La balada con la muerte

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

Baila. Baila, conmigo, alta, blanca y huesuda mujer. Sí, baila conmigo, envuélveme en tus negras y anchas vestiduras. Sacúdeme con tu indecible fuerza con la que tantos hombres has recogido. Sí, estreméceme con ese desalineado y tosco movimiento de tus caderas desdeñadas al que otros cuantos han sucumbido. Endulza mis oídos con el crujir de tus pasos dobles y tus vueltas amaneradas. Sí, tócame con esas frías manos sin uñas y revolotea tus finas muñecas en el aire pestilente. Sí, apoya a mi pecho esa cabeza sin pelo. Bésame en la ausencia de tus labios. Encuentro en las negras cuencas de tus ojos el sentir de todos; hallo en tu hálito el soplo de la vida.

Aunque la balada no se baile, acompañemos al viejo vinilo. Baila, bailemos. Cuando quieras, acerca a mi cuello tu oz y baila, baila, baila mientras me refugio en tus brazos, amada, querida, deseada, odiada, temida santa muerte.

Un comentario en «La balada con la muerte»

  1. Felicitaciones Mateo Silva, sigue adelante, ya que siendo tan joven escribes con mucha claridad, tu mensaje llega muy bien al lector.

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