La mala educación emocional

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

Con una votación de cinco a favor y cuatro en contra, la reciente decisión de la Corte Constitucional en Colombia de despenalizar el aborto hasta la semana 24 de gestación. Este fallo del pasado mes de febrero reconoce el derecho de la mujer a elegir sobre su cuerpo, el derecho que tiene cada mujer a una educación sexual-emocional. Si en el 2006 la Corte declaraba que sólo estas causales: el embarazo en caso de riesgo para la salud mental y física de la mujer, en caso de abuso sexual y malformaciones en el feto, no era considerado como delito. Sólo en el caso de estos tres motivos, en ningún momento se exigirá el número de semanas establecidas para interrumpir el proceso de la gestación. 

Esta sentencia respalda e imprime una legitimidad a la mujer en Colombia, en un país que ha ejercido la doble moral. Se penalizaba a la fémina por el simple hecho de definir lo que ella consideraba como una elección que debía asumir. Esta práctica clandestina implicaba un problema de salud pública, con todas las afectaciones que conlleva, incluso, la vida de la gestante. Básicamente del 97% de estas mujeres que debían escoger este camino de lo furtivo, se encuentran las adolescentes y más vulnerables, tanto en lo emocional como en lo económico.

En un país en el que se convive con la muerte y la violación de los derechos humanos, poco o nada interesa que una niña o adolescente esté desprotegida. Al contrario, se le satanizaba o se enjuiciaba familiar y socialmente, digamos que en estratos con cierto nivel de mojigatería. Dicta la Corte en este fallo que se deben crear instrumentos de prevención de los/las adolescentes. Colombia, un país en el que ha prevalecido la cultura religiosa por encima de la realidad social, resulta ser esta decisión como un hecho histórico que vindica los derechos de la mujer, históricamente vapuleada por la misma sociedad solapada que la ha lanzado como carne de cañón a creer en el imaginario del amor romántico, pese a la naturaleza de las hormonas en la adolescencia. Por cultura y tradición, a la niña se le ha inculcado su dignificación a partir de la maternidad. Al niño se le ha educado para utilizar a la mujer como un objeto sexual.

El psicólogo César Raúl Ruíz cuestiona a la sociedad por la falta de responsabilidad afectiva. Es una sociedad hipócrita que sataniza a la mujer que aborta y no al hombre que la abandona. A causa de su preñez. Ese instante en el que la Corte falla para otorgarle a la mujer un derecho que de por sí, resulta exótico por la misma razón que lo sostiene, y que en pleno siglo XXI se sentencie como un fallo en el que adelante no se penalice por la libertad de decisión de una mujer al no desear tener un hijo.

Para Ana Cristina González, médica y doctora en biopolítica explica que importa más el prospecto de una vida, que lo que la mujer desee o elija para su proyecto vital. Se le da prevalencia a la mujer que cumpla con los protocolos de una sociedad patriarcal porque es la que encaja perfectamente en el canon social y para los fines de la procreación. Esa misoginia es otra forma de violencia consentida y que marca una impronta en las sociedades como la nuestra.

Algunas figuras del espectáculo, de la moda y pasarela en Colombia han salido del closet del silencio social y han expuesto su disposición de apartase de la maternidad como una decisión personal. Su revelación contrasta con las condiciones de una niña o adolescente que debe definir en solitario y con las penosas precariedades que la acompañan, tal vez estas niñas no tuvieron una educación en valores sexuales (se regodea el discurso en la formación de valores), y cualquier asomo de erotismo en una adolescente es considerado como una conducta irreverente y que merece ser tildada de ligera y fácil, por la sociedad que la excluye, precisamente por no ser solapada y reconocer en su condición de mujer el derecho a sentir y ser respetada.

Las estadísticas reflejan que la prohibición no reduce el número de abortos, y va en aumento la criminalización. En Colombia, los cinco departamentos con más condenas por aborto son Caldas, con un 18,48 por ciento de estos hechos terminan en condenas, Boyacá con un 13.94 por ciento, Santander con un 10.61 por ciento, Tolima con 8.48 por ciento y Norte de Santander un 6.67 por ciento. La capital del país arroja un 13.33 por ciento en casos de criminalización en condenas contra las mujeres. Datos extraídos del diario El Tiempo.

Aunque es solo un comienzo de la larga estela social que todavía se esconde en las peroratas de atrio, este fallo de la Corte dignifica a la mujer como uno de los principios de una verdadera democracia.

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