Comunicación y nuevos paradigmas

Por: Mgs. María Eugenia Torres Sarmiento
Comunicadora Social y Gestora Cultural del Cañar (Ecuador)

Como toda actividad humana inherente a un proceso de cambio y transformación propia de un siglo digitalizado, también el comunicador se encuentra en una carrera de relevos. “Quien ahora porta el testigo de la audiencia y el negocio es el papel, pero se aproxima el momento en que, exhausto, deberá cederlo al siguiente relevista: el medio digital” (Salaverría, 2007:9).

El desarrollo de la llamada Sociedad de la Información, a través de la innovación tecnológica, diseña un escenario tornadizo en el que hay transformaciones que benefician y que por otro lado afectan no solo al campo de medios, sino a los propios conceptos básicos de la comunicación o a los mecanismos de participación de los ciudadanos en la construcción de los mensajes.

Por otro lado, la llamada innovación tecnológica ha llevado al éxito a la gestión cultural a través de la aparición de iniciativas individuales o colectivas (los colectivos culturales) para difundir información en toda Latinoamérica y el mundo. “A medida que se popularizó el uso de la red de redes, buena parte de las entidades, organizaciones, asociaciones, [colectivos]…pusieron en marcha su web” López (2007:116),  y de esta manera la comunicación estratégica-enactiva, a través de sus promotores de las webs fomentando la participación y las nuevas dinámicas entre los internautas, que poco a poco ganaron mucho eco en los sectores más activos de la ciudadanía.

A decir de ello Rafael Alberto Pérez (2009), fundador del Foro iberoamericano sobre Estrategias de Comunicación (FISEC) refirió sobre la comunicación estratégica como una herramienta que aporta a las organizaciones un nuevo conocimiento, que hace énfasis en la capacidad de escuchar. Por medio de esta metodología la función del comunicador evoluciona y se transforma; se integra al proceso estratégico de acuerdo con el entorno, se enfoca en la estrategia para recuperar al ser humano, es decir, ser más relacional que racional con el medio.

Desde este enfoque, se entiende la comunicación como un encuentro social y cultural, que convoca a los actores en torno a problemáticas para el diseño de estrategias sobre las que se trabaja a partir del reconocimiento de las problemáticas comunicacionales existentes.

Teniendo en cuenta lo anterior, a la comunicación se la entiende como ¨un fenómeno biológico¨, un pensamiento también de Margarita Kroling Kunsh (1996), Jesús Martín Barbero (2003), Octavio Isla (2005), Varela  (1988 ), y fundamentalmente Massoni (1990), asociado al concepto de instrumento de gestión al servicio de la planeación estratégica de cualquier organización, que permitirá a las ciencias de la vida integrar toda la riqueza multidisciplinar de la comunicación estratégica en una matriz unitaria de estudio y facilitar la unificación del campo: “La conducta organizativa, el comportamiento del hombre en las organizaciones, es raramente racional, aunque seamos capaces de encontrarle sentido en una posterior interpretación en la que se tiene principalmente en cuenta la conducta común y las tradiciones de esta parte o ambiente específico de la sociedad” (Trelles, 2011, p.152).

Desde esta perspectiva, Sandra Massoni desde la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario en uno de sus Podcast, manifiesta que la estrategia de comunicación es un dispositivo de investigación enactiva, con técnicas específicamente comunicacionales, y aborda a la comunicación desde esta –metaperspectiva teórica, metodológica-, se redefine como encuentro de esa diversidad, y el comunicador como propiciador de una reconfiguración de los entornos que se basa en lo conversacional, el diálogo de saberes múltiples, sumando también –el de los animales-, y  narra aquella presencia comunicativa de una manera única e interesante, e inicia aquella experiencia: “La vida te da sorpresas,…. sorpresas te da la vida”.

Estamos comenzando a ponderar el diálogo de  saberes en la comunicación actual por un camino francamente inesperado de la mano o de la pata del mundo animal.  No es metafórico mi planteo, no hablo de los debates entre algunos candidatos a legisladores de tal o cual partido político, tampoco de peleas entre vecinos y civiles groseros.

Me refiero a que finalmente los gatos, los pájaros, los perros y hasta los insectos, mal que le pese a nuestra egocéntrica sapiencia como especie humana, están siendo apreciados como indicadores en los manuales de comunicación ante desastres naturales.  El bicherío fue desconsiderado como fuente de información durante mucho tiempo. Los registrábamos como especies menores, de inteligencia nula o despreciable a la hora de tomar decisiones técnicas importantes, pero los maremotos, terremotos, inundaciones y otras catástrofes globalizadas, transmitidas en vivo, nos hicieron visualizar de forma rotunda y contundente –que ellos-, los animales saben cosas que nosotros no sabemos.

Los vimos, sabiendo en primerísimos primeros planos en las pantallas de los noticieros, familias de monitos trasladando a sus crías, bandadas de aves volando presurosas en dirección a las montañas, perros y gatos en excursión veloz e inusitada hacia sitios más seguros.

En los relatos de los turistas que tuvieron que sufrir evacuaciones previas al mundialmente famoso tsunami, se repiten testimonios acerca de estos movimientos de los animales, mucho antes del desastre, sin ningún peligro en la vista: lagartijas y hasta hormigas u otros bichitos, aún más insignificantes. Misteriosamente comienzan su éxodo, ordenados, precisos, trasladándose en comunidad. 

Los documentales científicos nos muestran a las hormigas saliendo de sus hormigueros y disponiéndose una sobre otra hasta formar una superficie balsa formada por sus propios cuerpos sobre la cual los huevitos de su colonia son salvados de una súbdita inundación.

¿Cómo es que saben, cómo es que funcionan para los animales estos sistemas de alarma y prevención de riesgos?, que nosotros ni siquiera con la más sofisticada tecnología disponible logramos captar.

La buena noticia es que gracias a los animales, nosotros los humanos estamos admitiendo que necesitamos deshacernos de ese pesado lastre, tan característico de la comunicación, en el siglo pasado y aún en el anterior, su etnocentrismo que se traduce operativamente en entenderla sola o centralmente como una trasferencia.  De allí que las estrategias de comunicación actuales implican necesariamente un descentraliento doble, un salirnos de la dimensión informativa, para abordar la multidimensionalidad de lo comunicacional, y un salirnos de la visión de dominio de la naturaleza, para aceptar a la comunicación un encuentro de la diversidad.

Una estrategia comunicacional, no es una fórmula, no es un plan previo, elaborado para ser aplicado, sino un dispositivo flexible, especialmente atento a lo situacional en tanto espacio fluido, un lugar habitado en el que coexistan las alteridades socioculturales con otros seres de la naturaleza.

Es un dispositivo conversacional, que implica una mirada respetuosa de las heterogeneidades presentes en la situación que se desea abordar, que no se limita tampoco a lo discursivo, que se vincula más bien con aquello del sentido que emerge de la situación.

El comunicador estratégico recorre hoy un desplazamiento, desde lo semiótico hasta lo simbiótico, en tanto toda planificación estratégica requiere incluir en el diseño  a la manera de Serres,  también a los objetos naturales, como sujetos de derecho. Eso significa añadir exclusivamente al contrato social, el establecimiento de un contrato en el que no nuestra relación con las cosas, abandonaría dominio y posesión por la escucha admirativa: la reciprocidad, la contemplación y el respeto, en el que el conocimiento ya no supondría la propiedad, ni la acción –el dominio-.

…Y  termina este encantador camino del proceso comunicativo del bicherío expresando:   ¿y es que tenemos tanto que aprender?  (Tomado del PODCAST  de Sandra Massoni, www.sandramassoni.ar).

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