Universidad para el adulto mayor

Por: Dr. Enrique Espinoza Freire, PhD
Universidad Técnica de Machala (Ecuador)

El envejecimiento de la población ecuatoriana es un tema de interés y preocupación del Estado, quien ha promulgado políticas públicas orientadas a garantizar los derechos y calidad de vida de las personas de la tercera edad, por constituir estas un sector vulnerable de la sociedad, que requiere de protección económica, cuidados de salud y bienestar espiritual.

Entre estas políticas se encuentran las educativas, que emanan de la Constitución de la República, donde se consagra el derecho de los ecuatorianos a una educación inclusiva y de calidad a lo largo de toda la vida. Como parte de las políticas educativas está la llamada Universidad del Adulto Mayor, programa que desde la Enseñanza Superior se llevan a cabo con la misión de continuar el desarrollo intelectual y emocional de los adultos mayores.

La Universidad del Adulto Mayor tiene entre sus objetivos principales la promoción de la actualización y superación científico-técnica del adulto mayor, así como promover una vejez activa y participativa como contribución a una mejor calidad de vida. Esta debe ser una institución generadora de estrategias pedagógicas multidisciplinarias enfocadas en el asesoramiento y capacitación gerontológica y en la ejecución de proyectos investigativos direccionados a la solución de los problemas de los adultos mayores del territorio.

La incorrecta visión de la Universidad del Adulto Mayor como forma de emplear el tiempo libre y donde el estudiante es receptor pasivo, consumidor de información debe ser superada; es preciso que la Universidad, como actor clave de la comunidad, promueva una cultura gerontológica y su concepción responda a los principios de educación inclusiva y aprendizaje continuo como contribución a la inclusión social de este sector poblacional.

El adulto mayor debe ser visto como una persona competente, apta para aprender y no como un ser en declive cognitivo; en consecuencia, las actividades docentes han de estar concebidas desde una perspectiva constructivista que procure la participación activa del sujeto en la apropiación del conocimiento desde su relación con el objeto de estudio y de colaboración entre los participantes, y fundamentadas en la Andragogía, Gerontología Educativa y la Psicogerontología. Es un hecho comprobado que, el aprendizaje empodera al adulto mayor y contribuye a preservar la memoria, mejorar el rendimiento intelectual y estimular la autoestima.

Los temas a desarrollar siempre deben partir del interés de los adultos mayores y de las necesidades del entorno; a saber, estos pueden ser: estilos de vida saludable, programas de prevención de salud, las nuevas tecnologías, idiomas, artes, cultura física, protección del medioambiente, desarrollo sostenible, problemas del desarrollo humano y educación en valores, entre otros.

Por otro lado, es importante acometer estrategias para ampliar y diversificar la matrícula de los adultos mayores, incluyendo amas de casa, emprendedores, empleados, campesinos y obreros; es necesario aprovechar la experiencia de estos y capacitarlos para su participación activa en proyectos a favor del desarrollo local, convirtiéndolos así en promotores de salud, gestores del cuidado del medioambiente, defensores de los derechos y valores humanos, activistas culturales, etc. para que sean verdaderos agentes de cambio y disfruten de un envejecimiento creativo, activo y productivo.

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