Los preciosos ridículos

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

Como en la obra de Molière, “Las preciosas ridículas”, la sumatoria de las curiosidades que se están disputando algunos personajillos del entretenimiento nacional, no es otra que hacer alarde de todos sus complejos, y entre ellos las mezquindades que van desde lo más trivial hasta lo más rebuscado, por denominarlo de alguna manera. Me refiero a las diatribas que se han publicado en los medios de comunicación nacional y las redes sociales, a raíz del anuncio de la fórmula presidencial de uno de los candidatos a ocupar el solio de Bolívar, en Colombia.

Si bien en la columna pasada mencionaba la feria de sandeces en las que se han convertido los debates de los candidatos a la presidencia, del discurso amañado y vacuo para arremeter contra el otro, en que consiste en muchas cáscaras y muy pocas nueces; también afloran ahora los viejos resquicios colonialistas en un país que no ha superado todavía que las dinámicas cambian y que, aunque minorías, y sobre ellas las eternas luchas. Es el caso de Francia Márquez, la lideresa social oriunda de una de las regiones más olvidadas de la geografía colombiana, y que funge como la más opcionada para ocupar el cargo de vicepresidenta de los colombianos.

Ponderar la travesía de esta mujer, abogada de profesión y quien ha denunciado la explotación minera en el Chocó, la expropiación de tierras por las grandes compañías que cuentan con el aval del gobierno de turno, no sólo se ha convertido en la piedra en el zapato para los políticos de oficio en este país, también es un referente de coherencia moral y congruencia entre su discurso político y su vida personal. Ha sabido Francia ganarse la animadversión de algunos fulanos o fulanas que ven en ella un peligro que amenaza la estabilidad de la corrupción que tan bien se ha posicionado en las últimas administraciones.

Por eso, por no tener cómo menoscabar su trayectoria limpia y sin tacha, le lanzan comentarios racistas, peyorativos que a la final tienen efectos contrarios. Es otra de las manifestaciones verbales y discriminatorias que nos dejan mal parqueados. No se han podido superar los 171 años en los que en este país se declaró la abolición la esclavitud, pero en lo cultural y en lo mental perviven y afloran cuando sienten que una persona, como Francia, que encarna las minorías puede ocupar la Casa de Nariño, por ser la fórmula del Pacto Histórico, que arrasó en la reciente consulta de marzo.

Pero volvamos a las ridículas o ridículos, para no ser excluyentes, y no caer en ese estigma del lenguaje. Ese racismo que se manifiesta en los chistecitos como el circuló en redes sociales: “Si Petro gana, ya tiene cocinera en la Vicepresidencia”, otro comentario de pacotilla y ofensivo de una periodista radial: “Cualquier mujer se vería muy maja, muy mona y muy estrato seis al lado de Francia Márquez”. Un expresidente, muy conocido por su política neoliberal, se fue lanza en ristre contra Márquez porque le dijo de frente y sin eufemismos, que gran parte de las miserias de los nadie, tuvieron su génesis en los tiempos de la apertura económica, es decir, en la época de su administración. Indignado ese expresidente riposta que son “declaraciones groseras y malintencionadas”, pero lo que ese exmandatario no puede tolerar es que una mujer afro se lo haya dicho en la cara.

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