Semblanza de Jorge Rivadeneira Guzmán

Por: Dr. Luis Rivadeneira Játiva
Quito (Ecuador)

Fotografía de Jorge Rivadeneira Guzmán.
(Ibarra, 18 de mayo de 1917 – Quito, 10 abril del 2002).

Su Padre, Agustín Rivadeneira y su madre: Juana Guzmán. Sus hermanas de madre: Marina Soto Guzmán y Lucrecia Coronel Guzmán. Su sobrina: Norma Yépez Coronel, fue apreciada como hija.

En 1933, siendo joven, se trasladó a Andrade Marín buscando trabajo en la fábrica y fue acogido junto a su hermana Marina por la matrona Doña Orfelina Vinueza, quien le consideró como si fuera su hijo.

En la Fábrica Textil “Imbabura”, junto a otros trabajadores y empleados, fundó el Sindicato y participó en numerosas actividades de defensa clasista, así como en eventos provinciales y nacionales. Llegó a ser Jefe de la Sección de Hilatura. Trabajaba en el turno de velada en la Fábrica y durante el día y el fin de semana cumplía las funciones de Notario Público en la oficina que habilitó en su propio domicilio, en la calle Pérez Muñoz y Amazonas de Atuntaqui.

Fue un autodidacta y llegó a obtener los títulos de Notario Público y Registrador de la Propiedad, presentándose a rendir exámenes en la Corte Superior de la Ciudad de Ibarra. Fue un político conservador pero con un profundo sentido social y solidario. Ferviente devoto católico. Un lector asiduo, un buen orador y como escribano, destacado calígrafo, cuya habilidad inculcó a sus hijos y empleados. Era un hombre muy metódico y puntual. Tenía horarios estrictos para la comida, el descanso, el trabajo, sus prácticas religiosas. A la hora de las comidas, en el comedor debían estar todos: su mujer y los hijos.

En 1949, fue elegido Concejal del I. Municipio del Cantón Antonio Ante. Se desempeñó también como Presidente de la Cruz Roja Cantonal en una etapa en la cual quebró la Fábrica Textil “Imbabura” y nuestro padre buscó la manera de ayudar a quienes se quedaron sin trabajo.

Por los sucesos ocurridos en Atuntaqui por el cierre de la fábrica, muchos ciudadanos estuvieron presos en la Ciudad de Ibarra y, nuestro padre, les ayudó a todos. Su amistad con Don Aníbal Castro surgió por su solidaridad con él, ya que le llevaba en su vehículo a Lucitania Vinueza, todos los días a Ibarra.

En 1956, se acrecentó la amistad y surgió el compadrazgo con Don Carlos Paredes Saltos, en la reconstrucción del Puente de Tumbibiche y otras obras.

Con la familia Terán de Chaltura existen lazos de familia y una sincera y perdurable amistad. Recordamos a Imeldita Terán, quien falleció muy joven.

En 1963, Jorge Rivadeneira Guzmán, junto a Don Hugo Andrade Solano de la Sala y otros ciudadanos del Cantón Antonio Ante dejaron establecidos en la Escuela Católica a los Hermanos Cristianos. Fue Presidente del Comité Central de Padres de Familia.

Nuestro padre, en el medio y en el centro de esta fotografía antigua, del Comité Patrocinador y Hermanos Cristianos Fundadores de la Escuela Católica Hermano Miguel, de Atuntaqui.

En 1965, llevó a su familia a vivir en la Ciudad de Ibarra, quedándose en Atuntaqui, acompañando a nuestro padre, el último hermano Marco, quién fue quizá el más consentido. Hernán, estudió en Atuntaqui, Ibarra y Quito. Se graduó en el Mejía.

En 1966, llevó a su familia a vivir a Quito, porque renunció al cargo de Notario y pasó a trabajar en la Cervecería “La Victoria”, empresa de la cual era accionista. Fue Distribuidor de la misma en Esmeraldas. Una vez jubilado ejerció como Corredor de Bienes Raíces y administró el mandato que llevó su nombre. Su vida fue dedicada al trabajo. Apoyó a sus hijos hasta sus últimos días. Su nieto, Felipe Alarcón Rivadeneira, hijo de otra de sus consentidas, Juanita Irene, supo mantener una relación entrañable con don Jorge. Existen numerosas anécdotas que dan cuenta del cariño y apoyo mutuo. Su mensaje a la sociedad anteña tiene que ver con los valores que practicó en su vida: honestidad, responsabilidad y solidaridad. Siempre recordó a la Ciudad de Atuntaqui, a sus familiares y amigos. Ejerció en su vida con honestidad las siguientes funciones: Concejal del I. Municipio del Cantón Antonio Ante, Jefe de la Sección Hilatura de la Fábrica Textil “Imbabura”, Presidente de la Cruz Roja Cantonal, Registrador de la Propiedad, Notario Público, Presidente del Comité Central de Padres de Familia de la Escuela Católica “José Ricardo Vásquez”.

Dos hermanos llegan a Atuntaqui. A la memoria de nuestra tía Marina Soto Guzmán

Iglesia Matriz de Atuntaqui.

En la primera mitad del siglo XX, en los años 30, los hermanos de madre Marina Soto Guzmán y Jorge Rivadeneira Guzmán llegan de Ibarra a la parroquia urbana Andrade Marín de Antonio Ante, a la casa quinta de nuestra recordada abuela Orfelina Vinueza, buscando trabajo en la Fábrica Textil “Imbabura”. Sus padres, de origen humilde, habían solicitado la ayuda de ella.

Sin carreteras, a través de caminos vecinales, con la ayuda de sus coterráneos, llegan a Andrade Marín como lo hace la gente de bien, a buscar trabajo. Nuestro padre Jorge, se ganó la amistad y confianza de nuestra abuela y fue tratado, según nos contó, como un verdadero hijo. Marinita siempre junto a su hermano, en todo momento y en todo lugar, siempre preocupada por él.

Contrajo matrimonio con Don Eduardo Zumárraga Puma, hombre de bien que hizo muchas obras de beneficio para la sociedad anteña, especialmente, en el campo deportivo, como Presidente del club “Circulo Ecuador”. Se cuenta que nuestro padre llegó un poco tarde a la fiesta de matrimonio de su hermana y no le dejaron entrar, al no creer que era el hermano menor, posiblemente, porque era muy joven, utilizaba su clásico gorro y no estaba elegantemente vestido como los demás. Le tocó manifestar, a viva voz: “Yo soy el hermano de la que se casó”, para que le dejen pasar y poder estar en la fiesta de su hermana.

Nuestra abuela, al pasar el tiempo, recibió a Marinita y a nuestro padre en la Quinta, quienes hicieron el pedido de la mano de mi madre y se formó nuestro árbol genealógico.

¿Cómo olvidar a Marinita?- Ella, hasta sus últimos días de vida y, porqué no decirlo, hasta su último aliento, siempre preguntó a sus hijos por nuestro padre, solicitándoles que tienen que visitarle. Los lazos de familia fueron tan arraigados que muchos se preguntaban de donde viene el parentesco, al tener apellidos paternos diferentes, pero los lazos consanguíneos maternos unieron a los hermanos hasta la muerte. Nuestra recordada tía quedó ciega por su larga enfermedad, pero, ni aun así, se olvidó de su hermano, siempre la constante pregunta a sus hijos sobre la salud de mi padre, manifestándoles si habían estado con él… Ella, desde luego, le tenía en su mente y, cuando tenía la oportunidad de visitarle, le acariciaba su rostro como queriendo mirarlo con la ternura de sus manos.

Un poco para abrir espacios en el relato, es necesario decir a los lectores que Marinita, una mujer muy hermosa, era el centro de interés de los anteños, porque siendo de otro lugar, llamaba la atención a todos. Cuentan que nuestra tía tenía ondulados cabellos de color castaño y era una joven muy dinámica, que tuvo el aprecio de toda la sociedad. Ella, llena de admiradores, se casó con Eduardo Zumárraga, un hombre serio y trabajador, muy apreciado por mi abuela Orfelina, que formó la genealogía de la familia Zumárraga-Soto.

Quienes saben de la historia de Marinita Soto y de nuestro padre, son la tía Matilde Játiva y nuestra madre, Leonor Játiva. Esa historia debe ser recogida por sus hijos.

Para conocer la historia de nuestros padres, debemos recorrer los caminos por donde transitaron, las diferentes geografías que observaron y la música que escucharon.

Ciudad de Atuntaqui.

La minga del puente de Tumbibiche. A la memoria de Carlos Paredes y Luisa Vallejos

El antiguo puente de madera en la quebrada de Tumbibiche de Atuntaqui fue reparado en el año de 1956, mediante una gran minga de los moradores del barrio de “San Ignacio”, dirigidos por Carlos Paredes, agricultor y ganadero, hombre generoso, junto a Carlos Aguirre y Reinaldo Vallejos.

Los recuerdos de niñez recogen el hecho de que a nuestro padre Jorge, en ese entonces Concejal del Municipio, le había pedido su amigo Carlos ayuda para construir el puente, ya que los moradores del sector se veían obligados a pasar por el fondo de la quebrada y, en las noches, era imposible cruzar sin linterna, por ensanchamiento del camino a “La Merced”.

A principios del año 56, en el mes de enero, mi padre, muy por la mañana me llevó caminando al lugar de la gran minga que la población del sector hacía para construir su puente con la ayuda del Concejo Municipal. Don Carlos me conoció en esa oportunidad y me trató como si fuera de la familia y me hizo participar en la fiesta. Al norte se construía una parte del puente que tenía que unirse al nivel del lado sur. La banda con música de nuestra tierra levantó el ánimo de los sudorosos mingueros; hacia el sur, estaban los moradores de San Ignacio: Doña Luisa Vallejos, esposa de Don Carlos, acompañada de las damas que habían preparado sabrosos platos de comida criolla y chicha de jora. Se tenía entendido que en horas de la tarde se iba a lograr unir las dos partes del puente, después de una larga jornada de trabajo.

Qué emocionante para un niño observar a los mingueros levantando las bases y la estructura del puente, para luego empatar su maderamen con su parte contraria. La madera era noble, trasladada al lugar por Don Arturo Pérez, de Yanayacu, con días de anticipación para su preparación en los aserraderos y su tratamiento para evitar la polilla.

La fiesta comenzó y Don Carlos me llevó de la mano a un lugar seguro y me ofreció el delicioso pan de casa. La banda interpretó el pasacalle “Reina y Señora”, la gente se entusiasmó y comenzó el baile. Yo aprendí a bailar en esta minga y fiesta porque en forma espontánea creí que todos debíamos divertirnos. La verdadera alegría está en bailar cuando se desea manifestar una satisfacción.

Pasado el mediodía, se dio el júbilo general porque el puente en su estructura se terminó, aunque hacían falta los acabados. Don Carlos me llevó al otro lado de la quebrada y su mujer me brindó un plato típico con presas de cuy y gallina de campo, papas con salsa y mote y un “pilche” de chicha de jora. La banda se pasó al sector de San Ignacio y la fiesta se extendió hasta que se ocultó el sol.

Nuestro padre tomaba tragos de caña con sus amigos, especialmente, con Don

Carlos Paredes y su familia, nuestro tío Jorge Montalvo y Don Guillermo Meneses.

Nuestro padre solicitar a Don Carlos que sea mi padrino de Confirmación en el mes de mayo. Él aceptó de buen agrado y acarició mi cabeza como una manifestación de su aprobación.

No recuerdo la hora de regreso a nuestra casa, pero, seguramente, eran horas de descansar.

Vivencias de nuestro padre y la familia. A la familia Rivadeneira Játiva

Siempre en nuestras vidas estará presente el legado de nuestro padre, Jorge A. Rivadeneira Guzmán, especialmente, en lo que respecta a formar una escuela del bien, basada en la honestidad y solidaridad. Cuando fue Presidente de la Cruz Roja Cantonal en una época difícil para los anteños, ya que la Fábrica Textil “Imbabura” quebró y sus obreros se quedaron sin trabajo, supo enfrentar la situación y logró ayudar a sus coterráneos mediante la ayuda conseguida para ese noble propósito a través de la Cruz Roja mundial.

De la época en que nuestro padre fue Concejal recuerdo la reconstrucción del puente de Tumbibiche con madera noble, sobre lo cual entregué un mensaje en la obra: “Recuerdos de Imbabura”. Trabajaba en la fábrica como obrero. Hubo una etapa en la cual se desempeñaba en el día como Registrador de la Propiedad y, en la noche, como Jefe de la sección de hilatura en la fábrica. Era un trabajador incansable. Su frase preferida con visión de futuro fue: “hay que ver más allá de las narices”.

Nuestro padre ha sido el mejor referente, un ejemplo para nuestra vida basada en el trabajo y en la honestidad. Qué bueno que todos conozcan que fue un hombre extraordinario, porque nos dio ejemplo de disciplina. Trabajaba sin descanso ni medida, de sol a sol, porque inclusive lo hacía las noches.

Como hombre de bien quería asegurar nuestro futuro. Cuando nuestro hermano Hernán se graduó de bachiller en el Colegio “Mejía” y se disponía a ingresar en la universidad, él tomó la determinación de traernos a Quito a todos. Trabajó y era accionista de la antigua fábrica de cervezas “La Victoria” y comenzó una nueva vida para nosotros, abriéndonos campo como profesionales. Como éramos seis hijos y no alcanzaba el dinero, nuestro padre aceptó el puesto de Distribuidor de la Cervecería en Esmeraldas y nos mantuvo a todos estudiando.

Trabajó casi hasta los últimos días de su vida. Cuando se jubiló para nuestra admiración siguió capacitándose y trabajando en la actividad inmobiliaria.

Cómo olvidar a nuestro padre cuando ejerció las funciones de Registrador de la Propiedad y, luego, de Notario Público. A los campesinos les atendía de la mejor manera, y cuando no le podían pagar en dinero por las escrituras, porque no lo tenían, estaban presentes con gallinas de campo, huevos y frutas, aunque en algunas ocasiones se olvidaba de las cosas y se malograban.

Recuerdo que en la Notaría le esperaban sus amigos: nuestro vecino el señor Jaramillo, Genaro Andrade, Alfredo Montalvo y otros que, por lo general, eran los testigos de los contratos de compra-venta. Ellos también disfrutaban de las bondades de los indígenas cuando llegaban de lejanos poblados a realizar escrituras. ¡Qué difícil hacer una escritura de hijuela divisoria de los herederos de una propiedad!- Mi padre lo hacía de la mejor manera para que todos se sientan satisfechos y siendo un verdadero escribano, de tinta y pluma, escribía la matriz de la escritura con una letra inconfundible. Tenía tanto trabajo que se olvidaba de sus necesidades biológicas y cuando requería de urgencia un baño salía corriendo, pero siempre le encontraba ocupado y había que cederlo en forma urgente, porque de lo contrario…

Todos nos hemos preguntado cómo nuestro padre logró tantas metas.

Consideramos, que se debe al arduo trabajo. Alguno de nosotros debíamos heredar su capacidad para hacer negocios. Bueno, la vida depara acciones diferentes y profesiones nuevas. Fue un autodidacta que logró los títulos de Registrador de la Propiedad y Notario Público, en una época que no había universidades en Imbabura y era necesario prepararse por su cuenta para rendir un examen en la Corte Superior de Justicia de Ibarra. Él, por su origen humilde, no tuvo la oportunidad de estudiar en las universidades existentes pero se formó en la universidad de la vida.

Fue Presidente del Comité Central de Padres de familia de la Escuela Católica “José Ricardo Vásquez” y dejó establecidos a los Hermanos de las Escuelas Cristianas en el año de 1963, junto a Don Hugo Andrade Solano de la Sala, y un grupo importante de anteños.

Apreció a sus amigos: Rafael Montalvo, Genaro Andrade, Gabriel Cadena, Manuel Posso, Alfredo Estévez, Guillermo Andrade, Luis y Guillermo Marcillo, Guillermo Meneses, Leonardo Ponce, Alberto Cevallos, Hermógenes Mantilla, Colón Granja, Jaime Hipólito Gordillo, Ignacio Bolaños, entre otros.

Tuvo un aprecio muy especial por sus primos: Oswaldo, Frida y Piedad Alzamora.

Cultivó la amistad que permite tener compadres y familias amigas de noble tradición. Recuerdo a las familias: Almeida, Alzamora, Andrade, Ávila, Báez, Brito, Cadena, Castro, Cevallos, Espinosa, Estévez, Gordillo, Jácome, Jaramillo, Játiva, Mantilla, Marcillo, Meneses, Montalvo, Paredes, Palacios, Ponce, Posso, Ruiz, Sánchez, Terán, Vallejos, Villegas, Vinueza, Yépez y Zumárraga, y otras más. Su sobrina más querida era Norma Yépez Coronel.

Tuvo una amistad muy entrañable con Imeldita Terán y toda su familia. A nuestra prima Hilda María Almeida Játiva le apreció como a una verdadera hija. Arturo Almeida Játiva, último hijo de Victorita, fue muy querido por nuestro padre. De su tierra natal Ibarra, apreció a las familias: Suárez, Zuleta y Arturo.

A decir verdad, gracias a él aprendimos a escribir correctamente, con caligrafía y ortografía. Llegué a ser Amanuense de la Notaría. El Jefe inmediato era “Pachito” Paredes, Oficial Mayor, hijo del compadre Carlos Paredes. Ya en Quito, junto a nuestro hermano Hernán, trabajamos en la Notaría Cuarta y éramos admirados por nuestra laboriosidad. Quien debería ser Notario Público y tiene suficientes conocimientos para ello, es Hernán, pero sería importante ser su Oficial Mayor.

Nuestro padre se preparó en Quito como Corredor de Bienes Raíces y, gracias a él, logré hacer amistad con los mejores vendedores de inmuebles. En gratitud a él aprobé el Curso de Corredores de Bienes Raíces y obtuve la Licencia Profesional para incursionar en este campo de la actividad comercial con una empresa familiar.

Nuestro padre está con nosotros. A Violetita, Diana y Marco Rubén Rivadeneira Játiva

Hay cosas de él que seguimos cumpliendo y acciones que seguimos manifestando. Nuestros hijos creen que nos sigue iluminando y está pendiente de que a nadie nos falte nada. Su presencia es espiritual.

También nuestro padre está en los recuerdos de la casa huerta de Atuntaqui, la casa vieja de Quito, la Quinta “San Jorge” de Sangolquí y en los múltiples terrenos que él tuvo pero que los devolvió a sus antiguos dueños. En el terreno que tu conservas, hermano Marco, como recuerdo en Andrade Marín, en sus árboles, arbustos y flores, porque con seguridad nuestro padre, en la noche, riega tus plantas, para que tú puedas entregar los frutos a tu esposa e hijos que fueron muy queridos por él.

Hay la memoria de nuestro padre en los lugares que él frecuentó, familias que él estimó y en las pocas cosas que conservamos de él. Gente sencilla como la familia Paredes, que tienen mucha dignidad e historia; la amistad con la familia

Terán de Chaltura, es digna de conservarla; su relación con mi tocayo Luis Marcillo y su familia; su amistad sincera con el doctor Leonardo Ponce y su familia, y otras innumerables familias.

Muchas veces, hermanos, he buscado un pretexto para estar con ustedes, aunque me han acogido sin darse cuenta. Nuestro hermano Marco es el que más se parece a nuestro padre, a más de tener su misma voz, lo cual demuestra que estás aventajado, porque tienes muchas cosas él.

Nuestro padre, también está en las manos de nuestra madre, porque ella lo acarició y estuvo con él junto a Juanita Irene hasta que exhaló su último aliento; yo, un humilde profesor, estuve dando clases, para ganar el pan de cada día, sin pensar que nuestro padre podía morirse. Justamente esa humildad es la que nos hace grandes y nos asemeja a él. Cuando somos solidarios con las personas, entregamos unos cinco centavitos de felicidad a los niños pobres que hacen hasta de magos en las calles y dejamos de comer para dar algo de nuestro pan a los mendigos……tenemos gestos de Jorge Rivadeneira Guzmán.

¡Quién como tú, hermano Marco!, pensando en salvar a nuestro padre cuando ya estaba debilitado; buscando qué se debe hacer para que vuelva a caminar, sin acordarse de que estaba postrado en una silla de ruedas facilitada por nuestra apreciada Rosita Terán. ¡Tú nos asombraste! Estuve a punto de llamar a la familia a pedido tuyo, para decirles que es necesario buscar la forma de que nuestro padre sea rehabilitado para que vuelva a caminar, pero era imposible ese milagro. Me alegro por ustedes, los últimos, que tuvieron la suerte de vivir más tiempo y recibir más consejos de nuestro padre. Nunca olvidaré que fueron mis compañeros de viajes, paseos y fiestas, a todos los lugares de nuestra geografía.

Desde luego, he llorado a solas por nuestro padre; porque sólo cuando se pierde a un ser querido, uno se da cuenta de su valía. Esa es la vida, deja lecciones a cada paso y en cada camino. Por eso, para no olvidarla, es necesario recorrer por los caminos polvorientos de Imbabura, por Caranqui y Andrade Marín y, especialmente, por San Ignacio, San Vicente y San José y por la tierra sin igual de nuestro abuelo: Chaltura, escuchando la música y canciones nacionales que a él le gustaban.

Historia de la calle Jorge Rivadeneira Guzmán. A la memoria de nuestro recordado padre.

Hostería Pueblo Viejo de Atuntaqui, en la calle Jorge Rivadeneira Guzmán.

¡Qué importante que en nuestra ciudad natal el I. Municipio haya reconocido a nuestro padre designando una calle con su nombre!

Una mención especial a nuestro hermano Marco, porque llamó desde el teléfono de mi madre recordándome el viaje a Atuntaqui, y volví escuchar la voz de nuestro padre, aunque en otro tiempo y espacio.

Siempre recordaré a mi hermano Hernán indicándome lo que debemos hacer ese buen día en homenaje a nuestro padre. Su constancia en esa meta hace que sea una persona importante en la vida de nuestra familia. Llegué ese día, por mi trabajo, más tarde, contemplé solo, pero con alegría, el paisaje de los alrededores de la calle Jorge Rivadeneira Guzmán. En la noche me reuní con la familia en la casa de nuestra prima Teresita Meneses.

Al ex-Alcalde Luis Gonzalo Yépez, a los doctores: Tito Villegas y Joaquín Paredes, a todos los Concejales, al Profesor Marcelo Estévez, del Departamento de Cultura, y al doctor Jairo Terán y Marthita Andrade, nuestra eterna gratitud por auspiciar esta idea. En un acto oficial del Municipio, solemne y emotivo, en un escenario hermoso: el patio interior de la Hostería “Pueblo Viejo”, junto a la Capilla y una fuente, llena de agua y flores, se realizó el acto inaugural con presencia de las autoridades del Cantón y de la Banda Municipal.

Es necesario resaltar las palabras del Dr. Tito Villegas, en representación del Señor Alcalde, el discurso muy bien elaborado por el Sr. Efrén Sánchez sobre la vida y obra de nuestro padre, con los datos proporcionados por la familia y las palabras de agradecimiento a las autoridades, familia y presentes de nuestro hermano Hernán, quien después del acto hizo una invitación a su hermosa quinta. Nuestra madre realizó la develación de la placa que lleva su nombre elaborada por el artista amigo Sr. Eddy Ruiz.

La calle Jorge Rivadeneira debe tener su historia. La Hostería “Pueblo Viejo” está funcionando en ella, lo cual es un atractivo para los turistas. Hemos soñado que hay casitas que se construyen en toda su extensión y que todas tienen como característica sus faroles en sus fachadas y las mismas son de ladrillo, madera y teja, al igual que sucede en Loja con la “Calle de Lourdes”. Hemos soñado, también, que un buen morador del sector me ha cedido unos metros de terreno y he podido conservar un recuerdo tangible e invalorable para toda mi vida. Quizás Dios quiera que mis sueños se hagan realidad.

¡Qué importante que llegue un correo postal a la calle tiene el nombre de nuestro padre! Bueno, son sueños. Se dice que la persona que no sueña no tiene visión de futuro. Créanme ustedes, actualmente estoy soñando a colores, para tener un futuro de película.

Sería valioso que la familia me ayude a entregar estas memorias a los moradores que actualmente viven en la nueva calle y se les diga a todos quién fue nuestro padre, aunque cada entrega de un libro es una emoción recordando a quien nos dio la vida.

En homenaje a nuestro padre decidimos poner su nombre a nuestro hijo, que seguirá su ejemplo y una empresa de bienes raíces que es su mejor herencia.

Es necesario conseguir del Municipio una Ordenanza Municipal que posibilite ver una calle convertida en jardín y turística, peatonal a partir de la Hostería “Pueblo Viejo”.

Leonor Játiva Vinueza, cumplió 105 años

Óleo de Leonor Játiva Vinueza, esposa de Jorge Rivadeneira Guzmán.

El 31 de diciembre de 2016, Leonor Játiva Vinueza, anteña, cumplió 100 años de vida, gracias a la bendición de Dios y el cuidado de sus hijos, quienes le han dado una vida tranquila y apacible, para la alegría de su familia y seres queridos. Sus hijos: Hernán(+), Irene, Luis, Violeta, Diana y Marco Rivadeneira Játiva, sus nietos y bisnietos, le rindieron justo homenaje en el Hotel Sheraton, de Quito, el 7 de enero de 2017, por su centenario de fructífera vida.

El 19 de diciembre de 2021, cinco años después, en el mismo Hotel Sheraton, su familia le rindió un justo homenaje a Leonor Játiva, con la presencia de sus hijos, nietos y bisnietos, y sus familias, al cumplir 105 años de vida.

El programa fue variado y de confraternidad familiar. Hizo de Maestro de ceremonias, Marco Rivadeneira Játiva. En el homenaje a la bisabuela, abuela y madre, intervinieron sus hijos: Irene y Luis Rivadeneira Játiva, su yerno Adolfo Alarcón, sus nietos: Violetita Bravo, Víctor y Juan Carlos Rivadeneira, quienes recordaron especialmente sus valores, la casa huerta de Atuntaqui, sus estudios en el Liceo Fernández Madrid, que le permitieron ser Maestra de bordado a máquina. Los intermedios musicales lo hizo su nieto Jorge Rivadeneira Bracho, quien deleitó a los asistentes con las canciones: Desde el fondo de mi alma, Frente al espejo, El Cantante, entre otras.

Dios, le ha dado a Leonorita Játiva una larga vida, para la alegría de su familia.

Leonor Játiva, junto a su hijo Marco Rivadeneira Játiva.

Nuestro Patrimonio Industrial. Museo Fábrica Imbabura

Fábrica Textil Imbabura.

En el mes de mayo del año 2001, se solicita que la Fábrica Textil Imbabura y sus componentes sean declarados Patrimonio Cultural Industrial del Estado y la licencia fue concedida. Años después, la Municipalidad del Cantón Antonio Ante, de la Provincia de Imbabura, República del Ecuador, diseñó el proyecto “Centro Cultural Fábrica Imbabura”, mediante el cual se pretende convertir, a lo que queda de la fábrica, en un eje de desarrollo social, cultura y productivo del cantón. El conjunto arquitectónico patrimonial de la fábrica se constituye en un hito histórico relevante de gran importancia porque representa la identidad cultural del cantón Antonio Ante.

Nuestro querido padre, Jorge Rivadeneira Guzmán, trabajó muchos años en ésta fábrica textil, y nuestro interés era conocerla de cerca para recordar primero, nuestra vida juvenil en Imbabura, así como también, el lugar de trabajo de nuestro padre. Logramos, con mi ahijado Andrés Terán, hacer el tour en la fábrica y sentimos la presencia de nuestro padre y del abuelo de Andrés, ya fallecidos, en sus pasillos. Recordé la tez morena de nuestro padre, pulida por el paso del tiempo y las largas jornadas de trabajo, su calidad humana. Fuimos, justamente, al lugar de su trabajo, que era la sección de hilatura, de la cual llegó a ser su jefe y nos admiramos de la maquinaria existente. Fue una experiencia interesante y enriquecedora por que al salir, sentimos también la presencia de los comerciantes que vendían víveres a los obreros los días viernes, a la salida de la fábrica.

Nuestro padre, un autodidacta, se formó por su cuenta, como Notario y Registrador de la Propiedad, cargos que los ejerció con honestidad y responsabilidad, hasta el año de 1963, en el cual quebró la fábrica y decidió traernos a estudiar en la Universidad Central del Ecuador, de Quito, para ser ciudadanos de bien y buenos profesionales y jamás olvidar nuestros orígenes y nuestra identidad cultural, que están en la Fábrica Textil que sirvió, luego, para el lograr el desarrollo de la pequeña industria y el comercio, en nuestra tierra natal, a las faldas del volcán Taita Imbabura.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.