Abuelos

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

-Y es que este Putin es el más putín de todos- decía exaltada la abuela, llevándose la mano a la cabeza en un sutil ademán por recordar no se sabe cuántas noticias había escuchado, leído o visto sobre el conflicto armado en la Europa oriental. A su lado, con un proveniente vientre, el calvo abuelo se limitaba a asentir con la cabeza, pero por su mente las palabras ¨vieja loca¨ aparecían constantemente.

-Claro, pues, esto es acto del Demonio que le tienta a ese fiero ruso a que le bombardee a esa pobre gente. Vaya pues, nunca se ha visto semejantes atrocidades antes. Sí se escuchaba, para que vamos a decir que no, de guerrillas, de matanzas, pero esto nunca, ¿nocierto, ah?

-Más claro, es el mundo el que se ha hecho malo. El odio se ha apoderado de los corazones de los Hombres. Ya ninguno se salva. Bien dicen por ay que el fin de los tiempos está cerca- sentenciaba la abuela a la vez que bajaba la vista de vuelta a las agujas, al hilo, al punto crochet. Sus callosas palmas y sus retorcidos dedos atestiguaban el inequívoco paso de las décadas. Sus gruesos anteojos daban fe de que las miradas se apagan.

-No, no, no. No puede ser esto, medio que superamos una pandemia, esta peste, para meternos en una guerra: salimos de Guatemala para caer en Guatepeor. Definitivamente el Humano no ha aprendido nada. Claro, como los que dan las órdenes no se matan, no se ven, ni se sabe dónde están esos. Y ahora salen con que ¨conversaciones, conversaciones¨ ya cuando el mal está hecho- de a poco la voz de la abuela escalaba un par de tonalidades mientras fruncía el entrecejo tanto por lo que comentaba como por las malas punzadas que daba a la lana.

-Pero ya les quiero ver arrepentidos cuando tengan que rendirle cuentas a Dios, sólo él les juzgará, seguro que van a estar chaspándose en las zarzas infernales- En eso cesó el monólogo y ambos veteranos empezaron a cabecear cuando un fortísimo chasquido de lengua los puso alerta y la vieja, en lo que se había hecho especialista, cambió el tema radicalmente. 

– ¿Crees que siga viniendo el chiquito a vernos ahora que ya empezaron clases en la escuela? Bueno, ya dependería más de los papás que del mismo. Pobres guaguas, casi, casi dos años encerrados y ahora van ya al cien por cien de capacidad en las aulas, como era antes de todo esto. No sé, pero yo sí le notaba bastante flojito al ultimito en todas las materias, parece que no mismo aprendían nada, ¿no? – Silencio. Nunca o casi nunca había respuesta. Silencio.

La abuela, al notar que el abuelo no le prestaba atención, optó por seguir con su bordado; sin embargo, había muchas cosas que decir, fueron bastantes años del más insólito mutismo, tenía que aprovechar y, haciendo uso de su capacidad para ir de norte a sur y de este a oeste, dijo:

Caracho este mosco está que molesta posando ay, a cada rato, como modelo en la lámpara. Me hace acuerdo a esa noticia que salió recién del aborto, no ves que ahora las mujeres… O a esa del mal estado en las carreteras que… Y por eso mismo sube el precio de la gasolina, ahora han de ir a protestar estos… Ellos mismos que reciencito salieron indultados, porque… Y mejor ni te hablo de… pero espabila, hombre, que estás ahí entumido, más perdido que cura en burdel. 

-Sí, sí. Así mismo es, tal como vos dices- y la vista del anciano se volvió a perder en la mosca intrusa que revoloteaba alegre en la sala de los abuelos.

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