El docente universitario, ¿es un evangelio vivo?

Por: Dr. Enrique Espinoza Freire, PhD
Universidad Técnica de Machala (Ecuador)

Mucho se habla de la figura del profesor universitario, de sus conocimientos sobre la ciencia que imparte y de su preparación científica y metodológica; sin embargo, hoy quiero dedicar este espacio de reflexión a un aspecto no menos importante y a mi entender aun insuficientemente tratado, la formación ética del docente universitario.

¿Por qué su importancia? No se debe olvidar la estrecha relación que existe entre la ética profesional del docente y su modo de actuación. Es un hecho indiscutible que, las capacidades para la enseñanza están mediadas por las aptitudes, sistema de valores y preferencias del docente, lo que se evidencia no solo en la práctica docente en el aula, sino también, en otros espacios dentro y fuera de las instituciones educativas.  

La ética no es un ente abstracto, es la manifestación de la conciencia del individuo; en este caso del docente, orientada y aplicada a la formación integral del educando. Luego, el profesor universitario para el buen desempeño de sus funciones debe atesorar actitudes y valores que sustente la ética en su labor instructiva y educativa, al ser fuente de conocimientos, aptitudes y valores en cualquier lugar donde se encuentre. De aquí, la necesidad de su formación actitudinal ética que oriente su práctica pedagógica desde un marco de razón moral, donde primen las virtudes, principios y valores.

La ética profesional del docente universitario debe estar fundamentada en una sólida formación en valores, ya que, la figura del profesor tiene un significativo efecto en las actitudes de los educandos, quienes serán los futuros profesionales al servicio de la sociedad.

Como podemos apreciar la labor docente requiere del compromiso social, manifiesto a través de la ética profesional en el desarrollo del proceso formativo de los estudiantes. Recordemos que, los centros educativos son espacios de pequeñas comunidades donde se forman los ciudadanos que integran una gran sociedad y de los cuales depende el futuro de la nación.

En consecuencia, no podemos hablar de la formación ética del estudiante si no se cuenta con docentes que actúen de forma adecuada; las consecuencias de las conductas poco éticas del docente universitario influyen directamente en la educación de los discentes. La falta de ética en el proceder del docente socaba uno de los fundamentos de la práctica educacional, la honestidad. Por esta razón, la conducta del profesor universitario debe ser intachable y ejemplar, tanto en su vida profesional, social y privada. La pérdida de credibilidad social atenta contra su imagen como profesional, perdiendo el respeto de sus educandos y demás miembros de la comunidad educativa.  

Para concluir, es preciso enfatizar que, el objetivo principal del docente universitario no es alcanzar el reconocimiento por su sabiduría o por las habilidades investigativas que posee, debe ser, ante todo, la formación integral de sus educandos como futuros profesionales, preparados para desempeñar con calidad sus funciones desde una sólida formación ética. 

Nunca fueron más acertadas y oportunas las palabras del pedagogo y filósofo José de la Luz y Caballero, cuando expresó: “instruir puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo”.

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