¿El Existencialismo tiene algo que decir hoy?

Por: Elsa González Moscoso
Cuenca (Ecuador)

Ante los últimos sucesos inesperados que actualmente suceden ante el mundo atónito, la invasión rusa a Ucrania, una guerra cuyas negociaciones ponen al planeta en vilo, por un lado, y por otro, la pandemia COVID-19 que continúa generando secuelas globales, sin mencionar otros y graves acontecimientos mundiales, me atrevo a intuir que la filosofía existencialista y su análisis de la condición humana, en auge en las décadas de los cincuenta y sesenta, tiene hoy una inusitada actualidad.

Efectivamente, los existencialistas analizan la condición humana con interesante profundidad, compartiendo una actitud similar ante la vida. Nace en plena crisis de posguerra de la Segunda Guerra Mundial, bajo la inevitable, devastadora y desgarradora sensación de abandono, de desolación, al constatar la sin razón, el tremendo absurdo de la guerra y las consecuencias nefastas en todos los niveles de la vida humana y natural, pero, sobre todo, en la subjetividad. La única certeza que queda ante este panorama, es la de existir sin garantías, y, por lo tanto, en la angustia propia de la existencia en situación.

El estudio profundo y la necesidad de comprender la condición humana, data desde comienzos de la filosofía, incluidos los maravillosos poemas de Homero (S, VIII a.C.) que entre otros temas, tales como la justicia, el honor, la educación, el derecho, la obligación, etc. presenta conceptos universales propios de la filosofía, tal es el caso de asuntos como el destino, el sufrimiento humano, las argumentaciones y discusiones, la identidad, la responsabilidad, la libertad, lo humano y, para lo que nos interesa aquí, las interrogantes existenciales. Así también los Vedas, libros sagrados del hinduísmo, entendido Veda como conocimiento,se cree que contiene el conocimiento fundamental de las causas, y respuestas personales a la existencia humana, desde su subjetividad primordial.

Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus, Maurice Merleau-Ponty, Gabriel Marcel entre otros, franceses en su mayor parte, asumiendo algunas posiciones y problemas del pensamiento de Soren Kierkegaard, constituyen el núcleo duro del existencialismo. La actitud existencialista y las filosofías de la existencia tienen en común el pensamiento existencial.

Es la existencia que somos los seres humanos la que cuenta, aquella de la que somos conscientes, precisamente por la temporalidad que habitamos y experimentamos entre el pasado, presente y futuro y nuestra inevitable finitud. Por ello mismo, piensan los existencialistas que este horizonte que es la existencia, no encaja en el rigor académico, pues no puede ser reducido a un sistema de pensamiento acabado, no puede someterse a una explicación sistemática de la realidad, dado que la razón como tal, no explica y no puede explicar la existencia humana. La existencia sobrepasa a la razón.

Esta postura se justifica porque consideran en primer lugar, que la realidad humana no es algo acabado sino que se está haciendo constantemente, se proyecta a través de nuestras propias decisiones y en libertad, pues el hombre, a decir de Sartre, está “condenado” a ser libre, no existe la opción de librarnos de elegir, como tampoco la de responsabilizarnos por las consecuencias de la elección. En segundo lugar, el hombre no tiene una esencia o naturaleza determinada, así es que, un sistema racional no puede explicar la condición humana. En tercer lugar, las explicaciones racionales y sistemáticas son modos posibles de entender la existencia, pero no son los únicos ni los mejores. Es comprensible entonces que la filosofía en los años 60 salga de la academia, se piense y se discuta en las calles, en los famosos cafetines franceses, por recordar uno de ellos el famoso Café Flore, situado en el número 172 del Boulevard Saint-German de París, donde discutían juntos filósofos, novelistas, poetas, dramaturgos, políticos y artistas de la época.

Se puede aglutinar ciertas posiciones comunes a los existencialismos, pues los hay ateos quienes proponen la inexistencia de Dios, tales como Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Heidegger y quizá hasta Nietzsche; cristianos, aquellos que defienden la importancia del Creador como Pascal, Kierkegaard, Marcel;  y agnósticos  que afirman que el cuestionamiento sobre la existencia o no existencia de Dios es irrelevante, es el caso de  Karl Jaspers y Albert Camus.

Quizá uno de los rasgos en común sea el rechazo a identificar la realidad con un principio explicativo racional, único y absoluto. Así también piensan que identificar lo racional con lo real, no es correcto dado que, no todo lo real es racional y no todo lo racional es real. La existencia humana, es decir la conciencia subjetiva de nuestro existir rebasa cualquier racionalidad como hemos dicho. La existencia no es por tanto, un objeto como cualquier otro por el que el hombre se pregunta, resulta que se trata de su propia condición. La existencia es siempre el modo de ser  finito propio del hombre, dado que es un ser temporal, por ello lo que es posible, es siempre el modo de ser de la existencia humana. Pero además la existencia es ella misma negatividad, puesto que en ella se encuentra el no ser, y ésta no es una posibilidad, sino su certeza.

Para acercarnos y comprender la realidad humana tal cual es, es decir la existencia concreta, se requiere de una vía adecuada. A pesar de ciertas diferencias, los existencialistas están de acuerdo en algunos asuntos fundamentales, a saber: Es imposible hacer la diferencia tradicional entre objeto de conocimiento y sujeto quién conoce el objeto estudiado, y esto porque quién estudia, es un existente que analiza su propia constitución existencial. Esto no significa, como pudiera parecer, un autoanálisis, una introspección subjetiva, sino se trata más bien de descubrir las características generales de toda existencia, aunque en este descubrimiento quede implicado el propio descubridor.

La única forma de llegar a conclusiones generales, es la descripción más completa posible de la existencia, sin evadir ninguna de sus manifestaciones, de tal modo que se muestran las estructuras fundamentales de la existencia; es decir lo que es constante, lo accidental se pierde. Esta es una de las razones del éxito rotundo de las obras literarias y de cine que utilizan esta vía o método para desarrollar una descripción de la existencia concreta y el sentido o sin sentido de la vida a partir de sus distintos personajes, lo que permite una narración salpicada, matizada y muy vivida de los casos existencialmente estudiados. Cuando se trata de la existencia la investigación es siempre circular e inacabada, nunca completa, dada que la existencia implica siempre movilidad, es un constante estarse haciendo, así, todo estudio solo puede ser provisional. El poder de este tipo de literatura está el mostrar los intrincados y angustiosos procesos del existir consciente y por ello mismo humanos.

La existencia como concepto filosófico expresa el modo de ser del hombre o lo que es lo mismo, su estructura ontológica. La realidad humana es muy distinta a otros seres de la naturaleza que tienen un modo de ser determinado, el hombre en cambio, está en un constante hacerse a partir de sus decisiones más o menos conscientes, es siempre posibilidades abiertas y proyecto al futuro. El hombre es primero es existencia, la existencia precede a la esencia o definición.

Esto significa que somos ontológicamente libres, quiere decir que, a causa de nuestro propio modo de ser, tenemos siempre la posibilidad de elegir independientemente de cualquier límite que se nos imponga desde fuera, o del éxito o fracaso que implique  la elección. Ahora, libertad no quiere decir que pueda hacer lo que quiera, sino que en cada caso, puedo yo elegir una opción y, solo yo soy el responsable de mi elección, no puedo evadir hacer elecciones, estoy “condenado” a mi libertad, y no me queda otra que asumir la responsabilidad de mis actos, tratar de evadir la responsabilidad es un acto de “mala fe”un autoengaño. 

A decir de Sartre, la angustia es en donde el hombre cobra conciencia de su libertad. Angustia que no es miedo a algo en concreto, es miedo ante mi ser problemático, pero también es la captación de la nada, o la falta de todo móvil. En definitiva, puedo elegir libremente mis actos, pero no puedo no elegir ser libre. estoy condenado a ser libre. La angustia es precisamente la captación del carácter inevitable de la libertad y de la obligación de la que no podemos escapar. El hombre consciente surge como angustia en el seno del mundo.

Los existencialistas dan mucha importancia al análisis concreto de las situaciones. Por ejemplo, Simone de Beauvoir (Para una moral de la ambigüedad) describe situaciones vividas donde mantiene la imposibilidad de normas morales absolutas, pues las acciones solo pueden juzgarse en casos concretos y en circunstancias particulares. Jean Paul Sartre (Crítica de la Razón Dialéctica) adopta prácticas del psicoanálisis para analizar el inconsciente y la sociedad en la que se produce la acción libre. La situación del mundo material y social es parte de la existencia.Tomar las cosas en su concreción, significa verlas unidas con todo aquello que en la realidad se encuentra fundido a la existencia. El hombre, la existencia y el mundo son realidades que se encuentran fusionadas. El mundo solo es posible cuando es comprendido y vivido por el hombre, y el hombre sólo puede ser comprendido en el mundo que vive, por ello el hombre es un ser en el mundo.

En general, el existencialismo es ante todo, un modo de plantear los problemas de la existencia como condición humana, una perspectiva sobre la realidad que interpreta los fenómenos poniéndolos en relación con la existencia concreta y en situación, siempre abierta y en constante proceso, tanto individual como social, predominando el primero.

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