Queremos Paz

Por: Esthela García M.
Universidad Nacional de Educación, Azogues (Ecuador)

Aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla.  Durante el siglo XX el mundo entero se ha sentido convulsionado por  guerras que se  sucedieron y que  dejaron saldos trágico de centenares de miles de vidas sacrificadas sin razón, millones de personas desplazadas de sus hogares, incontables los daños materiales, infinitas las consecuencias psicológicas y morales en quienes las vivieron y en su descendencia.

En 1914, los países armaron poderosas  alianzas en dos bandos, aprovechándose de un sentimiento nacionalista contrario a los imperios vigentes hasta entonces,  la lucha por los territorios  coloniales que  fueron motivos perfectos para  poner en evidencia el desarrollo de la industria armamentística, que por primera vez dejaba al descubierto el poderío de unas naciones sobre otras. Pero al terminar ésta ¿qué fue lo que quedó? alrededor de siete millones de civiles y diez millones de soldados muertos durante los ataques, millones de muertos indirectos por el hambre, la expansión de enfermedades, como la pandemia de la gripe española, y el  incrementó  de la brecha social en los países afectados, debido a la discapacidad física después de los combates, la viudez y la orfandad provocadas por la Guerra.  Las desastrosas consecuencias económicas para las naciones, la desaparición de los imperios, el nacionalismo que creció frente a los países que se formaron en lugar de ellos y las tensiones políticas, que no cesaron en los años siguientes, pese a la conformación de una organización internacional con objetivos pacifistas, como fue la Liga de las Naciones.

Los enfrentamientos entre las naciones de Europa, entre las de Asia, surgían como preludio de la peor contienda bélica de la historia.   Cerca de veinte años después,  los asfixiantes términos del Tratado de Versalles, el afianzamiento ideológico del fascismo alemán, la ambición de expansión territorial y heridas que quedaron abiertas; dieron origen a   la Segunda Guerra Mundial  que convocó  nuevamente poderosas alianzas entre  países con “intereses comunes”  de todos los continentes, que se declaraban en guerra,  e indirectamente  presentaban su hegemonía armamentística, alimentada  exponencialmente en las últimas décadas. Un levantamiento bélico de orden global, que dejó devastación al mismo nivel. 

Cuando cesaron los enfrentamientos y se declararon “vencidos y vencedores”, las consecuencias para todos los países fueron trágicas:  Ciudades reducidas a cenizas por los bombardeos,  entre  cincuenta y setenta  millones de personas muertas: soldados y civiles en las poblaciones  de Europa y Asia, entre los que se cuentan millones de judíos exterminados sin piedad.  Los factores  económicos en detrimento y el mundo dividido en dos potencias mundiales mediando en una guerra fría que parece que nunca ha terminado por completo y que su influencia se evidenció en la guerra de Vietnam, durante un conflicto que duró cerca de una década, también con millones de vidas sacrificadas y una lección  que no fue  aprendida, ni en los banquillos de la ONU.

Otras guerras sacudieron también la conciencia del mundo después: Irak, Balcanes, Siria, Afganistán; en todas ellas la disputa por evidenciar el poder global,  demostrar supremacía bélica e intereses políticos y económicos, fueron el detonante que siempre estuvo  debajo de las mesas de diálogo.

¿Y el resto del mundo qué? Hoy nos despertamos con las noticias de una tercera guerra mundial, con vaticinios apocalípticos que se van cumpliendo según diversas interpretaciones, mediante  un elemento clave y decisorio en la conciencia de las cosas, como es el desarrollo de la tecnología y las comunicaciones, con  las redes sociales a través de la Internet. imágenes  verdaderas o falsas que dan la vuelta al mundo en segundos. La  contienda política en su máxima expresión, reuniones diplomáticas que están tan lejos de las calles en las ciudades bombardeadas, tan lejos de la angustia del ciudadano común de las naciones afectadas – sin distinción de bando-   que tiene que dejar su hogar para protegerse o para enfrentar al  “enemigo” de su patria.

Las consecuencias que ya se están produciendo en esos territorios, no se hablan en los posibles diálogos enfocados en temas inmensos, temas que no caben en la mochila del soldado que puede morir no por una idea política o de nación, sino por un deber impuesto y por el deseo de proteger lo que más quiere.

Cuando todo termine, porque tendrá que terminar;  veremos  nuevamente al mundo herido, devastación y muerte como saldo estadístico en los países que intervienen, potencias e ideologías robustecidas, vanagloriadas;  acuerdos  que beneficien a los más poderosos y los demás en todo el mundo nos quedaremos como espectadores, con la impotencia en la garganta, con el susto en medio del pecho, con la incertidumbre del tiempo que nos abraza, con la esperanza de esa paz que no termina de llegar.

GUERRA
Tanta muerte

tanto dolor

tanta maldad.

Se crispan las almas desde lejos,

se retuerce el sentido y la distancia

se hace leve, se hace eterna,

se hace mordaz la desazón

y  se  cuecen en el  tiempo

las matanzas que ruedan en las hierbas,

que flotan en los mares,

que se pierden en  papeles

de los grandes escritorios

con bandera tricolor.

Las palomas de la paz no hallan su nido

en las cumbres de los hombres

y se van por los caminos más lejanos,

surcan mares, cordilleras

entre mundos  inconformes,

evaden las bombas  que caen,

y se posan en paredes derroidas

en ciudades  doloridas.

y lloran por el llanto de los niños

saben que en vano han llegado

y temen volver vacías.

y vuelven a buscar,

buscar,

buscar

y solo encuentran el odio y el dolor

entre selvas  de fronteras enemigas

y mueren en silencio

olvidadas

y perdidas sin razón.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.