Entrevista a Jacqueline Murillo Garnica sobre su obra “Itinerario de los días que fueron”

“La literatura debe cumplir con una función social e histórica, y en cierto modo, liberadora para el que la escribe” (Jacqueline Murillo Garnica).

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

La Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina CES-AL, dentro de la Colección Taller Literario, publicó hace pocas semanas el libro “Itinerario de los días que fueron” de Jacqueline Murillo Garnica. Esta es una obra compuesta por una serie de cuentos que plasman múltiples vivencias de lo que fue, ha sido y es esa mancha en la historia colombiana: la violencia; además, a estas historias, la acompañan varias reflexiones en torno al tema en cuestión. Conoceremos, a continuación, el criterio de la autora en tanto a su publicación y otros asuntos de sumo interés.

Jacqueline Murillo

¿Quién es Jacqueline Murillo Garnica?

Jacqueline nació en Bogotá en 1962. Es doctora en Literatura Española e Hispanoamericana; Magistra en literatura y Licenciada en Educación Básica. Los últimos veinte años de su vida laboral los ha distribuido entre Bogotá, Panamá y República Dominicana. Decidió estudiar literatura como una necesidad imperiosa de catalizar por medio de la escritura, las huellas de la vida, con sus trasegares históricos, y los paisajes del recorrido propio y ajeno.

Desde que tuvo la oportunidad de ser profesora de niños, conoció la realidad social y esa sensibilidad le ha permitido dibujar mediante la grafía, las experiencias de la ciudad con todos sus matices. Es profesora universitaria en República Dominicana y Colombia. Ha realizado publicaciones de género narrativo y lírico en Colectivo, “Itinerario de los días que fueron” es su segunda publicación en solitario. Ha publicado artículos en revistas indexadas, sobre literatura e historia y temas de interés cultural. Ponente en diferentes congresos internacionales. Pertenece a asociaciones como APELA (Asociación para el estudio de la Literatura Africana), AHILA (Asociación de historiadores europeístas y latinoamericanistas. Jurado en concursos nacionales de cuento, poesía, novela breve y becas en investigación para literatura, Alcaldía Mayor de Bogotá. Fue consejera por la Alcaldía Menor de Barrios Unidos, en literatura, por resolución en el periodo 2021-2024, en Bogotá.

“Itinerario de los días que fueron”.

¿A qué hace referencia el título del libro?

El título condensa, de alguna manera, las historias que pudieron suceder en la geografía colombiana y en algunas regiones de Latinoamérica. Hilvanar estos relatos resultó ser un ejercicio que aludió a la memoria histórica de este país, pero, sobre todo, como un reconocimiento a las personas anónimas, y algunas de ellas víctimas también.

En su obra se dejan ver tanto relatos bucólicos como urbanos, ¿a qué responde esta fusión?

Los retratos narrativos de estas historias corresponden a la vida nacional que transcurre entre el campo y la ciudad. Sus trasiegos, sus circunstancias y ese viaje eterno por la geografía de un país que se cierne entre lo rural y lo urbano. A fin de cuentas, es el itinerario de algunos rasgos de la historia y que se amparan en la literatura para hacerla creíble o tal vez más digerible de la pavorosa realidad.

¿Qué se esconde tras los personajes que, aparentemente, son producto de la invención?

Intenté registrar algunos episodios (como lo manifesté en la respuesta anterior), por medio de la literatura. Sus personajes, la gran mayoría, fueron de carne y hueso. Estos personajes han construido parte de la historia nacional, y son completamente anónimos. Realmente, mi imaginación es corta en términos de invención.

¿Por qué considera importante “dar vida” a hechos históricos a través de la Literatura?

Es una necesidad apremiante denunciar, reconstruir con palabras algunos sucesos. El olvido es también una forma de sepultar y de omitir hechos vergonzosos. La literatura debe cumplir con una función social e histórica, y en cierto modo, liberadora para el que la escribe.

¿Ha podido hallar puntos en común entre sus cuentos? ¿Una constante, un leitmotiv?

Por supuesto. Los ritmos fulgurantes de la ciudad están muy relacionados; el tiempo es una constante en todos los cuentos. Es el tiempo el que va dando el pulso a las narraciones, a veces denso y solitario, como el del campo. Intenso e impulsivo como el de la ciudad. También el miedo al otro, el miedo a los grupos sociales en las regiones, el temor que se teje desde el pasado y se reitera con los sucesos que se repiten.

¿Qué efecto espera que tenga la publicación de “Itinerario de los días que fueron”?

Primero, si es que la avaricia no me traiciona: el de dar vida a ciertos episodios de la historia de la violencia en Colombia, pero no de una forma descarnada y visceral. Segundo, intento sacar partido -en algunos de los cuentos- de lo cómico para no producir efectos tan amargos en el lector. El que lea estos cuentos puede sentirse identificado, pues sus historias están plagadas de rutinas en las que cualquiera se puede mirar en el espejo.

¿Considera el escribir como un compromiso social?

Naturalmente. El compromiso que le asiste al narrador es el de plasmar por medio de la literatura; paisajes, hechos, circunstancias para retratar en la escritura, eventos que hicieron parte del constructo social de un país en alguna época determinada. Ese testimonio debe servir, no solo para el presente, también para futuras generaciones.

Son conocidos sus artículos en tanto a crítica política, sobre todo en el justo reclamo contra la corrupción, ¿qué tan interesante le resultaría abordar, literariamente, estos aspectos?

Los artículos que escribo esgriman, de cierto modo, la vida nacional, la condición humana. Ese espacio en el periódico, “La Clave”, ha sido mi bastión para denunciar tanto desequilibrio social, y reconocer que como sociedad hemos fracasado. La literatura es el medio, por excelencia, en el que recurre el escritor para revelar ciertos sucesos bajo el amparo de la ficción; la realidad.

Colombia ha atravesado, últimamente, por varios procesos de agitación social, económica y política, vale recordar las multitudinarias manifestaciones del año pasado, ¿qué papel, se supone, debe cumplir la Literatura frente a estos movimientos, aún más en estos tiempos de cara a las elecciones generales?

La literatura debe cumplir con ese compromiso ineludible, de hacer visible los problemas sociales, confrontarlos desde lo testimonial. Quiero referirme, justo ahora, al escritor, Pablo Montoya, y su libro, “La sombra de Orión”, es un ejemplo de ese compromiso frente a uno de los episodios más vergonzosos de la historia reciente de Colombia. Así como la pintura, la escultura, el cine, y el arte en general han servido de fuente testimonial para no olvidar las confrontaciones que se han dado para defender unos mínimos derechos como ciudadanos.

Las emancipaciones sociales que hemos visto últimamente en Colombia advierten sobre un inconformismo y un malestar que ha golpeado la tranquilidad de algunos sectores privilegiados, y ha dado la cara a una realidad compleja y desafortunada para los sectores más marginados de este país.

Creo que no se trata de poner el dedo en la llaga, se trata de registrar en la escritura un testimonio para que no se muera en el olvido.

¿Cuál es su valoración acerca del rol desempeñado por la Editorial Centro de Estudios Sociales de América Latina CES-AL?

Realmente, la Editorial está cumpliendo con una destacada función social en América Latina. Su razón de ser es coherente con todos sus espacios destinados a divulgar y reflexionar desde diferentes miradas y enfoques, la realidad social, sin ningún sesgo y con total libertad e independencia. La Editorial es la ventana en la que hemos podido dar voz a los problemas de Latinoamérica, y en esencia, el acontecer de nuestros países agobiados por la corrupción y la brecha social cada vez más ancha.

CES-AL se ha convertido en un referente de divulgación independiente, claro y veraz frente a la información. Ha abierto diálogos y caminos de encuentro para los pensadores, artistas, poetas, escritores, comunicadores y profesionales, y a quienes se les ha confiado esa encomiable tarea, de reflexionar por medio de la escritura el transcurrir de la sociedad.

Creo que es necesario que las editoriales y los medios de divulgación sigan su ejemplo, que puedan trabajar de acuerdo con sus principios.

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