La venganza de Primakov: El retorno  de la geopolítica y el conflicto de Ucrania

Por: Angela Sierra González, PhD
Universidad de La Laguna (Islas Canarias)
asierrgo70@gmail.com

“La realidad muerde”
(Craig Hemke),

1. El desorden ¿realidad o apariencia?

En esta reflexión se pretende cumplir un doble reto: examinar el conflicto en Ucrania, a la luz de las tensiones estructurales de carácter geopolitico  sin dejar  de lado la objetividad en lo descrito y analizado. Para cumplir con estos retos se ha recurrido a la utilización de clásicos, como Karl Von Clausewitz (Vom Kriege,1832)  y Halford Mackinder (The Geographical Pivot of History.1904) Su uso ha permitido, no un alejamiento, pero si un examen retrospectivo, que en la geopolitica es un procedimiento de análisis básico, dado que analizar los conflictos enfatizando  el día de hoy engendra no pocas confusiones,  entre ellas que  las motivaciones contemporáneas  de un conflicto puedan solaparse con sus causas históricas. La enfatización en el análisis del momento en el que están sucediendo los hechos,  obviando sus precedentes, tiene una naturaleza contradictoria, a saber, encubre más que descubre. En ese tipo de análisis numerosas posturas minoritarias o marginales “se pierden”.  Por otro lado, es un exploración de la realidad, que sirve, de paso, para ocultar no pocas ambigüedades, especialmente,  de quienes  han hecho sus cálculos apostando por el conflicto con la esperanza de que ello fortaleciera sus posiciones en el seno de sus “alianzas” y mejorara sus opciones geopolíticas. No todas las reacciones abrigan intenciones ocultas. La tendencia al énfasis  podría explicarse, también,  como la expresión de la toma súbita de conciencia de una vulnerabilidad hasta ahora insospechada.

El resultado de este juego de  intercambio de realidades y apariencias acarrea un hecho inesperado: el conflicto Ucrania-Rusia representa, actualmente, un punto de inflexión para el orden global. Una nueva Guerra Europea se ha entablado y puede ser una guerra prolongada, no sólo por la resistencia armada de Ucrania, sino también por el hecho posible de que  se forme, -más allá de Ucrania-,  un frente Este-Oeste desde el Báltico hasta el Egeo, que involucraría también a Turquía, dado que la batalla por el control de Oriente Medio se ha traslado al  Mar Negro. No se trata  sólo de la guerra de Ucrania, sino de un modo de constreñir, a su vez, a Turquía (Ibrahim Karagüi, 2022).

De entrada nos hallamos ante un juego de posibilidades y probabilidades. Al margen de que se conviertan o no en realidad estas posibilidades o,  lo posible se vuelva probable,  lo que si ha devenido en real es el desmoronamiento del orden establecido en Yalta[1] y en Wretton Woods[2],  después de la Segunda Guerra Mundial. Se ha derrumbado y parece que su restauración se abandona, dado que  China y Rusia comparten una concepción “revisionista” del orden internacional y son dos actores obligatorios para mantenerlo. Se ha ido muy lejos para volver atrás. Así, que se abre una etapa de incertidumbre, desequilibrio y enfrentamiento.

El hecho que ha conmovido los cimientos de este orden,  -que parecía tan sólido-,  se debe a que Rusia  se ha encaminado hacia el ejercicio de la geopolítica como técnica militar. Fue reintroducida -desde la década de los 90-  en la Academia del Estado Mayor[3] por algunos militares, entre los que se encontraba el general Ígor Rodiónov,  que fue su director, si bien,  se dio una adopción de ésta  con altibajos en la línea de tiempo. Estos altibajos eran causados, por más de una razón, pero, fundamentalmente,    porque la perspectiva  militar que provocó la reintroducción de la geopolítica no era compartida por el gobierno de Boris Yeltsin[4]. Sin embargo,  este hecho significó  un cambio de paradigma para las elites militares, habida cuenta  que durante la etapa de la Unión Soviética en las academias militares se consideró a la geopolítica, como una expresión propia de un  ejército al servicio de un estado burgués,  sin valores morales. Un ejemplo significativo de los fines que se atribuían al ejército soviético eran  las distinciones que se otorgaban. La máxima era la medalla denominada  “Héroe de la Unión soviética”, que se concedía, indistintamente a civiles y militares, y que reconocía los actos de la promoción de la paz, el fomento del socialismo o, se concedía, también,  por un acto heroico de ayuda a otros. Nada de belicismo.

Con el retorno de la geopolítica se daba una disonancia cognitiva entre el gobierno y la Academia del Estado Mayor. La concordancia entre los militares y gobierno se produjo con la llegada de Putin, dado que el ascenso de éste al poder llevó a la “adopción abierta de la geopolítica”[5] para delimitar zonas, regiones y fronteras integrantes en las políticas de defensa de la seguridad de Rusia. Estas se dirigirán, a partir de entonces,  a crear presupuestos, organizar programas educativos y mejorar el sistema de formación militar[6]. De hecho, todas las intervenciones militares anteriores al conflicto de Ucrania, como las realizadas en Georgia (2008), Crimea (2014) y Siria (2015)  han sido de carácter geopolítico. Su adopción trajo otras consecuencias, desde que el Estado ruso abrazó la geopolítica, Una de las más significativas fue el cuestionamiento explícito del globalismo, el atlantismo y la hegemonía estadounidense,  mientras que  se reafirmaba, como principio estratégico internacional,  la consecución de  un mundo multipolar.

Cuando los soldados rusos traspasaron la frontera de Ucrania cae un orden,  según Aldo Rebelo (2022)[7], pero con él, habría que añadir,  también, una cultura basada en la cooperación y, cae también, un humanismo político y su carga renovadora. El humanismo político resultaba tan incómodo, como peligroso para  los equilibrios de poder -y no ha sido sólo Rusia quien no lo ha tenido en cuenta- . Desde finales de la década de los 90, la legitimación de la guerra abandona cualquier principio, que sea ajeno a su propia lógica y la lógica de la guerra es la la destrucción del oponente, según Clausewit (Vom Kriege,  1832). Y,  estas lógicas, una y otra vez invocadas, preludian un mundo, en un proceso de transformación  en el que la soberanía se había, reducido hacía mucho  tiempo a una mera instancia formal bajo el ascendiente de las alianzas militares. Con el humanismo desaparece, a su vez, toda la corriente emancipadora de las mujeres que vuelven a su condición de espectadoras de los heroísmos masculinos, particularmente, de los heroísmos guerreros,  que, vengan de donde vengan,  sirven, para legitimar la violencia. Las mujeres son, repentinamente, colocadas fuera de la historia. Miran lo que pasa. No  asumen cargos ni responsabilidades. En su futuro inmediato no se vislumbra influencia alguna   en las decisiones operativas. Pareciera que nada tienen que hacer o  decir. En la democracia griega las asambleas se iniciaban con una pregunta ¿quién quiere hablar? Las mujeres en este conflicto han perdido la palabra.

Otra de las consecuencias es la caída de los principios garantes de la diversidad. Estos entraron en juego en Europa en un  costoso  proceso para aprender a vivir con las diferencias humanas representadas por minorías y territorios lo que implicaba tanto  respeto, participación y convivencia,  como requería la disposición a cambiar nuestras prácticas cotidianas para que no  fuesen racistas o segregadoras. Las diferencias, con el conflicto de Ucrania,  se han vuelto más peligrosas de lo que eran. Ciertamente,  el ideal de la sociedad multicultural y diversa distaba mucho de haber sido alcanzado, pero ahora ha sucumbido en aras de la unanimidad. No se puede disentir. De hecho, la estigmatización de las culturas y de las personas  como instrumento de deslegitimación de éstas, ha devenido en un arma de uso común. El efecto devastador consiste en el en que,   si no se reconoce la diversidad, como  normalidad,  se pone en cuestión la dignidad humana misma. Todo ello descubre que,  en la actualidad,  los conceptos de derechos humanos y libertad forman parte en gran medida de una retórica en una sociedad que,  al menos  temporalmente, parece no creer en ellos.

2.- Regreso al pasado

Decir que nada será igual a partir de ahora es un tópico repetido en las diversas interpretaciones,  que han sobrevenido  y  que se concretan por medio de esquemas, mapas y generalizaciones. Algunas de ellas  enfatizan  acontecimientos del pasado, como la guerra de 1854[8] y los sucesos posteriores a la misma.  Esa guerra provocó la ruptura del “estado de equilibrio” de los imperios europeos que se había establecido en el Congreso de Viena de 1815[9], en el que se llevó a cabo un reajuste territorial de Europa, mediante una reorganización de sus fronteras,  que no tuvo en cuenta las aspiraciones nacionalistas, o revolucionarias surgidas en las guerras napoleónicas[10]. En el Congreso de Viena no estaba bien visto ser nacionalista. De manera, que los imperios trazaron sus límites y dividieron los territorios según sus intereses, orillando las cuestiones culturales y lingüísticas.  De hecho, en el Congreso de Viena las fronteras fueron  pensadas desde los intereses exclusivos de los imperios, Austria, Rusia e Inglaterra,  para los que  la fijación de las mismas  establecía el marco de sus derechos sobre un conjunto de territorios,  que la guerra de 1854 podía deshacer. Ahora, igualmente, un “estado de equilibrio” se ha roto y por ello se vuelve a ese momento histórico buscando claves no sólo para entender el momento, sino para restaurar un orden territorial,  que hasta ahora prevalecía. Como institución, la frontera es ante todo una categoría política que, según R. Zapata-Barrero (2012: 40)  “siempre ha de ser entendida en su propia biografía, como resultado de una historia particular”.  En las últimas décadas se ha intentado “naturalizar” una noción que es básicamente política. Una construcción.  Así,  las actuales fronteras europeas del Este de Europa basan su legitimidad, exclusivamente,  en la disolución de la Unión Soviética y este fue un hecho político que, en su momento, supuso un cataclismo territorial.

En este contexto, las interpretaciones del conflicto, que  se han formalizado responden al cambio en los ajustes territoriales, habida cuenta que un hecho   ordinario –la guerra[11]–  se ha convertido en extraordinario por el espacio dónde se desenvuelve y por  una de las consecuencias, a saber, la reorganización territorial y  el rearme  alemán  anunciado por su actual Canciller[12], quien ha dicho que “Alemania se rearma para hacer frente a la amenaza rusa”[13].  Una respuesta gubernamental al papel  de Rusia en el conflicto.  El Canciller sigue punto por punto la hostilidad de la angloesfera, sumando Alemania  a las posiciones de esta.  Y,  para afirmarse en su decisión de rearmar Alemania,  no sólo se basa en el conflicto de Ucrania-Rusia, sino que  trata a Rusia como a una civilización cuyos valores y misión difieren de los de Occidente. Nada nuevo. Esta cuestión la trató Clausewitz  (Vom Kriege,1832) señalando que el punto extremo de un conflicto bélico se alcanzaba,  cuando se tendía a borrar las diferencias, entre el combatiente y el no combatiente. En el momento histórico en que el Imperio Británico inició el “Gran Juego”[14] se  intentó expulsar, por un camino o por otro, a Rusia de la cultura europea. Hoy de la humanidad[15]. Esto último, también lo hizo el Tercer Reich con extraordinario éxito.

Aparte del rearme de Alemania,  todos los Estados se está reubicando en las posiciones político-militares que ocuparon hace más de un siglo. La cuestión de las fronteras se convierte, así,  en cuestión fundamental, como sucedió 1854. Pero si la guerra es la continuación de política por otros medios, -como advertía Clausewitz (ibidem)- el trazado de fronteras es el resultado de los vaivenes de la política bélica, incluso, teniendo en cuenta la distinción de Clausewitz  entre una guerra acotada o absoluta[16].  En la Europa moderna las fronteras son una construcción política. Al respecto,  la definición política de frontera es  significativa, dado que la noción de frontera aparece como línea de demarcación territorial, pero, también, como título de propiedad de los recursos. Así que, posesión y propiedad definen los límites fronterizos[17]  desde su trazado por las políticas imperiales. No es insólito, pues,  que,  ante una “revisión del orden internacional” como señala Ibrahim Karagüi (2022), se  vuelva, como fuente intelectual geoestrátegica, a la filosofía politico-estratégica de la generación de los imperios, cuando el arsenal de ideas, conceptos y esquemas estratégicos internacionales desarrollados para el “caso particular” de la Posguerra Fría parecen quedar obsoleto. Así, las cosas,  no cabe motivar este conflicto recurriendo a cuestiones ideológicas, que nos devuelven a la Segunda Guerra Mundial, en la cual los frentes estaban definidos, no sólo por el propósito de obtener beneficios a corto plazo, sino, también, por ideologías con concepciones de “futuro” diferentes, si bien, como en las guerras ideológicas, ahora la información (o desinformación) está sirviendo, igualmente,  como agente de movilización social frente al adversario y, al mismo tiempo,  como  factor de desestabilización del campo enemigo, al fomentar la división y las confrontaciones internas. Esta circunstancia ha llevado a señalar,  que se está llevando a cabo más de una guerra. El propio Ibrahim Karagüi, (íbidem) habla de guerras “superpuestas”.

La cuestión esencial es que el conflicto de Ucrania supone una vuelta al valor de los territorios, de los recursos y de las posibilidades geográficas  que éstos abren,  a la movilidad de los ejércitos en el cumplimiento  de estrategias de control del espacio. Este regreso se produce como consecuencia de un acontecimiento,  -o de una experiencia histórica-, la revaluación de los territorios como objetivo,  que está conectada con enfoques de análisis del siglo XIX  sobre antiguos espacios,  no solamente europeos, sino, incluso,  mundiales en esta vuelta de tuerca del retorno, práctico, no teórico, de los imperios. De muchos modos, con el conflicto de Ucrania se reconfiguran poderes. Unos,   suben y, otros  caen,  o declinan, en un marco de transferencias materiales, culturales y tecnológicas. Esta circunstancia conducirá a rupturas, cambios de eje y a la aparición de áreas críticas regionales. Esas área están integradas en las geoestrategias como “puntos de fricción” de los poderes, motivando una reconceptualización  del concepto de frontera, como construcción  política. Ucrania es un punto de fricción.

3.  ¿Cambio de tercio  en la “trampa de Tucídides?

Al reflexionar sobre el ascenso y caída de las grandes potencias, Graham Allison (2017) llamó trampa de Tucídides a la tensión estructural que  se genera cuando surge una potencia emergente,  que desafía el estatus de otra existente refiriéndose con ello a la guerra del Peloponeso desencadenada, según Tucídides por el temor de Esparta ante el ascenso del poder de Atenas. Esas tensiones enmascaran una disputa hegemónica. Circunstancia que, a su juicio, aumenta el peligro de conflictos bélico. Y, según Allison,  se pueden rastrear estas circunstancias en el momento que “Atenas desafió a Esparta en la antigua Grecia, o como Alemania hizo con Gran Bretaña hace un siglo”, así que siguiendo esa pauta, G. Allison (2015)  señala que la guerra entre los Estados Unidos y China no solo es posible, sino que es mucho más probable de lo que se piensa. A su juicio,  la reorientación del centro de la economía política global hacia Asia oriental y el ascenso geopolítico de China implicarían, una guerra global en la que entrarían en juego, los principios representativos de la hegemonía de EE.UU, a saber, capitalismo, territorialismo,  imperialismo y occidentalismo. No han faltado críticos a esta teoría como Mearsheimer, que se apoya, para disentir, en el hecho de que G. Allison se basa sólo en precedentes históricos ajenos a los escenarios del presente. Aunque, también, hay quienes han defendido el uso de los precedentes históricos para predecir la guerra futura, entre ellos se encuentra Z. Brzezinski quien  decía que “la teoría, al menos en las relaciones internacionales, es esencialmente retrospectiva. Cuando ocurre algo que no se ajusta a la teoría, se revisa. Y sospecho –señalaba-  que sucederá en la relación entre Estados Unidos y China” (Brzezinski y Mearsheimer, 2009). 

Ahora, parece más realista la predicción  de G. Allison que, cuando la formuló en el 2015. Sin embargo, este conflicto entre Rusia y Ucrania  parece desplazar las coordenadas de la disputa hegemónica vaticinada entre China y EE.UU. ¿Es casual? O más bien se debe a que EE.UU. no es hoy, como todavía algunos pretenden,  la potencia hegemónica en materia de economía y su disputa con China,   incluso más que fortalecerlo ha puesto de manifiesto sus debilidades, desde que inició  una cuasi guerra comercial en el 2016. Esta cuestión es  objeto de una agotadora discusión. Sin embargo,   EE.UU. sigue detentando una  hegemonía militar, basada en dos “alianzas”, la Alianza del Atlántico Norte y,  la  del Indo-Pacífico  Aukus[18],  a través de las cuales controla casi todos los recursos de poder en Occidente. Y,  no sólo en Occidente.  El militarismo es, pues,  un rasgo estructural mediante el cual el imperialismo estadounidense se inserta en el sistema internacional. El problema es que ahora mismo Rusia es la potencia militar emergente y la disputa por la hegemonía militar parece que posterga a un segundo lugar, la económica. La “fricción” entre la hegemonía futura y la presente tiene como escenario a Ucrania, por lo que la “trampa de Tucídides” en este momento se ha reformulado de una manera no prevista por G. Allison.

Y, llegados a este punto hay que volver a Clausewitz (Vom Kriege,  1832)   para quien en  el desarrollo de la guerra lo que realmente interesa es el papel de la política: la comprensión de los objetivos, la disposición de los medios, el cálculo racional de las oportunidades y el establecimiento de límites al uso de la fuerza acordes con el propósito político formulado.  En la historia presente se está  teniendo en cuenta estos imponderables. ¿Por que ha sobrevenido la beligerancia con Rusia?   Probablemente, porque EE.UU ha dejado de ser el eje del mundo para convertirse en sólo una potencia militar.  Su dominio se mantiene con una estructura militar que sirve, particularmente, para mantener en cautividad  a sus aliados. Y,  Rusia desafía abiertamente este poderío. Uno de los éxitos esgrimidos en el curso de la guerra ha sido precisamente, la unidad de los “aliados”. Su potencial de destrucción mutua les lleva a evitar el enfrentamiento directo,  pero si pueden hacerlo a través de territorios críticos. O regiones críticas y esto es lo que ha sucedido en Oriente Medio y, ahora, está sucediendo en Ucrania.

4. Viejos conceptos. Nuevos escenarios

Desde la Segunda guerra Mundial, que no ha sido, por cierto, la última guerra europea[19],  se entendió que el antagonismo entre los poderes telurocráticos[20] y los talasocráticos[21] se había saldado con la victoria de los segundos sobre los primeros, obviando una realidad incuestionable que Alemania –potencia continental- había sido vencida por Rusia –otra poten- cia continental- y no por la potencia marítima por excelencia,  Inglaterra, auxiliada,  por Estados Unidos. Ninguno de ellos  hubiera podido vencerla sin la participación de Rusia, entonces Unión Soviética,  y,  sólo a partir de la intervención de ésta,    la Wehrmacht  retrocedió constantemente hacia territorios alemanes hasta ser desarticulada. La angustiosa evacuación del ejército inglés de Dunkerke en 1940 demostró su incapacidad para derrotar a la Wehrmacht y la debilidad de su poderío marítimo[22].  Pero, tanto Alemania, como Rusia, al final de la Segunda Guerra Mundial estaban extenuadas y experimentaron, posteriormente,  un largo proceso de reconstrucción interna y de reconfiguración territorial, incluso, de recreación de su identidad, así como de sus objetivos políticos y militares. Un proceso más difícil para Rusia que para Alemania. En Rusia, o mejor dicho la URSS, de repente, todo se derrumbó y la ideología comunista fue abolida e incluso prohibida bajo Yeltsin (al menos durante un tiempo). La columna vertebral del Estado ruso era el ejército, como el organismo más importante al interior del Estado, junto con el Partido comunista (PECUS). Uno y otro se desplomó. El Partido comunista se disolvió  y las fuerzas armadas comenzaron a decaer. En la primera guerra de Chechenia, bajo Yeltsin,  el ejército ruso fue, en la práctica,  derrotado,  lo que obligó a Yeltsin a declarar un cese del fuego unilateral en 1995 e iniciar la retirada de tropas al año siguiente.

Con independencia de estos hechos, después de la Segunda Guerra Mundial,  Alemania y Rusia –la URSS hasta su disolución-,    han padecido, desde entonces,  turbulencias internas relacionadas con la interpretación de su pasado,  que se ha proyectado,   como una sombra alargada sobre su presente y ahora, también, sobre su porvenir.  La pérdida de fuerza, de una y otra, en la posguerra trasladó el poder y la influencia hacia la angloesfera, aunque la creación de la Unión Europea y, la disolución de la Unión Soviética pareció disipar la tensión  continental y deshacer el antagonismo existente durante la Guerra Fría, saldándose al final de ésta, aparentemente, con una victoria aplazada de Alemania sobre Rusia, puesto que había podido reconfigurar su ascendiente sobre toda Europa, incluso la Europa del Este,  hasta llegar a su cenit con la creación de la Unión Europea y la supresión del principio obligatorio de unanimidad en los acuerdos alcanzados en el seno de las instituciones europeas.  Principio  que fue sustituido por el acuerdo de las mayorías[23].  El resultado de este cambio ha permitido a Alemania –a través de la Unión Europea-  irradiar su influencia sobre todos sus socios y le ha permitido controlar las instituciones europeas. Hoy detenta la presidencia de la Comisión Europea, la última institución que se le había resistido. Con todo, su ascendiente en el seno del Tratado del Atlántico Norte ha sido menor, si bien hay aspectos sorprendentes  de su participación en esa Alianza, así, en el siglo XX sus fuerzas áreas, bombardearon dos veces Belgrado: en la Segunda Guerra Mundial [24] y durante  el conflicto yugoslavo. Su contribución en este último conflicto fue decisiva, tanto para su inicio como para su continuidad. Un enfoque novedosos sobre la postulación del “rearme”  es el de la publicación alemana Krass & konkret (21/03/22). Según este medio Alemania estaría utilizando la guerra para su despertar nacional, el rearme de la Bundeswert, tendría el propósito de enderezar el desenlace fallido de la última guerra mundial.

Mientras que Rusia, después del colapso de la URSS ha  tenido que enfrentar un declive de su poder y la mudanza  de sus fronteras.  El declive de una y la transformación de la otra,  de oponente en un aliado decisivo de la angloesfera, decidió por décadas el status de Europa. Eso acaba de cambiar. En esta obra de teatro Alemania parece haber pasado a ser actor principal de ser un actor secundario. ¿Qué ha sucedido con Rusia? La influencia de la geopolítica en sus  estrategias militares también trata de enderezar, como en el caso de Alemania,  un resultado fallido, a saber, el derivado de su acercamiento a Occidente.  Ahora se gira  a otra percepción de su  propio lugar en el mundo, basándose en la idea de que Rusia es una de las grandes potencias eurasiáticas,  que estabilizan y organizan el heartland[25] del continente, siendo, al mismo tiempo, en cuanto territorio, que  se extiende a más de un continente, un espacio de vinculación  entre la civilización europea y la no europea.

5. El anverso y el reverso de la dominación

Por otro lado,  al final de la Segunda Guerra Mundial, hubo un consenso de ciertos expertos anglosajones, especialmente estadoudinenses,  sobre el final de la geopolítica[26] como concepción explicativa de la acción  “exterior” de los Estados, sustituida por el concepto de hegemonía, un concepto que integra aspectos no sólo militares, sino, también culturales capaces por sí mismos de engendrar “consensos” sin el concurso de la acción militar[27]. La  consecución del consenso cultural engendraba la complicidad social de los países subordinados con el país hegemónico. Durante décadas este proceso ha ido desarrollándose integrando países de América Latina, Europa y Asia. El argumento fundamental, durante la Guerra Fría para lograr el “consenso”, fue la “American way of  life”[28], que sedujo a los europeos y, también, a los rusos. La elite política rusa ha sido neoliberal y prooccidental el conflicto de Ucrania es la expresión de una desintegración de la legitimidad de parte de su elite dirigente. De hecho, algunos de esos expertos cifraban  el poder del imperio de EE.UU. en la hegemonía. Consideraban esta como un hecho singular –y único-  de la época[29].  Tony Negri y Michael Hard (2005) analizaron el proceso de universalización de la hegemonía, con la introducción de instituciones internacionales mediadoras para la resolución de los conflictos, la demarcación de fronteras, o el ingreso para entrar en el interior de otro Estado bajo autorización. Sin embargo, muchos otros autores, entre otros Chomky (2016) y Sousa Santo (2008),   se cuestionaban,  si el antagonismo bélico por el dominio del territorio  enmascarado bajo el disfraz de la lucha por la democracia contra el comunismo, -rivalidad  que recorrió el mundo hasta 1989- no escondía razones geopolíticas, habida cuenta que el desarrollo de algunos conflictos bélicos de la posguerra (Corea, Cuba, Vietnam, Irak, o el mismo conflicto yugoslavo,  Siria, así como el sistemático intervencionismo en Latinoamérica) no generaban consensos, sino que imponía pautas políticas definidas en el marco del ejercicio de hegemonías territoriales bajo manu militari.

En el caso de EE.UU. el ejército iba por delante, después los argumentos,  si bien, esas intervenciones militares no eran consideradas actos geopoliticos de carácter imperialista, sino acciones estratégicas en el territorio de otros países al amparo de la denominada responsabilidad de “proteger”, que les autorizaba,  en según que casos, a la aniquilación, destrucción y neutralización de todo aparato de resistencia[30], incluido, en ocasiones, la persecución de minorías criminalizadas de los propios pueblos, que se pretendía “proteger”. A este derecho de intervención, se sumó, en el caso de Rusia,  a una estrategia estadoudinense de “contención” de aplicación a largo plazo,  que, según S. Marcu, “se llamó The End Game (El fin del Juego[31]) y tuvo varias fases: la primera estaba comprendida entre 1989 y 1991 cuando se asistió a un cambio de régimen en los Estados comunistas de la Europa Central y Oriental, con la disolución del Pacto de Varsovia (1990), el desplome de la URSS y la independencia de los países que formaban parte de la misma. La segunda fase se produjo en la década de los 90, y comprende la estrategia de ampliación de la Alianza Atlántica OTAN hacia los países que habían sido satélites de la URSS”.

De hecho, esa estrategia para completarse  incluía, por supuesto la integración de  Georgia y a Ucrania en el Tratado del Atlántico Norte. El resultado de su desarrollo implicaba además, del vasallaje ideológico –en Rusia el neoliberalismo se impuso en la década de los noventa hasta hoy- el vasallaje geoestratégico. En el 2016, bajo Barack  Obama, como presidente,  en la reunión de junio en Varsovia, se determinó que el enemigo del Tratado del Atlántico Norte era Rusia y ahora mismo el día 22 de marzo del 2022, se la confirmó como enemigo no sólo de la Alianza, sino, también, de la Unión Europea.

Un  hecho singular que ha acompañado el descarte de la geopolitica, -tanto en la acción propia, como en la de otros estados- ha sido el advenimiento de una forma peculiar de análisis de los conflictos, a saber, la introducción de patologías como recurso explicativo.

6. La psiquiatrización de los conflictos

Así que, un aspecto a destacar, de un tiempo a esta parte,   es el abordaje de problemas  bélicos como resultado,   no de realidades objetivas, sino de patologías, que esconden bajo el rostro de historias “humanas” o “inhumanas” intereses regionales. En las últimas décadas se ha construido y afianzado la dicotomía normal-patológico, siendo lo normal el acatamiento del orden global, “sujeto a reglas” -se entiende que a reglas establecidas por EE.UU-Reino Unido-Europa- y lo patológico la vulneración de las reglas.  Es decir, los comportamientos que se oponen a su vigencia extraterritorial.  Todo aquello que no se correspondiese a esa normalidad, desde este punto de vista, quedaba excluido y señalado como anómalo.  En ese contexto de pensamiento único, se produjo, de menos a más,  la psiquiatrización de la política, particularmente, la psiquiatrización  del oponente, cuando actuaba de forma no pautada por conveniencias hegemónicas.

El conflicto de Ucrania es uno más que prueba esa tendencia. La ruptura de la pauta político-militar  marcada se interpreta como una desviación patológica, que legitima la deshumanización del adversario y, a veces, la deshumanización de sus propios países. Este proceso de psiquiatrización  ha sido un hecho común para explicar las acciones de oposición y de resistencia en ciertos conflictos alejados en su desarrollo de lo esperado. Se concentra el análisis en las patologías de los dirigentes involucrados en los conflictos, cuyas acciones son examinadas como expresión de síndromes mentales, o como formas de imposición de una dirección de los procesos bélicos que, presuntamente, contravienen  el interés de su pueblo, en el caso que no coincida con los intereses de Reino Unido-EE.UU-Europa. Los dictámenes de “expertos” sobre presuntas dolencias mentales se han hecho comunes para  explicar los actos de los antagonistas al “derecho de proteger”.

Así ocurrió con Muammar Gaddafi, denominado el “perro rabioso”[32]  y Sadam Husein “el hombre más peligroso del mundo”, la deshumanización y persecución de éstos se transfirió a sus pueblos[33], particurlamente, a minorías, representativas no sólo de unas tendencias políticas, como sucedió, con los militantes del partido Baaz[34], un partido panarabista,  sino, también,  de una cultura: el Islam, considerada desde el 2003 como una cultura que había entrado en  colisión con Occidente. Atribuirle patologías  a los oponentes ha sido un hecho común, o, simplemente, se les caracterizaba como la representación del mal absoluto, como el serbio Slobodan Milosevic, calificado como “monstruo”.  En todos los casos se denominaba a cada uno de ellos, “como el hombre más peligroso del mundo”[35]. O se le asemejaba a Hitler. Tal enfoque se trasladó a sus pueblos, los serbios han sido –y son todavía criminalizados-. El resultado de esos procesos de criminalización   ha provocado la configuración de un eje del mal y un eje del bien. El problema, a la hora de analizar,  es que las acciones de los dos se parecían mucho. Incluso, en el presente conflicto de Ucrania ha vuelto a imponerse,  la misma interpretación, -tal vez, por inercia-, la psiquiatrización de las causas del conflicto y la criminalización del otro, como sucede, actualmente, con lo rusos y su cultura, expulsados de todos los ámbitos.

Los intereses, de un lado u otro,  parecen no existir. Los rusos reconocen  sus intereses invocando problemas de seguridad. Sin embargo, ese no el caso de Occidente. Los intereses  han sido “borrados” como causa de sus acciones.  Se  apela a “valores”, o,  a una altruista defensa de  la democracia contra el autoritarismo. El “borrado” de los intereses del escenario se debe al hecho de las dos guerras mundiales y las de colonización tuvieron objetivos claros que fueron definidos de acuerdo a estos. De hecho, se pensaba que los intereses de los imperios coloniales eran, a su vez, los intereses de la civilización. Ahora,  con el derecho de intervención amparado bajo el principio de la “responsabilidad de proteger”  se pretende,  que lo que guía la acción de las estrategias militares de Occidente son propósitos altruistas.

7.- El conflicto sobre los límites de la  seguridad bajo el revisionismo del orden mundial

En es contexto, ¿interesa todavía la Geopolítica en un mundo marcado por conceptos tales como “globalización”, “seguridad cooperativa” o “integración regional”? ¿Cómo debe de interpretarse la acción de las alianzas militares, como la alcanzada por la angloesfera y Europa Occidental,  que parecen querer refundir los viejos imperios, mediante una expansión extracontinental amparada en una Alianza militar de posguerra? ¿Se mantiene todavía el antagonismo de los poderes telurocráticos y los talasocráticos? Fue Halford Mackinder, quien en 1904 introdujo la idea del control geopolítico del mundo, así como la geoestrategia  para la dominación de Eurasia (la principal masa de la tierra de los continentes asiático y europeo) al que se refirió como el “corazón del mundo”. Así surgió su conocida cita: “Quién gobierne el Corazón del Mundo gobernará el Mundo”.  Este principio fue compartido por Z. Brzezinski (1998, 47-48), quien examinando los imperativos geoestratégicos señaló: “En la actualidad, la principal cuestión geopolítica ya no es la de qué parte de la geografía de Eurasia es el punto de partida para el dominio continental, ni tampoco la cuestión de si el poder terrestre es más significativo que el poder marítimo. La geopolítica se ha desplazado desde la dimensión regional a la global, considerando que la preponderancia sobre todo el continente euroasiático es la base central de la primacía global”.

Para Halford Mackinder[36] (1904) la era de los poderes marítimos había finalizado con la aparición de las poderosas cadenas de transportes continentales representadas por el ferrocarril. Lo mejor para lograr la dominación  era la  combinación de  los poderes  marítimos y continentales. Mackinder tiene una visión global  sobre los conflictos  e incluía el papel de la tecnología, en la geopolítica. Por ello, proponía el control sobre las grandes masas de tierra que comprenden Europa Occidental, Europa Oriental, Rusia, Siberia y el Asia Central. Además, había que unir a estos territorios otros, a saber,  los territorios coloniales –hoy, excoloniales- de Asia y África y, controlar el espacio de convergencia de estos, que él denominó la “isla mundial”: Oriente medio.

Se ha hablado largo y tendido de la obsolescencia de Mackinder por el, presunto,  desplazamiento del concepto teórico de geopolitica por el de hegemonía desde la angloesfera, sin embargo, la aparición de esta como concepto “central”  no ha supuesto la desaparición práctica de la geopolítica. La práctica política ha transitado por una vía y la teoría por otra. De hecho, la geopolítica volvió a tener auge en la política exterior de Estados Unidos a partir de la década de los setenta. Esto ocurrió bajo la influencia del Secretario de Estado Henry Kissinger y se afirmó en teorizaciones de determinados intelectuales estadoudinenses neoconservadores, tales  como  Irving Kristol,  Robert Kagan, Richard Perle, entre otros. De hecho, un neoconservador Paul Wolfowitz (1992), desplegando su agudeza geopolitica, decía: “Como Rusia seguirá teniendo un fuerte poder militar en Eurasia, es necesario debilitar su posición geopolítica de forma permanente e irrevocable. Debemos hacer esto antes que esté en condiciones de recuperarse, por tanto, tenemos que atraer a la órbita occidental a todos los estados que la rodean y que anteriormente fueron parte de la Unión Soviética o que eran parte de su esfera de influencia.”

 Precisamente, el fuerte poder militar en Eurasia de la Rusia en declive, mueve a  Evgueni Primakov,   ex ministro de  Relaciones exteriores deBoris Yeltsin (1996), a incluir a la geopolítica en la construcción del sistema de seguridad de Rusia y,   a través de ella, erosionar la “hegemonía” de EE.UU.  Primakov  reconfiguró la posición de Rusia en un escenario unipolar de convivencia forzada con esta.  Eduardo Febbro (2022), rescata, para explicar el actual conflicto de Ucrania,  las líneas características de la doctrina Primakov,  basada en una diplomacia triangular que se articula en torno a relaciones con China, Estados Unidos y Europa con el fin de esquivar  el unilateralismo de EE.UU. y propone enfrentarse al carácter unipolar del mundo,  después de la caída del Muro de Berlín (1989) y del desmembramiento de la Unión Soviética (1991). Evidentemente, sus ideas se orientaban a tratar de detener el declive de Rusia y recuperar para ésta un lugar, o mejor dicho recrear un lugar distinto del ocupado hasta entonces[37], un lugar que él pretendía se basara en las relaciones con el sur, el este y el norte; pero, no con Occidente, por la estigmatización sitemática  de Rusia, asumiendo algunos de los tópicos del Tercer Reich sobre los eslavos.  Su originalidad estriba en que paralelamente formula un principio novedoso en el pensamiento geopolitico: el multilateralismo. Sobre éste Primakov escribió: “es un error creer que Estados Unidos es tan potente como para que todos los acontecimientos importantes del mundo giren en torno a ellos. Un enfoque semejante ignora la enorme transformación que constituye la transición de un mundo bipolar conflictual a un mundo multipolar”[38].

El ingreso de las tropas rusas en Ucrania afianza la doctrina Primakov y actúa como separador de Rusia de la angloesfera y de sus aliados continentales. La geopolítica explicaba para él, sin partir de presupuestos ideológicos tales como comunismo y neoliberalismo, el hecho de que existía una confrontación abierta entre la civilización del Mar (Occidente, el atlantismo, la Alianza del Atlántico Norte, en general, el mundo anglosajón) y la civilización de la Tierra (Eurasia, los bloques continentales, Rusia).  Y, obviamente, estas ideas se han  incorporado   en ejércitos que hoy avanzan sobre el suelo de Ucrania, pero, también, se halla presente en las posiciones de Irán, India, Pakistán, Sudáfrica,  China y buena parte de los países latinoamericanos, incluidos, Brasil, Argentina y  México, que han sido partes, podría decirse que activas,  de la postulación de un mundo multilateral.

En realidad, las ideas de Primakov  reflejaban la “revisión geopolitica” de la situación de Rusia de los militares. Estos  eran cada  vez más partidarios del enfoque geopolitico en los conflictos. La revisión geopolitica la empezaron a aplicar como un esquema, o   mapa conceptual de lo que ocurría a nivel global cuando se trataba de enfrentamientos militares estratégicos,  reales o posibles.

8.- El conflicto Ucrania-Rusia ¿una cuestión de soberanía?

El conflicto presente no puede reducirse a la confrontación de dos geoestrategias, la de  Primakov contra la de Wolfowitz sobre el futuro del orden internacional, sino de una nueva reformulación de la soberanía, como autonomía de acción,  y de la seguridad, como derecho. Sobre la seguridad militar  habría que hacer algunas puntualizaciones.   Es un concepto controvertido, ya que no existe un consenso generalizado sobre su significado. “En función de las personas, sus ideas, cultura y percepciones de la realidad el término seguridad adquiere un valor distinto” (DMIEE, 2011, 1) [39] .  La seguridad militar es, sobre todo,  un concepto territorial.  ¿Se puede alcanzar la seguridad plena?  Según Clausewitz no (íbidem). Desde el final de la Segunda Guerra Mundial la soberanía nacional aparece limitada en función del  “equilibrio de poder” determinado por las alianzas militares, entendiendo el “equilibrio de poder” como un ejercicio de distribución de la garantía de seguridad de unos Estados respecto de los otros. Las “alianzas” han sido el modelo dominante durante el siglo XX de seguridad regional. En el orden internacional, a través de sus “alianzas” se encontrarían los Estados unidos en lo que se entiende por seguridad. Ese concepto y sus posibles interpretaciones dependen precisamente de éstas, quien decide sus limitaciones, tanto como sus riesgos.  A esa circunstancia se debe de añadir que la seguridad actual de los países es siempre el resultado de una transacción entre Estados, fundamentalmente, entre Estados próximos o, dentro de la misma área regional. La idea de que la seguridad militar es una construcción multisectorial,  no solo entre Estados,  a la que se incorporan también otros actores no estatales a través de la discusión, la negociación, la cooperación y el compromiso ha ganado posiciones. Pero, al margen de los sujetos estatales e institucionales,  se ha insistido por activa y por pasiva   que el rasgo definitorio de la seguridad militar es  “la seguridad de las fronteras”.

El respeto acordado de las mismas  es la base del concepto, pero el respeto no es un elemento casual o azaroso, sino el resultado una transacción, mediante la que se excluyen los escenarios más probables de conflicto, para despejar las situaciones de desventaja estratégica  que pudieran darse.  Restrospectivamente considerados casi todos los conflictos, incluido el invocado por G. Allison cuando forjaba su célebre “Trampa de Tucídides”, surgieron para tratar de prevenir las desventajas estratégicas. La inclusión de esta circunstancia como problema militar engendra, a nivel conceptual,  dos modelos radicalmente diferentes de hacer la guerra: a) para paliar la desventaja estratégica o,  b) para reforzar la propia ventaja estratégica reactivando, de paso, un viejo debate clausewitziano: el de la naturaleza  y el carácter de la guerra.

Así, que la deducción a la que se llega, revisitando a Clausewitz, es que  el concepto de seguridad de las fronteras se impone, o se negocia. En las últimas décadas la seguridad militar en algunas áreas regionales, como el Oriente Medio,  ha sido aleatoria. Igualmente, esto ha ocurrido en el Este de Europa.  Algunos Estados, como Rusia, han sido situados  en tierra de nadie. De hecho, Brzezinski (1998), definió a Rusia como “el agujero negro” en el capítulo cuarto del Gran tablero mundial.  En este contexto de aleatoriedad el retorno de la beligerancia entre potencias continentales o poderes telurocráticos ha vuelto[40] y las potencias marítimas, están, también, incluidas en el mismo acuerdo de beligerancia, así, el antagonismo se produce entre quienes encarnan un polo continental combinado EE.UU.-Reino Unido-Europa, bajo la fisonomía de una alianza militar, que integra Europa Occidental y Europa Oriental,  contra  Rusia. Pero hay que señalar –si se sigue a Mackinder-, que sus objetivos de control del espacio o pivote del mundo no han sido alcanzados. ¿Qué falta?   aún no ha sido capaces de incluir bajo su poder Rusia, Siberia y el Asia Central, -aunque si incluye a Japón y Corea del Sur- y, por tanto, si como dicen algunos teóricos militares, “el imperio que no avanza, retrocede y esa es la ley de la historia”,  es obvio que orden mundial representado por esas alianzas militares se halla ante un dilema: o avanza hacia Rusia, Siberia y el Asia Central o,  puede perder su cohesión interna, dado que las naciones que la integran pueden ser  atraídas por hegemonías emergentes, como la de China,  que consolida, día a día,  su poder de atracción.

A ello se une el hecho de haber perdido su influencia en  la Isla Mundial, es decir, el Medio Oriente, teniendo poderosos intereses, en los territorios de Palestina, Siria, el Líbano e Irak, donde desde hace diez años hay una guerra en curso, la de Siria,   que se convirtió por la involucración del Tratado del Atlántico Norte en una guerra internacional. Lleva el mismo camino la guerra de Yemen en el Golfo Pérsico por la trascendencia para las líneas de transporte del puerto de  Adén y el peso geoestratégico del estrecho de Bab el Mandeb.

Así, las cosas, en un escenario tan complejo garantizar la propia seguridad deviene en una tarea enmarañada, incluso para las “alianzas” militares. El antagonismo bélico contra uno tiende a convertirse en un antagonismo contra todos. Por eso hoy se habla de “seguridad global”, pero  en esa seguridad global ¿Está incluida Rusia? ¿Está incluida China? Su exclusión es un problema si aceptamos algunos enfoques sobre las políticas de seguridad,  como observa, Luis González Ares (2011, 153),  

“Las políticas de seguridad y su influencia en el mantenimiento de los derechos humanos, son una preocupación constante para quienes se interesan en la defensa de las libertades y en el papel que deben jugar los estados, que, por una parte, deben garantizar unas condiciones de estabilidad y de protección de su ciudadanía”.

Y si ninguna de las dos, ni Rusia ni China están incluidas en los modelos de seguridad existente en Occidente ¿Se puede hablar de seguridad global?  Por otro lado,  cabe preguntarse ¿por qué no lo están? Ambas reivindican su soberanía territorial, como parte de la seguridad de sus fronteras, pero hay posiciones críticas con esa posición, así, (DMIEE, 2011,  3).

“La soberanía nacional deja de tener la importancia defendida en los enfoques tradicionales pasando a existir una “soberanía global” en el que el respeto a la dignidad individual de la persona debe prevalecer sobre el derecho internacional. El Estado es entendido ahora, por algunos, como un elemento generador de inseguridad”.

¿Qué papel juega Ucrania en este contexto? Cualquier solución estable  a las demandas de seguridad militar de Rusia sólo podía  alcanzarse si se conciertan  con Ucrania y con el Tratado del Alántico Norte. Pero su negativa a alcanzar un acuerdo provoca un vacío de seguridad en las fronteras. La negativa de Ucrania  se inscribía en el marco del derecho al ejercicio de su soberanía territorial, defendida solo para el caso de Ucrania por la Alianza, precisamente, un modelo de soberanía que desde el 2011 se entendía, en las instituciones internacionales,  era un factor generador de  inseguridad.  

Sin duda la falta de objeciones al ejercicio sin límites de su soberanía ha estado relacionada con su posición estratégica en  Europa Oriental. Es el país europeo que posibilita un acceso rápido a Rusia y facilita el avance de un ejército  convencional desde diversos países que pueden llegar a converger en su territorio para avanzar hacia ésta, pues, limita con la misma  (este), con Bielorrusia (norte), con Polonia, Moldavia, Hungría, Eslovaquia y Rumania (oeste) y con el mar Negro (sur) países todos miembros  de la alianza del Atlántico Norte.  Alianza de la que está excluida Rusia.  Además, tiene frontera con Moldavia que no está en la Alianza, pero que es un territorio que alberga un  conflicto largamente congelado, el conflicto de Transnitria y que puede sufrir un vuelco en detrimento de Rusia.

Por otro lado,  la geografía de Ucrania favorece cualquier invasión, porque  salvo por los ríos[41] que la cruzan no es un espacio geográficamente accidentado. El 90% de su territorio es una planicie[42].  Clausewitz (íbidem) ya había señalado la importancia del medio, así dijo, “El medio físico, la orografía, los ríos, la amplitud geográfica, junto con su capacidad de movilización, condicionan una guerra. Por otro lado, las relaciones políticas promueven alianzas que nos pueden ayudar. Un buen estratega evitará que todos estos recursos entren en juego en el mismo momento”. 

En el conflicto de Ucrania todos los recursos están entrando en juego en el mismo momento y casi todos los argumentos. Incluida la postulación de la paz, pero es una demanda unidireccional, solo afecta a Rusia, los otros sujetos políticos implicados en el campo de juego no se sienten en la obligación de revisar sus politicas militares. Al contrario, despliegan una retórica amenazante.   Como insiste Ibrahin Karagüi (2022)   “Ucrania no es más que el primer campo de batalla de este enfrentamiento”. Pero no será el último.

9. Referencias bibliográficas e infográficas

Boaventura Sousa Santos (2008): Nuestra América. Hegemonía y Contrahegemonía en el siglo XXI. Editorial CELA, Centro de Estudios Latinoamericanos, Buenos Aires/Panamá

Daniel Miguel López Rodríguez, “American way of life”, Posmodernia, 27 de diciembre, 2020

Documento Marco del Instituto de Estudios Estratégicos del Ministerio de Defensa de España,  (DMIEE, 2011),

Eduardo Febbro: “Conflicto Rusia-Ucrania: la guerra que cambió como se interpreta el mundo”, Pagina 12, 6 de marzo del 2022,

Grahan Allison (2017) Destined for War, Can America and China escape Thucydides’s Trap?, Houghton Mifflin Harcourt, Boston

Halford Mackinder (2020): The Geographical Pivot of History,  Cosimo Classics, Reading

Ibrahim Karagüi,(2022) “Ukraine conflict: NATO wants to involve Turkey”, VT

John Carlin: “el hombre más peligroso del mundo” , El Pais, 10 de noviembre del 2002

Joseph S. Nye:  El poder real de Estados Unidos. La ‘era americana’ no ha concluido, pero va experimentar cambios importantes, El Pais. 12 /3/ 2015.

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Krass & konkret, Magazín (21/03/22),

Luis González Ares (2011) : “Las políticas de seguridad global y los derechos humanos”,  ruc.udc.es págs

Marcu, S. : “La geopolítica de la Rusia postsoviética: desintegración, renacimiento de una potencia y nuevas corrientes de pensamiento geopolítico”. Scripta Nova. Revista Electrónica de Geografía y Ciencias sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de diciembre de 2007, vol. XI, núm. 253

Noam Chomsky (2016): Hegemonía o supervivencia:  la estrategia imperialista de Estados Unidos, Editorial B de Bolsillo/Penguin Libros, Barcelona

Paul Wolfowitz, en “Fragmentos del Plan del Pentágono: Prevenir la Re-Aparición de un Nuevo Rival”,  New York Times, 8 de marzo de 1992.

Tony Negri y Michael Hard (2005): Imperio, Paidos, Buenos Aires

Tucídides(1991-1992), Historia de la Guerra del Peloponeso, Gredos, Madrid.

Zbgniew  Brzezinski y John J.Mearsheimer,  Clash of the titans, Special Report,  Foreign Policy ,  October 22, 2009

Zbigniew Brzezinski, (1998). El gran tablero mundial. La supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos. Buenos Aires: Paidós


[1] En la ciudad de Yalta, en la República de Crimea,  cuando la Segunda Guerra Mundial llegaba a su fin, se celebró el 4 de febrero de 1945,  una conferencia de los Aliados en esta ciudad para determinar el futuro de Europa. Allí nacieron los bloques de “influencia” y la Guerra Fría.

[2] Entre el 1 y el 22 de julio de 1944 se celebró  en la ciudad de Wretton Woods una cumbre internacional.  De esta reunión salió el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (en un principio se le llamó Banco de Reconstrucción y Desarrollo), es decir, se creó el Orden Mundial Capitalista y se dio paso a  la hegemonía de EE.UU.

[3] Dirigida en ese entonces por el general Ígor Rodiónov (quien luego se convirtió en el ministro de Defensa).

[4] Ígor Rodiónov, fue cesado de manera fulminante el 22 de mayo de 1997, como ministro de defensa por Boris Yeltsin, junto con al jefe del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas Víktor Samsónov que también habia abrazado la geoestrategia, como técnica. Una de las causas de su cese fue precisamente sus distintos enfoques respecto del futuro del ejército ruso que contradecían a Yeltsin.  En su lugar fue nombrado Yuri Baturin partidario de una reducción drástica de los efectivos del ejército, de una reducción de su presupuesto, la profesionalización del mismo y su “occidentalización”. La realidad es que se suprimió el presupuesto para la reforma y modernización del ejército y se subordinó a intereses foráneos.

[5] A la vez que la geopolítica inspiraba la acción del ejército ruso se impone  una estrategia de soberanía clara sobre los recursos,  el retorno de la planificación estratégica del desarrollo y  la  “multipolaridad” en las relaciones internacionales.

[6] El plan de reformas del ejército ruso constaba de tres etapas. La primera, técnica, que duraría hasta el 2000, preveía un recorte de efectivos al tiempo que daba prioridad a los trabajos de investigación para desarrollar nuevas generaciones de armamentos. La segunda, hasta el 2005, establecía un sustancial aumento de gastos, haciendo hincapié en la preparación militar y la profesionalización del Ejército. Por último, la tercera, se extendía hasta el 2010. En líneas generales contemplaba, según Rodrigo Fernández (El País,  02/07/1997), un “rearme masivo para asegurar que Rusia sea una potencia militar”.

[7] Aldo Rebelo, fue ministro de defensa  de Brasil con Dilma Rousseff.  Nombrado el 5 de octubre del 2015. Analizando  el conflicto de Ucrania en Latitud Brasil (10/03/22) concluye que el orden generador del status quo internacional había desaparecido, bajo las botas de los soldados rusos.

[8] Se ha producido, últimamente, una reflexión sobre el papel de Europa contra Rusia. De 1854 a 1855, un ejército combinado de franceses, británicos y turcos sitió la ciudad rusa de Sebastopol durante la Guerra de Crimea. Las potencias europeas pretendían acabar así con el expansionismo ruso a costa del Imperio Turco Otomano y mantener el “equilibrio de poderes” en Europa. Hay diferencias con el presente: fue una unión de “potencias imperiales europeas”, no de países europeos. El final de la guerra no puede interpretarse como una “victoria” de Europa ni de Turquía que siguió desangrándose, pero sí dio lugar a que el ejército francés apareciera como el mejor ejército de Europa, después de haberse hundido el británico.

[9] Los protagonistas del Congreso de Viena fueron  Reino Unido,  Francia, Austria, Rusia y Prusia.

[10] El nacionalismo europeo, en su sentido moderno, nació fundamentalmente en el siglo XIX. En efecto, surgió en Europa como consecuencia de la Revolución francesa y del Imperio napoleónico. La doctrina jacobina de la soberanía del pueblo podía interpretarse en un doble sentido. Por una parte afirmaba el derecho de una nación para rebelarse frente a su monarca y por otra, co0mo un derecho de soberanía para determinar su propia forma de gobierno y para ejercer  un control sobre él. Si en el Congreso de Viena,  los nacionalismos fueron orillados por los imperios, sin embargo,   en la primera guerra mundial estos cambiaron el trazado de las fronteras. La expansión del imperio napoleónico provoco el surgimiento de los sentimientos nacionalistas en Alemania y en Italia, pero también produjo efectos en España, Polonia, Bélgica, Rusia y Portugal. Esos sentimientos consistían en un principio en una actitud de resistencia ante el dominio extranjero. En aquel momento eran  ante todo unos sentimientos anti-franceses. Después de la batalla de Jena en 1806, Prusia desapareció prácticamente como potencia en el mapa de Europa, pero a partir de 1815 resurgió como principal foco de las esperanzas nacionalistas alemanas. Y, en toda Europa los movimientos nacionalidades y las corrientes liberales, se convirtieron  en aliados.

[11] Desde el final de la Segunda Guerra Mundial ha habido setenta conflictos bélicos, la mayor parte de ellos protagonizados por EE.UU. o patrocinados por éste.

[12] De hecho, todas las iniciativas de mediación entre las partes en conflicto se están gestionando, con Alemania, la última de ellas la del primer ministro israelí Naftali Bennett.

[13] La decisión de aumentar masivamente el gasto en Defensa se produce solo un día después de que Berlín diera otro giro de 180 grados a su  restrictiva política de envío de armas a zonas de conflicto.

[14] El denominado “Gran Juego” se llamó así asemejándolo a una gran partida de ajedrez, con pueblos y naciones como piezas. También se le denominó por la inteligencia británica el “Torneo en las Sombras”, significando con ello,  que lo que se decía no era lo que se hacía. Durante toda la segunda mitad del siglo XIX el Imperio Británico  llevó adelante una serie  de medidas diplomáticas y militares para mantenerse como la potencia preeminente en el Medio Oriente. Su gran antagonista fue la Rusia zarista cuyos grandes objetivos eran el desmembramiento del Imperio Otomano y la decadencia de los británicos en la India.

[15]Un presentador del canal 24 de la televisión ucraniana, Fahrudin Sharafmal, en una transmisión en vivo el día 13 de marzo,  llamó a matar  a los rusos, especialmente,  a  los niños rusos para extinguir esa raza. Citando Adolf Eichmann, recordó que éste, según él,  había dicho que “para destruir una nación hay que matar a los niños, porque si matas solo a los adultos, los niños crecen y se vengan. Si matas a los niños, nunca crecerán y la nación perecerá” ( fuente: VT, 16 de marzo 2022). Otro caso, esta vez,  en España, en el canal de Televisión 4 , durante el programa Horizonte  dirigido por  Iker Jiménez, que lo lleva al primer time todos los jueves,  un instructor de operaciones  y experto en  armamento, José Jiménez Planelles, realiza una exhibición de armas en el plató  abogando por “matar más rusos” (fuente:  El español,12/0372022). También se ha televisado la intervención de un director médico promoviendo la castración de los soldados rusos prisioneros o heridos ( fuente: VT, 21/03/2022).

[16] En el conflicto de Ucrania una guerra acotada sería si el mismo se desarrollara solo en el territorio de Donetsk y Lugansk, una guerra  absoluta si se desarrolla en toda Ucrania. El conflicto en este momento parece ir a esos derroteros.

[17] En los procesos de independencia en América Latina, surgió la discusión sobre quien era el dueño de los recursos bajo las nuevas fronteras que dividieron las posesiones españolas en el Nuevo Mundo, y se eligió como figura jurídica la subrogación del derecho.

[18] Se denomina AUKUS   una alianza estratégica militar entre Australia, Reino Unido y Estados Unidos   que se anunció públicamente el 15 de septiembre de 2021 para la región del Indo-Pacífico. 

[19] La última guerra europea fueron una serie de conflictos que se sucedieron  en el territorio de la antigua  Yugoslavia, entre 1991 y 2001.

[20] Telurocracias es un concepto aplicado a las potencias con poder continental. Rusia siempre ha sido una potencia telurocrática.

[21] La talasocracia es una noción conceptual geoestratégica que señala al estado cuyos dominios son principalmente marítimos. El poder marítimo ha sido detentado sucesivamente por más de una potencia. Atenas fue una potencia marítima.  En la Edad Contemporánea el Imperio Británico   ejerció el dominio de los mares hasta la Segunda Guerra  Mundial.  La británica ha sido considerada la mayor talasocracia global de la historia, pero antes que ellos hubo otros Estados que detentaron el poder sobre los mares, como las republicas marítimas de Venecia, Génova, o la ciudades de la Liga Hanseática.

[22] En la evacuación del ejército inglés participaron desde barcos de pesca hasta barcos de recreo. No bastaba para llevarla a cabo con los buques de la Royal Navy.

[23] Como el acuerdo por mayoría se apoyaba en la  representación de la mayor población, esto suponia garantizar a Alemania una posición dominante, habida cuenta que era –y es-  el país más poblado de Europa.

[24] Fue una operación militar aérea de la  Luftwaffe sobre la ciudad de Belgrado denominada  Operación Castigo, capital entonces del Reino de Yugoslavia. El bombardeo fue un paso previo a la invasión del país. Los ataques tuvieron lugar los días 6, 7, 11 y 12 de abril de 1941. En la campaña participaron 2236 aviones, que arrojaron sobre la ciudad 440  Tm de bombas. Al final de la guerra, la ciudad fue bombardeada de nuevo, en este caso por los Aliados, en una operación  llevada a cabo por fuerzas  anglo-estadoudinenses los días 16 y 17 de abril de  1944. Se  efectuaron, entonces,  más de 500 incursiones sobre la ciudad en tres oleadas diarias. El bombardeo de Belgrado en la guerra yugoeslava duró del 24  de marzo de 1999 hasta el 11 de junio de ese año. La campaña de bombardeos del Tratado del Atlántico Norte involucró a 1 000 aviones que operaban desde bases aéreas en Italia y Alemania, y el portaaviones  Uss Theodore Roosevelt estacionado en el  Mar Adriático. Al anochecer, los primeros aviones de la Alianza  en bombardear Belgrado fueron de la Fuerza Aérea Española  y también fueron los primeros en  realizar operaciones de SEAD. Durante las diez semanas del conflicto, aviones del Tratado del Atlántico Norte ejecutaron más de 38 000 misiones de combate. Las operaciones de las fuerzas áreas alemanas fueron decisivas, desde el principio hasta el final.

[25] La teoría del Heartland, también llamada “teoría de la región cardial“, “teoría del corazón continental“, “área pivote” o “isla mundial“, fue desarrollada por el geógrafo y político inglés Halford Mackinder (1861-1947) y, posteriormente,  por  James Fairgrieve y la cual postulaba, como Mackinder  que el dominio de un área concreta del mundo permitiría dominar a este.

[26] El término geopolítica se empezó a utilizar para referirse a la rivalidad global en la política mundial y su etimología ha sido aprovechada para referirse a un proceso general de organización, con el objeto de lograr un equilibrio de poder.

[27] Según Joseph S. Nye  en “la era de una supuesta hegemonía de los EE UU, siempre ha habido mucha ficción mezclada con la realidad. Más que un orden mundial, fue un grupo de países con una mentalidad similar, la mayoría de ellos situados en el continente americano y en la Europa occidental, que comprendía menos de la mitad del mundo y sus efectos para con los que no eran miembros de él —incluidas potencias importantes como China, India, Indonesia y el bloque soviético— no siempre fueron benignos. En vista de ello, sería más preciso llamar “semihegemonía” la posición de Estados Unidos en el mundo” (El poder real de Estados Unidos. La ‘era americana’ no ha concluido, pero va experimentar cambios importantes, El Pais. 12/3/  2015 ).

[28] La idea de un estilo de vida  representada, según  Daniel Miguel López Rodríguez ,  “en la cultura popular por determinadas  marcas de alimentación (McDonald, Coca-Cola), indumentaria (Nike), de electrodomésticos, estilos musicales (blues, soul, rock, rap), investigación científica y fundamentalmente estilos políticos, sociales e incluso religiosos (democracia parlamentaria, familia monógama, monoteísmo) la  american way of life va propagándose por toda la superficie del planeta, pretendiendo ser un estilo de vida urbi et orbi en sintonía con la idea aureolar de la Globalización oficial (la que promociona el mundo anglosajón de la City y Wall Street)” ( Daniel Miguel López Rodríguez, “American way of life”, Posmodernia, 27 de diciembre , 2020).

[29] La “influencia” de un estilo de vida y su poder de atracción  tuvo un primer ejemplo histórico en la expansión del Imperio romano.

[30] En los días precedentes a la invasión de Irak, se discutía en la prensa de Estados Unidos e Inglaterra y en los Think Tank atlantistas las formas más rápidas de aniquilación, destrucción y neutralización de la resistencia interior del país.

[31] Un nombre que rendía tributo al Gran juego del Imperio Británico durante el siglo XIX y principios del XX contra la Rusia zarista.

[32] En innumerables artículos se calificaba a Muammar Gaddafi,  como un perturbado llegando a ser considerado por el gobierno de los Estados Unidos como “el hombre más peligroso del mundo”.

[33] La muerte de centenares de miles de iraquíes y libios se unió a la destrucción de todas sus instituciones civiles, desde universidades, prensa, hospitales, escuelas de secundaria, museos que fueron despojados de su patrimonio histórico, destrucción de mezquitas y -cómo no-, quema de libros, incluido ediciones muy antiguas del Corán.

[34] El partido árabe socialista, fundado en Irak en 1951 y que fue disuelto y prohibido por EE.UU.

[35] John Carlin el 10 de noviembre del 2002, en El País publicó un artículo con ese título, “el hombre más peligroso del mundo”, refiriéndose a Hussein. Ahora, El  Confidencial –diario digital- publicó el 2 de febrero del corriente año, otro artículo de parecido contenido al señalado anteriormente de Carlin, bajo el Título:  “Vladimir Putin: el paria más peligroso del mundo”.

[36] Halford Mackinder fue Director de la London School of Economics desde 1903 hasta 1908, comenzó a difundir sus ideas geopolíticas desde 1904, con su famoso ensayo The Geographical Pivot of History.

[37] Eduardo Febbro “Conflicto Rusia-Ucrania: la guerra que cambió como se interpreta el mundo”, Pagina 12, 6 de marzo del 2022.

[38] (Ibidem).

[39] Cita extraída  del párrafo primero del Documento Marco del 2011 del Ministerio de Defensa de España. En ese mismo documento se dice que, después del final de la Guerra Fría se han dado un sin número de variaciones, tales como seguridad Nacional, Seguridad Común, Seguridad Colectiva, Seguridad Compartida, Seguridad Humana o Seguridad Cooperativa. La diversidad de significados  no es un hecho casual, según este documento, así señala,  “Problemas globales, transfronterizos en su mayoría, tales como el crimen organizaso, el terrorismo, la degradación del medio ambiente, la disputa por los recursos naturales, los flujos incontrolados de refugiados, la inmigración no regulada, la pobreza y el hambre se han convertido en riesgos para la humanidad de una importancia similar a la de la tradicional defensa militar”.

[40] Resulta ilustrativo que el ministro británico de Defensa, Ben Wallace, arremetiendo contra  el presidente ruso, diga: “se ha vuelto completamente tonto”, y recordara que una vez “la Guardia Escocesa pateó el culo al zar Nicolás I en 1853 en Crimea, se puede hacer otra vez”. Esta afirmación la hizo durante un encuentro con altos mandos militares en el Edificio de Caballerías, en Westminster, según el diario Evening Standard. La guerra de Crimea fue un conflicto que entre 1853 y 1856 libraron el Imperio Ruso y el Reino de Grecia contra una liga formada por el Imperio Otomano, Francia, el Reino Unido y el Reino de Cerdeña. Se disputó fundamentalmente en la península de Crimea, en torno a la base naval de Sebastopol. Se considera esta como la primera guerra moderna por la utilización en ella de nuevas tecnologías como el barco de vapor,  el ferrocarril, el fusil de ánima rayada, el telégrafo y la fotografía. El apoyo que la Rusia zarista, brindó a los nacionalismos balcánicos por razones religiosas y étnicas, chocó de pleno con los intereses de las potencias occidentales, el Reino Unido y Francia. En la batalla de Bataclava la guardia escocesa casi fue exterminada por los rusos. Esta batalla es sin duda el hecho más memorable de la contienda. Según señala Lucien Frary, el casi exterminio fue fruto de una cadena de errores, el sacrificio inútil de los jinetes británicos devendría en símbolo de la falta de adaptación del Ejército británico a los tiempos modernos desde  su triunfo en  la batalla de Warteloo.

[41] Los puentes están siendo volados por el ejército ucraniano para detener el avance de las tropas rusas.

[42] Así, que tanto para una guerra convencional como para una guerra nuclear con Rusia, Ucrania es un territorio privilegiado. Estas condiciones fuerzan a tener en consideración que,  en el conflicto de Ucrania no sólo hay un poder protagonista en el escenario bélico, se superponen varios. EE.UU.-Reino Unido-Europa están  en guerra con Rusia y están tratando de vencerla, o debilitarla, a través de Ucrania. Quieren provocar el “segundo colapso” de Rusia.

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