/index.php/ceuazuay/catalog/view/224/192/1063

pdf visualización del fichero Margaritas.pdf (uazuay.edu.ec)

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