La vigilancia epistemológica en Ciencias Sociales

Por: Rodrigo Mendieta Muñoz, PhD.
Director de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Cuenca (Ecuador)

Con el antecedente de que la enseñanza de la investigación en las ciencias sociales “debe romper con la rutina del discurso pedagógico para restituir su fuerza heurística a los conceptos y operaciones…”, Bordieu et. al. (1995) sustentan la importancia de un ejercicio constante de “vigilancia epistemológica” que subordine el uso de técnicas y conceptos a un examen sobre las condiciones y los límites de su validez. Específicamente, los rituales metodológicos de las ciencias sociales deben repensarse en función del caso particular. Así, con la vigilancia metodológica, los autores buscan inculcar una disposición mental cuya condición sea el cultivo de la invención y la prueba del método.

Sustentando lo anterior, se expone que la práctica investigativa social comete errores por una mala interpretación de la epistemología de las ciencias naturales y de su relación con la epistemología de las ciencias del hombre. Bajo esta hipótesis se critica tanto al dualismo de Dilthey por su “mera preocupación por diferenciar”, como al enfoque positivista por imitar. Ambos, se advierte, abandonan el “carácter subjetivo de los hechos sociales y su irreductibilidad a los métodos rigurosos de la ciencia…”, concluyendo con lo expresado por Hayek en cuanto a que los “hechos sociales se diferencian de los hechos de las ciencias físicas en tanto son creencias u opiniones individuales y, por consiguiente, no deben ser definidos según lo que podríamos descubrir sobre ellos por los métodos objetivos de la ciencia sino según lo que piensa la persona que actúa”. Incluso, prosiguen, a este proceso constante de reflexión no debe escapar solamente la ciencia hecha sino la ciencia que se está haciendo, pues el “conocer debe evolucionar junto con lo conocido” (citando a Gaston Bachelard). Ahora bien, la búsqueda de una perfección metodológica puede generar un “desplazamiento de la vigilancia epistemológica” o su “clausura prematura” e incluso, en palabras de Freud, hacer desaparecer la “elasticidad de las definiciones”.

Por otro lado, dado que en las ciencias sociales resulta imprecisa la separación entre opinión común y discurso científico, así como entre percepción y ciencia, que impone las prenociones sobre el conocimiento, se propone que debe darse una “ruptura” entre las nociones comunes y el conocimiento científico, lo que en palabras de Durkheim implica “sustituir las nociones del sentido común por una primera noción científica”. Una técnica de ruptura comprende el análisis estadístico.

Las técnicas de ruptura son, sin embargo, impotentes ante el artificialismo o la “ilusión de la transparencia” mediante la cual un científico sustenta sus explicaciones con base en su propia reflexión personal aparentando una falsa profundidad. Marx, rompe con esta ilusión cuando afirma que la vida social debe explicarse por sus causas profundas, que escapan a la conciencia de los que en ella participan, representando este el “principio de la no conciencia”. Así, las “relaciones sociales no podrían reducirse a relaciones entre subjetividades animadas de intenciones o motivaciones porque ellas se establecen entre condiciones y posiciones sociales…” (Bordieu et. al., 1995).   

Estas armas de ruptura espontánea también deben ser usadas contra el tradicionalismo teórico. Según Bachelard el progreso de la ciencia radica en el constante cuestionamiento de los principios que la fundamentan, es decir “por sus dialécticas y sus críticas”. Enfrascarse en una postura tradicional es aceptar supuestos científicos restrictivos. Como advierten los autores, la verdadera acumulación del conocimiento supone rupturas mediante un enjuiciamiento crítico de sus fundamentos.

Referencia:

Bourdieu, P., J. Chamboredon y J. Passeron (1995). El oficio del Sociólogo. Siglo XXI, México.

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