Abril 19

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

A ti.

Era la vez primera que, en pleno estado de conciencia, nuestras manos se juntaban y rompían, juntas, las ráfagas de misterios, murmuros, miedos. Así, balanceándolas, paseábamos de lado a lado, entre sutiles apretones y flojos desapegos. Al tornar mi vista me encontraba con el ameno resplandor de tus centelleantes astros que dibujaban una sonrisa que, irremediablemente, partían la comisura, hecha seriedad, de mis inhóspitos labios. Por momentos, nuestro paso acelerado hacía juego con los latidos nerviosos de esa emoción materializada, cristalizada en tu figura. Acercábamos, de tanto en tanto, los rostros a los alborotados cabellos del otro, mientras se deshacía el entorno y apoyados sentíamos como todo, excepto nosotros, se desvanecía.

Las circunstancias son las que son. El tiempo, rufián al que acusan de todo dejarlo en el olvido, mira celoso este nudo forjado hace miles de días e infinitas noches; sus poderes tienen límites, frustrado posa en el tic-tac de tu corazón. Inamovible sentimiento que, del tuétano de mi médula, de mi esencia, no ha querido, ni querrá des-adherirse jamás. Musa predilecta de este eterno aprendiz y perpetuo amante. Fuente inagotable de placeres extraterrenales. Estanque de sentires y aspiraciones. Perfume de nuevos aires y noveles rumbos, caminos en los que presente estás. 

La vespertina marcaba el inicio de la oscuridad y con ella partiste, no sin antes enraizarte a mis brazos y acalorar mis sentidos. Aquella tarde embebida de mágicos resplandores, gotas y hojas marchitas señalaron el principio de algo que parecía lejano y que, incluso a día de hoy, resulta in-creíble. Brinda por nuestros nombres anónimos en el firmamento. Salud por lo venidero. Llena mis venas con tu fructífero veneno, atrévete a extinguir la sed. Reflectores de unos cuantos seremos. Enciende la llama de mi existir. A tu encuentro, esperan mis labios. 

¡No puedo más!
Embate mi pecho con tus olas.
Embebe de caricias mis cabellos.
Trae la aurora, dame el soplo de la vida.

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