La formación ciudadana, responsabilidad social de la Universidad

Por: Dr. Enrique Espinoza Freire, PhD
Universidad Técnica de Machala (Ecuador)

Como parte de la formación integral del estudiante de la enseñanza superior se encuentra la formación ciudadana, concebida como un proceso sistemático y sistémico orientado hacia la preparación del individuo para vivir en armonía con su entorno y en un contexto de paz.

A través de este proceso el sujeto adquiere conocimientos, habilidades y valores que le permiten desempeñarse activamente en la vida pública. La formación ciudadana se expresa en la proyección del individuo ante la vida, en sus relaciones de convivencia en los espacios sociales, la capacidad de autonomía, el reconocimiento de su identidad cultural, la defensa de sus derechos, el respeto al derecho de los demás, la solidaridad, el patriotismo, la equidad, la tolerancia y el respeto a la diversidad, y la justicia social.

Estas líneas tienen el propósito de promover el análisis crítico y reflexivo sobre el papel que le corresponde desempeñar a la Universidad como agente transformador y propulsor de modelos democráticos de convivencia ciudadana.

La Universidad es la fragua del tipo de ciudadano que precisa la sociedad; luego, tiene ante sí el reto de ir un paso delante de las transiciones democráticas que acontecen en el ámbito social, de ahí la necesidad de procurar cambios institucionales que marquen las pautas de las prácticas democráticas y contribuyan al desarrollo de una cultura de ciudadanía en las jóvenes generaciones.

En este sentido, no puede faltar la preparación del estudiante para su participación activa en la toma de decisiones en los problemas de la comunidad; es necesario involucrarlos con las urgencias del entorno social, hacerlos partícipes de los retos y aspiraciones colectivas en aras del bien común. Deben ser conocedores de sus derechos y obligaciones con la colectividad, que se auto reconozca como ente activo libre de ejercer sus derechos, los que son garantizados por el marco democrático mediado por las regulaciones civiles establecidas por la ley.

Desde el ámbito universitario es necesaria la implementación de políticas y estrategias pedagógicas que aprovechen y potencien la disposición de los jóvenes a asumir retos y defender sus ideales. Pero, a la par es preciso el fomento y estímulo de valores humanos y civiles; de forma tal, que aporten a la formación de ciudadanos conscientes del momento histórico que les ha tocado vivir.

En este contexto, la participación de los estudiantes en las actividades extensionistas y en los proyectos comunitarios juega un rol de primer orden, pues a través de ellos se vincula con la realidad, entra en contacto directo con las problemáticas de su entorno, ponen los conocimientos adquiridos en los salones de clase en función de la búsqueda de alternativas de solución y toma de decisiones oportunas de forma democrática a favor de la colectividad.

Es por ello, que se vuelve urgente revitalizar de manera intencionada la formación ciudadana desde los espacios de la enseñanza superior, esto precisa que la Universidad realmente responda a las necesidades sociales y su gestión esté orientada hacia y para la sociedad; para ello, debe realizar el perfeccionamiento continuo de sus currículos, procurar el aprendizaje inter y transdisciplinar basado en proyectos locales, potenciar las investigaciones sociales e involucrarse de manera efectiva en los problemas comunitarios.

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