La filosofía unitaria de Heráclito de Éfeso y el ‘socialismo libertario’ de Pablo Palacio

Por: Fausto Aguirre
Academia Ecuatoriana de la Lengua

Sólo los locos experimentan hasta las glándulas de lo absurdo y están en el plano más alto de las categorías intelectuales. […] El cuentista es otro maniático. Todos somos maniáticos: los que no, son animales raros.
P. Palacio,“Las mujeres miran las estrellas”,p. 126-127

Tesis

Pablo Palacio, como escritor, rompe todas las estructuras del canon oficialista y de moda de la escritura de los textos de la época. La locura, de todos sus personajes, es un gran pretexto estilístico para buscar la libertad, la verdad, la realidad; la acción de la justicia -porque, donde no hay libertad, donde no hay justicia, en tanto esta es una clara manifestación caótica, no está dentro de la identidad humano-social que demandamos-. Alguien lo dijo -creo que Searle-[1]: los enunciados de ficción en la ciencia cuentan con su propio significado, un significado que produce una realidad hipotética, un significado que no depende de la contrastación empírica con el mundo para verificar el valor de verdad. Aquí está Pablo Palacio. La literatura, desde esta óptica, no puede convertirse en una ‘servicia’ del proselitismo político, de la religión, del sexo como presencia cruda de la realidad pornográfica, ni siquiera de la manifestación de ‘erotismo’, al estilo de cómo lo describe y presenta Georges Bataille, por ejemplo.

Síntesis

Hay locura en todos los personajes que viven en los textos de Palacio. Hace falta saber qué locura. Pero, la locura -la que sea- no es la del autor. Es el recurso estilístico de Palacio, utilizado como gran pretexto, con la finalidad de desarrollar todo el proceso de corrupción que vive el mundo humano.

Es admisible que haya locura por la ansiedad irrefrenable de Octavio Ramírez, de Andrés Farinango, por la impotencia de un hombre que trabaja, locura devenida por la injusticia; la de Nico Tiberio, por “la inclinación naturalísima” de servirse carne humana y la miserable actitud de los jueces de reprimirlo en una jaula, peor aún para exhibirlo a la contemplación popular; la demencia de la bruja que, en vez de lograr el objetivo del chico, termina enamorándose ella de él -no importa la enamorada de él- y lo convierte en un árbol frente a su casa, para saciar su instinto delirante de verlo allí permanentemente; la acción de las brujas de lograr la transformación, por costumbre, miserable del ser en un animal, para esconder la ansiedad incestuosa, no permitido, ¿por quién?; la locura de Gual que, por su impotencia, pierde la atención de Rosalía, porque será Temístocles, el hombre joven, guapo, interesante, inteligente, bien puesto, copista que trabaja con Gual, que se ha enamorado de ella; la cobardía del hombre que asesta un golpe en el rostro de la mujer, que es una locura; Antonio esperó que ella engorde sus formas, se casan, reacciona por la desheredada limitante lingüística de recurrir siempre a ‘claro’ como su panacea; abandona después del suceso desgraciado de agresión física, se encuentra con Paula, otra amiga torpe, pero pasa con ella unos tantos días, crece el remordimiento de conciencia después de su muerte psicológica y buscará a Amelia[2]; pero la tragedia del hombre enfermo que ve que su muerte está por la presencia del ‘treponema pálido’; la mujer y el deseo de la muerte -el deseo de un hombre con quien hacer el amor-, porque ‘hacer el amor es llegar a la muerte’, máxime si el deseo es infinito, mejor aún que no esté el marido; el hombre tiene todas las enfermedades, su destino es morir[3]; el Teniente busca a ella o Débora busca a él y, cada cual constituye una virtualidad, es inoperante tomar el destino de la búsqueda de mi identidad, de mi ser, en el otro o en la otra: es buscar la muerte -¿es una locura?- Es que todo es y no es, todo está y no está, todo vive y no vive, todo es hermoso y no lo es[4] -está presente, no en la dicotomía de los pares mínimos sin diferencia conceptual, ni siquiera shakesperiano del ‘ser o no ser’, sino en la dialéctica filosófico-conceptual, como pureza de pensamiento de Heráclito de Éfeso[5]; y más trágico todavía, el caso de Andrés Farinango, triste protagonista en Vida del ahorcado, él está muerto, atado por los trapos de sus corbatas. ¿Por qué Farinango acepta la muerte?[6] ¿Lo hace como el mejor sacrificio frente a la ‘injusticia’ de quienes administran la justicia? Al margen de la narrativa de cánones, normas y principios, se sienta Palacio, a describir la desgracia universal de la ausencia de justicia, porque ella, como sostiene Heráclito de Éfeso, es una ‘desgracia’.

Palabras clave:

Pablo Palacio, vanguardia, socialismo, nacionalismo, populismo, comunismo, Heráclito de Éfeso, naturalismo, dialéctica, dialéctica heraclitoneana, escritores europeos, norteamericanos, hispanoamericanos, filosofía unitaria, fuego, muerte, libertad, derecho, justicia, etc.

¿Quién es Pablo Palacio?

Pablo Palacio es el escritor ecuatoriano. Nace en la ciudad de Loja a comienzos del s. XX, (1906). Muere en la ciudad de Guayaquil (1947), con afecciones de sus masas del cerebro, cerebelo, bulbo raquídeo y la médula espinal. Apenas terminó su bachillerato (1923), en el Colegio Nacional Bernardo Valdivieso de la ciudad de Loja, viajó a Quito, capital de la república, en busca de estudios superiores para su formación profesional; inicialmente como médico, por sugerencia de su tío[7], Pablo terminó la carrera de Derecho y Jurisprudencia de la Universidad Central del Ecuador, dentro de la cual se graduó.

Palacio, desde escolar, nunca tuvo como pensamiento una formación profesional rentable o lucrativa. Su preocupación preferencial fue las humanidades, con la literatura a la cabeza. Muy temprano, como estudiante de educación media, triunfa en los concursos de los ‘juegos florales’ con su poesía y con sus relatos[8].

Asimismo, en su calidad de estudiante universitario, en 1927, presentó en la convocatoria para concurso literario su libro Un hombre muerto a puntapiés[9]. Fuera de este su primer libro de literatura, Palacio es dueño de las novelas Débora y Vida del ahorcado[10]. Su obra literaria está llena de referentes teóricos de qué es la literatura, su función, para qué sirve, cómo hay que hacerla y, de manera especial, cómo debe funcionar el aparato ideológico en ella.

Palacio, hacia 1932, escribe “Comentario del año 1957”[11]. Dentro del contexto de su quehacer académico, este “Comentario…” es quizá el único escrito, en donde su autor, pone de manifiesto una lucha en contra del fascismo imperante de la época. Pero, Palacio, no toma partido de lo que hace y dice ideológicamente. De cara a su trabajo de escritor, su “Comentario al año 1957”, con una forma muy inteligente de camuflar la realidad que es y no es, que está y no está, que está presente, y a la vez, ausente; desde el punto de vista ideológico merece su análisis, aplicando la metodología de trabajo, como lo hace Lucien Goldmann[12]. El “Comentario del año 1957” se inicia así:

Hacen hoy veinticinco años, el 1 de mayo de 1932, la burguesía de la ciudad de Quito, hizo su primera manifestación sangrienta contra las aspiraciones de justicia de la clase proletaria. El Gobierno nacional, las asociaciones católicas, los capitalistas y los aspirantes al Poder se coaligaron entonces para reprimir en la forma más vil que registra la historia un sencillo desfile, de carácter simplemente intelectual, en el que los universitarios de la Central y algunos obreros recorrían unas pocas calles de la ciudad y en el que tomarían la palabra unos dos intelectuales para indicar al pueblo trabajador la necesidad urgente de unirse en defensa de los intereses de la gran mayoría […][13].

Esto sucedió ayer, hoy y seguirá produciéndose mañana y siempre. La represión es un poder estatuido universalmente. Los noticiarios, todos los días, dan cuenta de la muerte de estudiantes de escolaridad media, universitaria, y de muchos participantes que se enarbolan en la voz altiva del reclamo por una justicia equitativa, en todos los órdenes, de la población marginal que crece exponencialmente.

Como estructuras paralelas a “Comentarios…”, ubicadas en los mismos parámetros intencionales de una justicia, por todos los que se merecen, Palacio ha escrito también: “Stewart Edward White, Misterios que no puedo explicar. Traducción del inglés por Palacio (1927)[14], “La propiedad de la mujer” (1932), “Breve esquema genérico de la dialéctica” (1938), “Interpretación sana del mundo” (1934), “Entrevista a Pablo Palacio” (1934), “Discurso del Dr. Pablo Palacio, Secretario General del Instituto Ecuatoriano Mexicano de Cultura” (1938), y “Del pago de la Letra de Cambio” (1943). Todo esto se ha calificado y clasificado como escritos no ficcionales.

Capítulo aparte merece el tratamiento de los estudios y traducciones del autor: “Sentido de la palabra verdad” (1935), “Sentido de la palabra realidad” (1935), y “Traducción de Fragmentos originales de Heráclito de Éfeso” (1935), amén de los referentes teóricos que propone Palacio sobre qué es literatura, cómo debe ser la literatura, para qué sirve la literatura, qué se hace con la literatura, qué raigambre debe tener ella, cómo debe ser el tratamiento ideológico en ella, mejor dicho, por qué no incluir, en la llamada literatura, el tratamiento de los proselitismos de la ideología y de la política, el sexo, las denuncias, la implicación de soluciones sociales, frente a la nobleza y estructura especial de la función de la literatura[15].

Pablo Palacio, de cara a sus textos, a diferencia de muchos escritores, claro está vinculado con los que ubican como base de su trabajo la filosofía, con la finalidad de recrear sus textos, siempre se va a preguntar: ¿Qué es la filosofía? ¿Cuál es la relación de la filosofía con las actividades que conducen a la realización del hombre? En primer lugar: ¿de dónde surge la filosofía y cómo se inicia?

Como parte del nuevo enfoque, me gustaría aclarar un malentendido fundamental, sin que pretendamos apoyarnos en su racionalismo, como dependencia para la construcción de la literatura: ya Aristóteles, en su primer libro de la Metafísica, sostiene que la filosofía nace solo en el momento en que las preocupaciones cotidianas han sido superadas, en que las ciencias particulares, con su carácter utilitario, se han desarrollado y cuando se ha obtenido la satisfacción de todas las necesidades inmediatas[16]. He aquí el mejor punto de partida en el trabajo del escritor.

Palacio ha escrito poesía: “Ojos negros” (1920), “Capricho pictórico representando a Laura Judith I” (1927), “Capricho pictórico representando a Laura Vela” (1928), “As de diamantes Isabel León” (1929), y “As de corazones. Yo y mis recuerdos” (escrito en 1929, publicado en 1947).

Pertenecer a un grupo     político, ¿es perder la libertad individual y de gestión, por la dictadura que supone un movimiento proselitista?

Hasta aquí hemos descrito, brevemente, quién es Pablo Palacio, qué hacía, qué escribió; hemos dicho qué pensaba, hemos caracterizado su gestión ante un movimiento político de prestigio circunstancial, casi de moda y, como venía desde fuera, después de haberse gestado por muchos años y, logrado réditos sociales de primer orden, aunque fuesen únicamente enunciados. El desgaste de ellos, por su naturaleza de dictadura, es evidente. Desde los mismos inicios se van a presentar conflictos internos por no acuerdos y más contradicciones entre los líderes.

Estamos de cara ante el socialismo y el comunismo que después de la ‘revolución del 17’ de la vieja URSS, el mundo social cree en los enunciados que apuntan las mejores soluciones en todos los órdenes de la vida económica, social, política, educativa, en la abolición de las clases, en el ascenso de la clase obrera a la dirección de los regímenes y gobiernos, en el reparto equitativo de las riquezas nacionales, la abolición de la esclavitud, que el poder de la burguesía de las ciudades y los absolutismos dejen libre la dirección de las naciones, que la organización de los gobiernos se respete y, sobre todo, se adecue al reparto de funciones, que la gravedad y peso de los gobiernos y sus administraciones, vele por la integración del ‘ejecutivo’, ‘legislativo’ y ‘jurisdiccional’. Que el trabajo sea mancomunado, pero nunca de interposición y dominio de funciones con negación de ellas, solo por el interés de los más fuertes o, por la preponderancia de los populismos y nacionalismos que caminan por esos andariveles.

Es el mismo Pablo Palacio, en “Comentarios del año 1957”, que observa la crisis que vive Ecuador, en los comienzos del s. XX: “La República participa entonces de la gran crisis mundial que azotó a los pueblos en la tercera decena de este siglo y en la cual los hombres, desorientados, buscaban desesperadamente un remedio para evitar el hambre de las masas y abrir un camino de justicia a las aspiraciones populares”. He aquí el problema, como una visión de síntesis: La llamada ‘primera conflagración mundial” dura de 1914 hasta 1918: son 4 años, tres meses y 14 días. Esta ‘peste’ se extiende entre Europa, África, Oriente Medio, ligeramente China, los países costeros de América española y las islas del Pacífico. ¿Y la génesis de la guerra?: Francisco Fernando de Austria, archiduque del Imperio, es asesinado en Sarajevo el 28 de junio. El Imperio austrohúngaro declara la guerra a Serbia. Rusia, el 29 de julio, moviliza sus ejércitos contra el Imperio austrohúngaro. La guerra provocará la disolución de los imperios alemán, austrohúngaro, otomano y ruso. Se forman nuevos países en Europa y Oriente Medio. Sin dejar de lado el talante esclavista se hace la transferencia de las colonias alemanas y otras regiones del antiguo Imperio otomano a los aliados u otros poderes. Nace la Sociedad de Naciones[17].

Palacio ve y siente las crisis de su patria y del mundo, pero no llegan las soluciones empeñadas y ofrecidas. Empero, por lograr ese aforo social de masificación humana, desde Rusia, o fuera de ella, de los centros identificados con el adoctrinamiento, se difunde su literatura con los sustentos del totalitarismo. La política y la ideología nunca pueden ser ajenas a los miembros de la sociedad y de los pueblos, culturalmente son necesarias e indispensables, empero, el pueblo llano no puede aceptar como estructuras dictatoriales, como parte de un poder que, sin criterio, desde arriba no hace otra cosa que oprimir y negar todos los derechos y la mínima justicia de que se es dueño.

Desde los ámbitos del ‘materialismo filosófico’, nos vienen los mayores grados de influencia, supuestamente académico aleccionadores. Las líneas más importantes del materialismo filosófico, determinadas en función del espacio antropológico, en tanto este espacio abarca al ‘mundo íntegramente conceptualizado’ de nuestro presente, con el cual trabaja o debe trabajar el mundo consciente, pueden trazarse ahora, siguiendo los tres ejes que organizan ese espacio, a saber, el eje radial[18], el eje circular[19] y el eje angular[20]. El materialismo filosófico incluye también la crítica a la identificación del espacio antropológico con la omnitudo rerum, y esta crítica abre el camino de regressus hacia la materia ontológico general.

Por otro lado, ¿cómo llega el materialismo metodológico, en calidad de materialismo operatorio, a las bases sociales? El materialismo metodológico es el ejercicio mismo del racionalismo materialista en cada curso de los análisis, construcciones o debates de carácter científico o filosófico, sin necesidad de que en estos cursos el materialismo se aparezca ‘representado’, o incluso con fórmulas espiritualistas. El racionalismo materialista se moldea sobre operaciones tecnológicas, ‘quirúrgicas’, o prácticas concretas cuyo curso solo puede seguir adelante cuando los materiales respectivos encuentran una concatenación objetiva.

La característica fundamental del materialismo metodológico consiste en ‘poner el pie’ en los materiales, inicialmente corpóreos, que están implicados en la cuestión debatida; y esta característica es deducible de la naturaleza operatoria de todo proceso racional, y de la naturaleza corpórea de toda operación en cuanto vinculada al sujeto operatorio[21].

Un hecho bastante serio, con motivo de la difusión del materialismo histórico y dialéctico, es la relación que se nos plantea entre ciencia y filosofía. No han surgido tanto los parámetros para la construcción de la ciencia desde los enfoques del materialismo histórico y dialéctico. La construcción de la ciencia, en el mundo, responde a los parámetros del ‘positivismo’. No significa que abracemos la una o la otra posición. Aquí un verdadero conflicto. ¿Cómo se debe mirar la confrontación de la ciencia positivista con los principios de la dialéctica? ¿Cómo se puede ser ‘infiel’ con el humanismo dialéctico?

Desde el materialismo, las relaciones entre ciencia y filosofía lo entendemos como una ampliación -por regressus- del problema de las implicaciones que cada ciencia positiva mantiene con las otras ciencias, con la realidad que envuelve a todas ellas, limitando sus respectivos radios de acción. Carece de sentido hablar, en abstracto, de las relaciones entre ciencia y filosofía, porque estas serán entendidas de diferente modo según lo que se entienda por ciencia y por filosofía. El hecho de los vínculos entre ciencia y filosofía forma parte de las relaciones entre la filosofía -gnoseológica- de la ciencia y la filosofía en general, incluyendo a la filosofía en cuanto concepción del mundo, en cuanto ontología, y a la ‘perifilosofía’ o ‘metafilosofía’.

En la misma dialéctica es una operación, si no imposible, pero sí difícil de aplicar en prácticas investigativas o de recreación de la ciencia[22].

El materialismo filosófico desarrolla una teoría de la ciencia, la teoría del cierre categorial, que no puede ser entendida como una concepción exenta, compatible con cualquier tipo de ontología o de metafilosofía.

El conflicto fundamental, por ejemplo, entre las ‘religiones superiores’ y la ‘razón’ no se libra, en el campo de batalla de las ciencias positivas, sino en el campo de batalla de la filosofía. Aquí se encuentran los lugares ocupados por el racionalismo filosófico -la existencia de Dios, la inmortalidad del alma humana, las iglesias ya no pueden ceder-. Recordemos el análisis de nuestro autor con el señor Berkeley en esta materia. Los estudios palacianos para negar el recurso de la razón como prueba fehaciente para demostrar la existencia o la presencia de Dios, menos que insuficientes, recursos pobres, nada convincentes, los de Palacio son determinantes.

Norberto Bobbio hizo un interesante estudio sobre la dialéctica en la obra de Antonio Gramsci, que explica las acepciones diferentes de esta palabra al referirse al autor a una u otra de las tres leyes de la dialéctica: lucha de contrario, la negación de la negación y la transformación de la cantidad en cualidad. Coloca como ejemplo del primer significado cuando Gramsci habla de la dialéctica intelectual-masa, o sea de la relación recíproca y la influencia mutua de los intelectuales sobre las masas y de estas sobre los intelectuales. Como ejemplo del segundo significado de Gramsci, se ubica el movimiento dialéctico, que equivale al principio de la negación de la negación, o evolución a base de las contradicciones, o cadena de síntesis. El tercer significado aparece cuando Gramsci contrapone el evolucionismo vulgar a la dialéctica, o sea la constante transformación de los cambios cuantitativos, en cambios cualitativos, demostrando que los cambios cualitativos, a su vez, implican cambios cuantitativos. En la práctica, ¿es factible esta interacción? Muy difícil que en las esferas de la sociedad llana que hacía, integraba o formaba grupo, o frente social, en la agremiación ideológico-política, que pudiera darse la reflexión o el tiempo ‘dedicacional’ para su estudio.

El mismo Gramsci advierte las constantes tendencias a la degradación del pensamiento dialéctico. Escribe Gramsci ‘se sabe que la dialéctica es cosa muy ardua y difícil, en cuanto el pensamiento dialéctico va contra el vulgar sentido común, que es dogmático y ávido de certidumbres perentorias -creyéndose que son permanentes-, y que tiene como expresión a la lógica formal. En este plano deleznable se ubican las razones de Gallegos Lara contra Palacio. Por eso Gramsci condenó la falta de sentido histórico en la aprehensión de los diferentes momentos de un proceso de desarrollo cultural, es decir, se movían dentro de una concepción antidialéctica, dogmática, prisionera de los esquemas abstractos de la lógica formal. De entrada, Palacio, en el cuento que preside su libro o en el que lo toman para las antologías nacionales e internacionales “Un hombre muerto a puntapiés”, se burla académicamente sobre el método inductivo y deductivo, como recursos para la investigación, duda de ellos, pero sabe, como no hay más en la práctica de las ciencias, debe tomar la inducción y, a través de la lógica razón, llegar a determinar la criminalidad homosexual de Octavio Ramírez.

Incluso Gramsci discrepaba de los términos en que Lenin se refirió, en un célebre trabajo, a la existencia de tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, porque a su juicio los conceptos generales de historia, de política y de economía se anudan en una unidad orgánica y la función y significado de la dialéctica pueden ser concebidos en toda su fundamentalidad, solo si la filosofía de la praxis es concebida como una filosofía integral y original que inicia una nueva fase en la historia y en el desarrollo mundial del conocimiento, en cuanto supera –y al superarlos incluye en sí los elementos vitales-, el idealismo y materialismo tradicionales, que no dejan de ser expresiones de la vieja sociedad.

Desde el punto de vista dialéctico todo está unido, o sea nada puede considerarse aislado del resto de la realidad y existe entre todo una interconexión universal, a la vez que todo cambia, el mundo se transforma perpetuamente, y tal cambio se debe a la lucha de fuerzas contrarias en el seno de todas las cosas[23].

El que existan relaciones recíprocas complejas obliga a estudiar cualquier cosa y cualquier fenómeno considerando siempre tales relaciones, en vez de hacerlo en abstracto. El ser y su medio se influyen y condicionan mutuamente. Hay cosas y fenómenos que se caracterizan por determinada independencia; pero, constituye un grave error estimar que pudieran ser absolutamente autónomos[24].

Viene la pregunta: ¿los intelectuales que se suman a los movimientos dictatoriales -capitalistas o totalitarios- tienen que aceptar todo principio que se les imponga, sin opción al discernimiento, por simple disciplina de pertenecer al movimiento? Eso es más que obvio, de lo contrario, los movimientos, gracias al liderazgo de quien nada consulta a las bases, dejaría de ser dictadura[25].

Pablo Palacio de cara a la realidad

Pablo Palacio es condueño de una teoría literaria que explicita sus textos[26]. Más concreto se nos vuelve cuando sus teorías de la verdad y de la realidad las vemos plasmadas en cada uno de sus textos que configuran su literatura. El desarrollo de sus teorías nunca nos conduce a una abstracción absorbente, de un sujeto fuera de su realidad, fuera de una realidad, nunca inmerso en una realidad social de denuncia y de defensa de ella, como se ha querido ver en otras circunstancias.

Es innegable la necesidad humana de vivir en una sociedad razonablemente integrada y de cooperar en la producción de bienes a todos necesarios. Sin embargo, a la filosofía propia del funcionalismo le cabe la crítica de todo organicismo.

No pensamos que las filosofías o paradigmas considerados -Kuhn: cosmovisiones- no contengan hipótesis válidas a tener en cuenta, pero parecen no representar las dimensiones científicas que se auto-atribuyen.

Si el ser humano, conscientemente, abandona las realidades, se autoelimina de las integraciones sociales, ¿cómo construye, por decir lo menos, la estructura científica de cara a las ciencias sociales, donde, posiblemente, está más cerca?

La posible construcción científica de las ciencias sociales requiere discusiones más críticas y abiertas, dentro de las cuales no puede faltar el paradigma humanista, y este paradigma no es de recreación individual[27].

El camino real que recorre P. Palacio

He aquí el ‘gran’ problema. Por un lado, la crisis que sufren los países satélites dominados económica y políticamente por el país poderoso. Quiérase o no, los países pobres, han tenido que participar por causas que no les corresponden. Si nos ubicamos en la segunda década del s. XX, hemos dejado, la llamada ‘primera conflagración mundial”. Ninguno en el mundo, por respeto y justicia social, tiene que ser asesinado. Tampoco un asunto interno, de esta naturaleza, puede convertirse en la génesis de una llamada conflagración mundial. En segunda instancia y, por otro lado, el eje ideológico totalitario, a la fuerza se ha impuesto a los pueblos que imploran justicia, creyendo que, en esos principios ideológicos de la dialéctica marxista-leninista estaban, como panacea, la solución de sus sufrimientos.

En Ecuador, desde la segunda década del s. XX hay claras manifestaciones de descontento popular por los desgobiernos que se suceden en el poder. El 15 de noviembre de 1922, es uno de ellos de claro y fuerte descontento, mueren cientos de guayaquileños. En 1926, se disuelve la Junta de Gobierno Provisional. Una Asamblea Nacional reunida en Quito funda el Partido Socialista, primera organización de izquierda en el Ecuador. Isidro Ayora Cueva es nombrado, por el ejército, presidente provisional. Y la crisis socioeconómica, política, de gobierno, etc. se manifiestan literariamente. Es Pablo Palacio que, con Un hombre muerto a puntapiés, desde otro punto de vista, no desde los ámbitos totalitarios, se hace presente para caracterizar una realidad: “Con guantes de operar, hago un pequeño bolo de lodo suburbano. Lo echo a rodar por esas calles: los que se tapen las narices le habrán encontrado carne de su carne”[28].

Es el camino que tiene que recorrer Palacio en contra de toda pretensión del materialismo histórico-dialéctico dominante de la época que, apenas comenzaba a crecer en los pueblos marginales. Como Palacio no suscribe ninguna literatura de cartel, va a recibir serias observaciones. Son las palabras de Joaquín Gallegos Lara, en 1933[29].

Me figuro que, si Pablo Palacio quisiera ser menos vago, menos escéptico, menos deshumanizado y menos lejanamente alusivo, lo podríamos llamar Pavlukja, y su obra coincidiría, por afinidad de temperamento, con la de Constantino Fedin, el autor de Las ciudades y los años. Le impiden llegar a eso algunos prejuicios que su ubicación entre la intelligentzia no le permite superar. Pablo Palacio, para no pasar por tosco o escaso de refinamiento, alude y elude a la realidad, frena la imaginación, ahorca su lirismo, como observa el crítico aprista Luis Alberto Sánchez, y nos da estos sus inteligentes libros subjetivos, el último de los cuales publicado, la Vida del Ahorcado, me ha llegado hace poco.

Es muy frecuente, en este tiempo, decir que está superado el realismo en literatura. Habría que averiguar qué es lo que se cree superado con ese nombre. Porque es justo rechazar, dándole por superado en nuestro momento, el realismo naturalista o zolesco, rudimentario y superficial hasta cierto punto. Pero, ¿se puede confundir con aquel, el realismo actual, ya no escuela literaria, sino manera de interpretar la vida, realismo social, que se plantea en todos los sectores de la cultura, entre ellos el literario, por medio de la teoría marxista-leninista? En este realismo integral caben -porque aunque psicológicas son objetivas- las introspecciones y la ironía escéptica, fantástica o macabra, al menú: lo que pasa ¡es que no se las pretende hacer pasar como la única manera de ser, humana, eterna, sino que se las circunscribe dentro de la mentalidad de la clase en que aparecen: Proust y Joyce, ídolos del vanguardismo englobador y enmascarador!, ocupan así su sitio como representantes de la literatura individualista de la decadencia del pensamiento burgués […][30].

Ciertamente, esto no le llega a Pablo Palacio. La situación es sencilla: Gallegos Lara conoce que Palacio, ideológicamente, sin presentar la renuncia a ninguno, ha dejado de ser miembro del partido socialista ecuatoriano. Que, sus textos, jamás se prestarían para cumplir los objetivos de una ‘literatura de cartel’ que deseaba Gallegos Lara. Pero, cuando utiliza muchos epítetos para condenar a Palacio, conoce que su literatura, definitivamente, está en otro camino.

Palacio le comunica a Carlos Manuel Espinosa que Gallegos Lara ha publicado un artículo en El Telégrafo, pero, por supuesto, adversamente:

En mi opinión se trata de un error fundamental. Yo entiendo que hay dos literaturas que siguen el criterio materialístico: una de lucha, de combate y otra que puede ser simplemente expositiva. Respecto a la primera está bien todo lo que él dice; pero respecto a la segunda, rotundamente no. Si la literatura es un fenómeno real, reflejo fiel de las condiciones materiales de vida, de las condiciones económicas de un momento histórico, es preciso que en la obra literaria se refleje fielmente lo que es y no el concepto romántico o aspirativo del autor. Desde este punto de vista, vivimos un momento de profunda crisis, un momento decadentista, que debe ser expuesto a secas, sin comentarios. Dos actitudes, pues, existen para mí en el escritor: la del encauzador, la del conductor y reformador -no en el sentido acomodaticio y oportunista- y la del expositor simplemente, y este último punto de vista es el que me corresponde: el descrédito de las realidades presentes, descrédito que Gallegos Lara mismo encuentra a medias admirativo, a medias repelente, porque esto es justamente lo que [yo] quería: invitar al asco de nuestra verdad actual […][31].

En este análisis -no como respuesta a Gallegos Lara- de Palacio hay lógica y coherencia. Definitivamente, aquí están las teorías de la literatura que las ‘crea’ y las ‘re-crea’ Palacio. Esto, como gran sustento teórico del escritor, hay que sumar y, sobre todo, recorrer por lo que nos dice y propone en sus estudios y artículos: “La propiedad de la mujer”, 1932, “Comentario del año 1957”, 1932,  “Entrevista a Pablo Palacio”,1934, “Sentido de la palabra verdad”, 1935, “Sentido de la palabra realidad”, 1934-1935, “Los fragmentos originales de Heráclito de Éfeso”,1935,1946,1947, “Breve esquema genético de la dialéctica”, 1938, “Discurso del Dr. Pablo Palacio, Secretario General del Instituto Ecuatoriano-Mexicano de Cultura”, 1938, “Misterios que no puedo explicar”,1927. Además, no puede quedar sin advertirse la presencia del escritor dentro del escritor: las teorías que expone y desarrolla en su cuento “Un hombre muerto a puntapiés”, en su novela Débora, en su novela Vida del ahorcado[32].

De cara a esto, preguntémonos por qué Palacio concede importancia al estudio de las palabras verdad y realidad. ¿Qué papel juegan ellas en la literatura? Asimismo, por qué concede importancia legítima al estudio de Heráclito de Éfeso. Nos debemos cuestionar el porqué de su estudio del esquema genético de la dialéctica. ¿Por qué, finalmente, sus observaciones teóricas sobre la ‘teoría de la literatura’, remitidas en correspondencia a Carlos Manuel Espinosa? Las respuestas a estos planteamientos están en sus artículos, estudios, en sus observaciones marginales, de glosas que hace a los autores de todos los libros que los leía, en sus obras. ¿Por qué se dedica a leer y estudiar, preferentemente, los textos de Heráclito de Éfeso y de Oswaldo Spengler, por ejemplo?

Palacio dijo no al ‘vanguardismo’ y no al ‘socialismo’ imperante en la zona y en la región que tras la ‘revolución del 17” crecía en Hispanoamérica y en muchas regiones del mundo, como la nueva religión que salvaría la miseria, la pobreza; que aboliría las desigualdades en la estructura de clases, que acabaría con el absolutismo y sus desgobiernos, que se repartirían equitativamente las riquezas de los pueblos entre todos, que habría trabajo para todos, que se garantizaría una educación libre y laica, ratificando los principios de la revolución de 1789; que la religión no intervendría en la educación ni en las decisiones de los gobiernos de los Estados y repúblicas; que se respetaría a las naciones que habrían ganado su independencia y libertad; que habría terminado el coloniaje; que se respetaría la libre determinación de los pueblos. Era la suprema religión, pero fallaron las bases, sus líderes no pensaron mejor y los ejes revolucionarios los lanzaron al vacío[33].

Pablo Palacio va a decir no a esa religión[34]. Él, como profesor de Filosofía, estudioso, investigador, ensayista, escritor, persona con criterio para tomar sus decisiones; como Decano de facultad universitaria, no va a ceder a ninguna de las pasiones que acababan de ingresar en la vida de los pueblos[35]. Palacio como tal, para trabajar una literatura de sustento como la suya, presenta estudios sobre los contenidos de las palabras ‘verdad’[36], ‘realidad’[37], estudio sobre Los fragmentos originales de Heráclito de Éfeso[38], autor del Breve esquema genérico de la dialéctica(1938)[39]; hay que destacar su Curso de filosofía[40], quelohace con la responsabilidad del educador de primera clase, porque sabe que ingresa a la cátedra universitaria para informar y enseñar filosofía[41]; hay que destacar su Curso de filosofía, que lo estructuró al estilo del filósofo español, D. José Gaos[42] que, por la dictadura franquista en España, desarraigado de su patria trabaja desde México.

Pablo Palacio, por edad biológica, por ser Secretario del Partido   Socialista Ecuatoriano (1926), por conocer en profundidad la ideología de izquierdas, por ser estudioso de la dialéctica heraclitoneana; sobre todo, por las luchas internas del Partido Socialista Ecuatoriano, por la falta de coordinación y dirección en el partido[43], Palacio no va a renunciar la ideología de la dialéctica, aunque no nacida de la influencia difusora de los ideales de la Revolución bolchevique, sino por su formación académica, sobre todo por su destacada disciplina que impuso en sus estudios de la cultura clásica.

Los contenidos curriculares y programáticos de las facultades universitarias de filosofía y letras ofrecían los latines y griegos, la filología hispánica, historias y gramáticas de la lengua, lingüística general, fonética y fonología, historias de la lengua, estilísticas, críticas literarias, historias de las literaturas, antropología, filosofía, éticas, socioantropologías, historias, historias de la cultura, geografías, arqueologías, filosofías del arte, paleografías, investigación, etc. Esta era la formación humanística que recibía el futuro profesional del lenguaje. Sin embargo, las motivaciones lectoras de ampliación de los estudios en estas facultades universitarias humanísticas, fundadas por españoles que sufrieron el desarraigo de su patria por la dirección franquista en el poder, la población destinataria, aprovechó las motivaciones lectoras que sugerían las programaciones de las cátedras. La población destinataria fue conscienciando el humanismo; cuando despertó el intelecto nacional y se ayudó, salieron los historiadores, los antropólogos, investigadores, ensayistas, filósofos, críticos, escritores, analistas de los componentes literarios; asomaron los nuevos poetas, novelistas, cuentistas, ensayistas, animadores culturales; no fueron extraños los cultores del teatro culto y popular, los cultores de la literatura popular, etc.[44].

Palacio frente a Heráclito de Éfeso

Hemos dicho ya, Pablo Palacio y otros tantos intelectuales del mundo, nos referimos substancialmente a escritores, se alejaron definitivamente del totalitarismo engañoso para ellos,   produjeron una literatura que no se ubica como elemento de un componente de izquierdas o vanguardista[45].

En la vida y pensamiento de Pablo Palacio anida Heráclito de Éfeso: Platón consideró digno de ser rememorado el día en que le lavó los pies y le puso sandalias, y Antifón, el sofista, decía que ningún esclavo querría ser tratado como él se trataba a sí mismo.

En consonancia con su origen, Platón fue un acérrimo antidemócrata -véanse sus escritos políticos: La República, Política, Leyes-; con todo, ello no le impidió rechazar las violentas acciones que habían cometido sus parientes oligarcas, tampoco rehusó de su participación en su gobierno.

Por este mismo camino viaja Platón, con su doctrina de ‘los dos mundos’. Platón es fundamentalmente heraclitoneano. Su preocupación primera es, también, conciliar el cambio permanente de lo sensible con la aspiración a la unidad de nuestro pensamiento.

Platón explica su teoría de cómo podemos captar la existencia de los dos mundos: el mundo sensible -conocido a través de los sentidos- y el mundo inteligible -solo alcanzable mediante el uso exclusivo de la razón-.

Heráclito afirma que el fundamento de todo está en el cambio incesante. El ente deviene y todo se transforma en un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. Todo este fluir está regido por una ley que él denomina Λόγος -logos-fuego-.  Ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν, εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε. En los mismos ríos entramos y no entramos, porque, somos y no somos los mismos.

Algunos autores ven en el cauce del río el logos que “todo rige”, la medida universal que ordena el cosmos, y en el agua del río, el fuego. A primera vista esto puede parecer contradictorio, pero debe recordarse que Heráclito sostiene que los opuestos no se contradicen, sino que se integran en una unidad armónica -aunque no estática-. Es razonable, entonces, que la otra cara del agua sea el fuego, como él mismo lo adelanta en sus Fragmentos

“La armonía invisible es mayor que la armonía visible”. “Conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia”.

La identificación del cosmos como un fuego eterno, probablemente, no debe ser interpretada en el sentido de que el fuego sea una materia prima original, del mismo modo en que lo eran el agua para Tales o el aire para Anaxímenes. El fuego sería la forma arquetípica de la materia, debido a la regularidad de su combustión, que personifica de un modo claro la regla de la medida en el cambio que experimenta el cosmos. Así, es comprensible que se le conciba como constitutivo mismo de las cosas, por su misma estructura activa, lo que garantiza tanto la unidad de los opuestos como su oposición, así como su estrecha relación con el logos. Débora busca al Teniente y no busca al Teniente, este busca a Débora y no busca a ella, sin embargo, pese a que son contrarios, el uno no puede ser sin el otro. ¿Es la búsqueda de la muerte? O, ¿no lo es la búsqueda de la muerte? ¿Octavio Ramírez busca a Octavio Ramírez? ¿La vida-muerte busca a la muerte-vida? ¿El ser homosexual busca al ser no-homosexual? O, ¿el ser no-homosexual busca al homosexual? ¿Nico Tiberio busca a su sustento alimentario? O, ¿el sustento alimentario busca a Nico Tiberio hijo o nieto? Definitivamente, ¿la justicia busca entronizar a la justicia en tanto es sustento de libertad? O, ¿el sustento de libertad busca entronizar a la justicia? Se supone que Farinango es libre, trabaja en la empresa bancaria, vive, tiene horizontes, pero no es nada de lo que es. Una llamada ‘justicia’ le condiciona su ‘libertad’. ¿Shakespeare, Kafka, Camus, Marcel Proust, Joyce? ¿Cómo termina Andrés Farinango? Andrés Farinango termina como no lo es -como negación del ser-, porque una justicia le niega su libertad, incluso la vital. ¿Importa el ahorcamiento de Farinango, o importa la justicia de una libertad o la libertad de la justicia?

Heráclito, conocido como “el oscuro” fue un pensador y filósofo presocrático considerado el “Padre de la dialéctica”. Como Tales de Mileto, Heráclito creía en el único principio de autoridad en la “filosofía unitaria” [Socialismo literario de la libertad], cuyo principio se basa en la unidad básica, y en el caso de Heráclito, en el elemento fuego. Para Pablo Palacio, la justicia es el centro de su fuego, de su accionar. ¿Qué plantea en toda su obra? El dominio y el respeto de la justicia, como maridaje de la libertad.

¿Qué significa el ejemplo del ser humano como influjo agitador? ¿No es también un principio de resistencia o pacificación? ¿Cómo entender, pues, los influjos? “Conviene saber, recalcar, sobre todo -dentro del pensamiento de Heráclito de Éfeso- que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia y que todas las cosas sobrevienen por la discordia y por la necesidad”.

Al término de una jornada

a. De cara a una persona fallecida -tanto más si es pariente próximo o lejano, los padres, por ejemplo, amigo muy querido-, experimentamos una transfiguración en su imagen, de tal modo que el momento de la muerte puede ser calificado como un instante numinoso y sacro. Heidegger intenta mostrar que la muerte no puede ser definida por la vía del trato con la muerte de otra persona, sino solo describiendo mi yo con la propia muerte. Aquí hay dos fases: la dimensión solitaria -la propia muerte, la que ‘voy sintiendo yo’ y no puede sentir el otro- y su dimensión social -la muerte de los otros, la que miramos-. Cuando hay consciencia en sí de la vida frente a la pérdida -la muerte- las dos dimensiones se complementan. Es el tema de la muerte en Palacio.

b.   ¿Qué decir de la vida política en sociedad? Se vive con y de ella o se vive marginalmente. ¿Cómo y por qué el poder, es distribuido, sin ninguna equidad, dentro de una unidad social? ¿Cuánta desigualdad marca el poder económico, político y social? ¿Cuáles son las causas y relaciones de estas desigualdades? ¿Cuáles son las maneras más efectivas y duraderas para reducir las desigualdades?

c.  Todo se da por la ‘desgobernanza’ universal. Caben las preguntas, quién ha de gobernar a quién, bajo qué derecho, a través de qué medios, y dentro de qué límites. ¿Por qué se dan las desigualdades horizontales? ¿Acaso hay formas diametralmente diferentes de pensar frente a los problemas? O, ¿se da la opresión de los que asoman como fuertes frente a los ubicados como débiles, marginales -gente sin poder-?

d.  ¿La superioridad de capacidad e inteligencia de los sin poder logra las atenciones para llegar a ser como los que tienen poder? ¿La educación y la democracia han de ser integradas en la teoría y la práctica de todos los niveles?  ¿Las personas tienen derecho, por vía democrática, a ejercer, a determinar y modificar las políticas bajo las cuales viven? Las democracias locales, sin embargo, no son suficientes. Cada vez más estudiosos defienden, y también profesionales están reconociendo, que la democracia de comarca debe ser apoyada y, al mismo tiempo, ha de apoyar a la democracia nacional, al igual que las estructuras regionales y globales. La democracia requiere un movimiento equitativo; una práctica durable y centrada en el ser humano, una democracia amplia y profunda que pruebe su diferencia.

El resultado, evidente en el campo del ‘tercer mundo’, es el fracaso, porque la asistencia para el desarrollo genera, al no poder abocarse a las tensiones políticas, las cuales, consecuentemente, explotan.

e.  La corrupción debería ser abordada de manera más explícita y decidida en los ámbitos de las Direcciones Generales de Anticorrupción de los Estados y Repúblicas, sin contemplaciones de quienes la cometan. ¿Por qué se ha tardado tanto en combatirla? La corrupción, obviamente, ha estado ligada a los problemas de gobernanza y política.

f.  Conócete a ti mismo es el pedestal para construir, ratificar, demostrar, seguir y decidir que nuestra voluntad es libre. El discurso de la ciencia ha sido el foco de los análisis de los estudiosos del lenguaje. Los planteamientos de la lógica referencial, centrados en el criterio de demarcación, permiten analizar los significados de los enunciados básicos de la ciencia; un análisis al cual no escapan ni el verificacionismo clásico de Carnap y Ayer (1983) ni el falsacionismo de Popper. Aquí convocan Carnap y Ayer a ubicar en la realidad el problema de la significatividad referencial ligada al asunto de la verdad.  Nos preguntamos, ¿este no fue el trabajo perenne de Palacio? Para Carnap, la verificación directa determina el significado y el valor de verdad del enunciado.

g.   Sin embargo, como se ha esbozado, el discurso de la ciencia, en su mayoría, no resiste el análisis de contrastabilidad perceptual en su forma directa en el contexto de la dialéctica tradicional; algunos enunciados de la ciencia ni siquiera pueden ser verificados en las deducciones derivadas, porque su fundamento está basado en hipótesis.

En las caracterizaciones del discurso, los analistas del lenguaje han expuesto este tema en el marco de la literatura de ficción, puesto que los términos allí usados carecen de referencia, más no han abordado en sus estudios los enunciados de la ciencia. Razón por la cual, es igualmente válido preguntarse por la realidad que representan conceptos como “bueno” o “malo”, o por las referencias concretas de prostitución, homo-sexualismo, clandestinidad, triangulación, muerte, vida, corrupción, odio, miseria, política, así como por los términos de la ciencia que carecen de referente. El problema sobre significado y referencia -que tanto le preocupa a Gallegos Lara, sin conocimiento de causa, de cara a Pablo Palacio- fue abordado desde otra perspectiva a partir del denominado giro lingüístico.

h.    Los discursos de la literatura y el científico tienen un juego de reglas que le es propio al juego del discurso especializado, y sobre el cual se develan los significados. ¿Conocía esto Gallegos Lara? Que el discurso sea “no-serio”, nada tiene que ver con lo que se quiere mentir al proferir un enunciado de ficción, sin que este sea siempre una mentira, simplemente por la construcción metafórica de la ficción.

Los enunciados construidos con términos o nombres de “ficción” solo son comprensibles para los miembros de la comunidad lingüística hablante cuando se devela la intencionalidad que el autor ha impregnado en ellos. ¿Por qué resultan difíciles de entender obras como Pedro Páramo, Ulises, El proceso, El extranjero, o los mismos textos de Palacio?

Visto así, el discurso de “ficción” se convierte en un parásito del discurso expresado en los actos del lenguaje. Un parásito constituye una nueva realidad gracias a la intencionalidad del escritor. Aquí están las obras de Kafka, al menos La metamorfosis y El proceso. Están Joyce, Camus, Proust, A. Huxley –Las puertas de la percepción, Un mundo feliz-. Entonces, todo enunciado de ficción está regulado por las reglas del juego que el discurso de ficción exige y los usuarios del lenguaje deben comprometerse con tales reglas para determinar el significado y la aceptabilidad de tal enunciado. El discurso de “ficción” de las teorías científicas está comprometido con el valor de verdad de una realidad hipotética, cuyo propósito es explicar los fenómenos naturales.  Las palabras por sí mismas no logran dar cuenta del significado, por ello, el miembro de la comunidad lingüística hablante debe recrear discursos para tal fin, nunca un supuesto de abstracción o de falso encubrimiento de no-realidades.

i.    Ahora bien, un nuevo elemento que permite reconocer los nombres de “ficción” como un discurso objetivo y propio en la ciencia, así como ocurre en la literatura, es la acción del discurso parasitario o no-serio, y no parasitario, como los denominó Searle, no surgen de la nada, sino que tienen como punto de partida los hechos brutos que constituyen el mundo. Un Quijote o un Macondo, un Yangana, un Comala, una Rayuela, y cualquier término, aparentemente de dominio o compatible con la sociedad, carecen de referente en el mundo, pero permiten representar simbólica e hipotéticamente como parte de él, porque vienen de él y tienen que regresar a él. Tales nombres surgen de fenómenos u objetos que conforman la realidad de los hechos brutos y dan cuenta de ellos. Hay una razón fuerte en Palacio al haber tomado, como protagonistas de su literatura, las criaturas de ‘baja monta’: homosexuales, brujas, antropófagos, amantes, clandestinos, prostitutas, ingenuos, tontos, niños, etc. los escritores nunca creyeron que, con ellos, con los marginales, se podía hacer literatura de revuelo.

j.   En este sentido, Heráclito de Éfeso y Pablo Palacio pueden sostener que el lenguaje y la mente crean discursos que hacen posibles o nuevas realidades, como el caso de la realidad social, la realidad de la literatura de ficción y para lo que nos convoca la realidad hipotética en la ciencia, la cual pretende la comprensión de la realidad de los fenómenos enigmáticos del universo.

Ángel F. Rojas en El éxodo de Yangana, frente al objetivo de convertir a los esclavos, vasallos, peones, arrimados en obreros, en propietarios, ya que -como señalaba- los hombres, sabiendo que trabajan lo que es suyo, ponen mayor esmero y entusiasmo. Hoy, la expresión muy usual es ‘no quisiera ser inquilino o no quisiera pagar alquiler de esta propiedad o casa en vez de luchar por la mía’.

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[1] John Rogers Searle (Denver, Colorado, EE.UU., 1932) es célebre por sus contribuciones a la filosofía del lenguaje, de la mente y de la conciencia, a las características de las realidades sociales frente a las realidades físicas, y al razonamiento práctico. Searle es muy conocido por el desarrollo de un experimento mental llamado el argumento de la “habitación china”, creado para demostrar que el pensamiento humano no se compone de simples procesos computacionales. [https://es.wikipedia.org/wiki/John_Searle].

[2] Míticamente es el retorno de Odiseo después de lo de Troya a su palacio de Ítaca, para encontrarse con Penélope, pero a su paso se detiene con Circe, si apenas demora unos tantos años, engañado que fuera cinco o siete días.

[3] El mapa del ‘genoma humano’ nos presenta el cuadro que el ser humano tiene todas las enfermedades y ellas llevan a la muerte, porque la curación, desde el punto de vista de la investigación y el trabajo de laboratorios, resulta oneroso.

[4] Pablo Palacio no niega la identidad real de los opuestos. La técnica onírica permite muchas realidades. Débora es distinta que el Teniente y este es distinto a ella, sin embargo, se buscan. Ninguno de los dos puede existir sin su contrario, viviendo cada uno la muerte del otro; y no niega, en fin, que el logos -en Heráclito-, ley de movimiento y lucha, pueda identificarse con el fuego o entenderse como principio intelectual o como Dios. Aquí, la teoría palaciana, está entre lo heraclitoneano y la interpretación que Spengler hace de Heráclito. Cfr. O. Spengler. (1947). Heráclito. Traduc. del gr. por Augusta de Mondolfo. Prólogo e Introducción de Rodolfo Mondolfo. Colec. Historia y Filosofía de la Ciencia. Buenos Aires-Argentina. Espasa-Calpe-Argentina, S. A., 78 págs. Vid. “Introducción” de Spengler.

[5] Heráclito de Éfeso (1935).  Doctrinas filosóficas, Prólogo, Introducción y Notas por Maurice Solovine, Traduc.  del francés por Pablo Palacio. Santiago de Chile. Ediciones Ercilla, págs. 238-254, en Pablo Palacio (2000). Obras completas. Edición crítica con la coordinación de Wilfrido H. Corral. Colec. Archivos, No. 41, págs. 238-254. Vid. también: O. Spengler (1947). Heráclito. op. cit. / Vid.  C. S. Kirk, J. E. Raven y M. Schofield (1983). Los filósofos presocráticos. Historia crítica con selección de textos. Primera parte, Traduc. del gr. por Jesús García Fernández. Segunda edición, Madrid-España. Edit. Gredos, S. A., 272 págs. / Cfr. Rodolfo Mondolfo (2007). Heráclito. Textos y problemas de su interpretación. Traduc. del italiano por Obedan Caletti, Prólogo de Risieri Frandizi. Decimotercera edición, México, D. F. Siglo xxi editores, s. a. de c. v., 409 págs. / Vid., finalmente, VV. AA. Los filósofos presocráticos, vol. I. Introducciones, traducciones del gr. y notas por Conrado Eggers Lan y Victoria E. Julia, Biblioteca Clásica Gredos, No. 12, Madrid-España. Edit. Gredos, S. A., 258 págs.

[6] Viktor E. Frankl (1990). Ante el vacío existencial, John Rawls (2010). Una teoría de la justicia, Ronald Dworkin (2015). El imperio de la justicia, All Ross (1994). Sobre el Derecho y la justicia, Charles Taylor (2005). Sobre la libertad de los modernos, Emmanuel Levinas (2005). Difícil libertad, Isaiah Berlin (2004). Sobre la libertad, Luis Razeto Migliaro (2004). En búsqueda del ser y de la verdad perdidos, Rudolf Steiner (1999). La filosofía de la libertad, son algunos de los autores y sus libros que nos han ayudado a configurar un pensamiento crítico sobre la justicia y la libertad, en calidad de componentes referenciales de este trabajo.

[7] José Alejo Palacio, es el tío de P. Palacio. Cuando quedó huérfano el niño fue prohijado por su tío materno, hombre soltero, de acentuado catolicismo y practicante, de economía solvente lo que le permitió costear y mantener estudios del sobrino en la Escuela de los Hermanos Cristianos-La Salle, luego en el colegio Bernardo Valdivieso, donde va a disfrutar de los selectos libros, escritores, poetas y novelistas que importaba su maestro D. Carlos Manuel Espinosa. Finalmente, la asistencia del tío será hasta los primeros años de universidad, de medicina que es lo que quiso la influencia. La proyección profesional de P. Palacio, no se la podía orientar por los estudios superiores, pues, en la adolescencia de Pablo, por la dedicación de horas libres y tardes ajenas al estudio, lo ocupaban en platería, orfebrería y joyería, como una de las mejores profesiones rentables.

[8] De esta época es el cuento “El huerfanito”, estructura literaria que, conceptual y psicológicamente, por su contenido, va a definir la vida del escritor. La temprana e inesperada muerte de su madre, Angelina Palacio, es el acontecimiento de mayor importancia de la niñez de Pablo. Jorge Reyes, escritor, uno de sus amigos más cercanos, fotografió literariamente el sufrimiento del niño como lo más trágico e influyente en su vida, que lo va a llevar consigo siempre, como un trauma, lo que se verá, como reflejo, en su literatura desde los inicios. La temática del relato -desde un punto de vista general- va a encontrar eco en sus restantes textos, por la ausencia, inicialmente, de la madre y, generalmente, de la mujer, por la falta de ese sentimiento de amor, de afectividad que ofrece la mujer en todas las circunstancias.

[9] Un hombre muerto a puntapiés, 1927. Este libro, en el mismo año, la Universidad Central lo publicó, por corresponder a la obra triunfadora en el concurso. El libro, en su origen, contiene relatos. El primer relato da el nombre al libro. Los restantes son: “El antropófago”, “Brujerías 1”, “Brujerías 2”, “Las mujeres miran las estrellas”, “Luz lateral”, “La doble y única mujer”, “El cuento”, “Señora”, “Relato de la muy sensible desgracia acaecida en la persona del joven Z”. Estos son los relatos originales de 1927. En las ediciones futuras, los críticos y estudiosos de la obra palaciana, han agregado otros relatos, motivo de preocupación, porque lo han hecho sin la consulta ni anuencia de la familia y herederos.

[10] Débora, no tiene datos tipográficos, perofue editada en 1927. Vida del ahorcado, Talleres Nacionales de Quito en 1932.

[11] Pablo Palacio (1932). “Comentario del año 1957” en P. Palacio (2000). Obras completas. Op. cit., p. 195 ss. Es el único texto que plantea la presencia policial, militar, fuerzas del gobierno en contra de los estudiantes filocomunistas, que partían de su hábitat de la Casa del Estudiante. Destácase el odio, la miseria, el afán de matar, de destruir al universitario capaz, inteligente que, con su voz y palabra reclamaba los derechos del pueblo siempre inerme. Si apenas se oye la presencia e intervención del frente filocomunista, allí está el poder con las armas, sables y fusiles para exterminar la inteligencia. Desde el punto de vista literario, Palacio está en 1932, a partir de esta fecha, adelanta su calendario un cuarto de siglo para testimoniar el desgobierno, la corrupción, la ineficacia, la ausencia de políticas para el desarrollo. ¿Por qué Palacio ubica a Alfredo Baquerizo Moreno, como encargado del Ejecutivo, en pleno ejercicio del poder, el 1 de mayo de 1932, cuando él fue Presidente Constitucional de la República del Ecuador desde el 1 de septiembre de 1916 hasta el 31 de agosto de 1920? ¿Era el temor a la represión de su época de crisis que vivió? ¿Temor por la represión que volvería a hacerlo Baquerizo Moreno, como encargado del poder? ¿Palacio recuerda lo que hizo a comienzos del siglo y ahora hacia 1932? ¿El 1 de mayo es la represión del hombre que trabaja?  ¿Quiso recordar el nefasto hecho de la ‘bancocracia’ y la insurgencia obrera de comienzos del s.  XX? Bancocracia dejó de ser un neologismo desde cuando el DRAE lo incluye en sus estradas. Indudablemente, es influjo abusivo de la banca en la administración de un Estado. La ‘banca’ monopoliza el poder político, económico y manejan a su antojo a los poderes del Estado. Cfr. Jorge Núñez Sánchez (2016). El Ecuador en la historia. Quito-Ecuador. Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, p. 273 ss. Vid. Enrique Ayala Mora (Editor, 1993). Nueva historia del Ecuador. Vol. 14. Cronología comparada de la historia ecuatoriana. Quito-Ecuador. Coedición de Corporación Editora Nacional y Editorial Grijalbo Ecuatoriana, Ltda., p. 252 ss.

[12] L. Goldmann (1964).  Para una sociología de la novela. Traduc. del fr. por Jaime Ballesteros y Gregorio Ortiz, Colec. Ciencia Nueva A 12, Madrid-España. Edit. Ciencia Nueva, S. L., 246 págs. Recomendamos, de preferencia, los capítulos 3 y 4: “Nueva novela y realidad”, p. 119 ss y “El método estructuralista genético en historia de la literatura”, p. 139 ss. Cfr. Michel Ambacher (1970). “La utopía de la civilización no-represiva”. M. Ambacher (1970). Marcuse y la civilización americana. Traduc. del fr. por José María Aroca. Colec. “Al quite”. Barcelona-España. Ediciones Acervo, p. 65 ss. Vid. también Karl Jaspers (1968). “El hombre”. Karl Jaspers (1968). La fe filosófica. Traduc. del fr. por J. Rovira Armengol. Colec. Biblioteca Filosófica. Segunda edición. Buenos Aires-Argentina. Edit. Losada, S. A., p. 44 ss.

[13] Pablo Palacio (1932). Art. cit. en op. cit., p.195.

[15] Ernesto Grassi (1993).  La filosofía del humanismo. Preeminencia de la palabra. Traduc. del al. por Manuel Canet. Colec. Autores, Textos y Temas Humanismo, No. 1, Barcelona-España. Edit. Anthropos, Promat, S. Coop. Ltda. Edit. del Hombre, 208 págs. Vid. Michel Foucault (1999). Entre filosofía y literatura. Traduc. del fr. por Miguel Morey. Colec. Obras esenciales, vol. I. Barcelona-España. Edit. Paidós Ibérica, S. A., 400 págs. / Louise M. Rosenblatt (2002). La literatura como exploración. Traduc. del inglés por Victoria Schussheim. Colec. Espacios para la lectura. Ciudad de México, D. F.-México. Fondo de Cultura Económica, 360 págs. / Paolo Flores d’Arcais. (2014). Por una democracia sin Dios. Traduc. del italiano por Andrea Greppi. Colec. Trotta mínima. Madrid-España. Edit. Trotta, S. A., 104 págs. / Ernst Jünger (2014). El autor y la escritura. Traduc. del al. por Ramón Alcalde. Madrid-España. Edit. Gedisa, S. A., 208 págs. / Emmanuel Levinas (2008). Dios, la muerte y el tiempo. Traduc. del fr. por María Luisa Rodríguez Tapia. Colec. Teorema. Cuarta edición. Madrid-España. Edit. Cátedra de Amaya, S. A., 288 págs. / Alban Bensa (2015). Después de Lévi-Strauss. Por una antropología de escala humana. Una conversación con Bertrand Richard.  Traduc. del fr. por Liliana Padilla Villagómez. Colec. Umbrales. Ciudad de México, D. F.-México. Fondo de Cultura Económica, 148 págs.

[16] Aristóteles. (1977). “V. Metafísica”. “Libro I: Sobre la naturaleza de las ciencias y las divergencias entre ciencia y experiencia”, p. 909 ss. en Obras. Traduc. del gr., estudio preliminar, preámbulos y notas por Francisco de P. Samaranch. Colec. Grandes culturas. Segunda edición. Madrid-España. Aguilar, S. A. de Ediciones, 1636 págs.

[17] https://es.wikipedia.org/wiki/Primera_Guerra_Mundial. También cono-cida como Gran Guerra, ​ fue una confrontación bélica, ocurrida principalmente en Europa, que empezó en 1914 y finalizó en 1918, cuando Alemania aceptó las condiciones del armisticio. Tras seis meses de negociaciones en la Conferencia de Paz de París, el 28 de junio de 1919 los países aliados firmaron el Tratado de Versalles con Alemania, y otros a lo largo del siguiente año con cada una de las potencias derrotadas. Más de nueve millones de combatientes y siete millones de civiles perdieron la vida, una cifra extraordinariamente elevada, dada la sofisticación tecnológica e industrial de los beligerantes. ¿Ahora y allí fue necesario aplicar la tesis de Malthus? Esa guerra está considerada como el quinto conflicto más mortífero de la historia de la humanidad. ​ Tal fue la convulsión que provocó la guerra, que allanó el camino a grandes cambios políticos, incluyendo numerosas revoluciones con un carácter nunca antes visto en varias de las naciones involucradas. Vid. ​Margaret MacMillan (2014). 1914. De la paz a la guerra. Traduc. del inglés por José Adrián Vitier. Segunda edición. Madrid-España. Turner Publicaciones, S. L., 850 págs. / Vid. también Catherine Merridale (2017). El tren de Lenin. Los orígenes de la revolución rusa. Traduc. del inglés por Juan Rabasseda. Colec. Memoria crítica. Santafé de Bogotá-Colombia. Editorial Planeta Colombiana, S. A., 352 págs.

[18] Desde este eje el materialismo filosófico se nos presenta como un materialismo cosmológico, en tanto que él constituye la crítica, principalmente, a la visión del mundo en cuanto efecto contingente de un Dios creador que poseyera a su vez la providencia y el gobierno del mundo -el materialismo cósmico incluye también una concepción materialista de las ciencias categoriales, es decir, un materialismo gnoseológico-.

[19] Este eje se aproxima, hasta confundirse con él, con el materialismo histórico, al menos en la medida en que este materialismo constituye la crítica de todo idealismo histórico y de su intento construir y explicar la historia humana en función de una ‘consciencia autónoma’ desde la cual estuviese planeándose el curso global de la humanidad.

[20] El eje angular, toma la forma de un materialismo religioso, que se enfrenta críticamente con el espiritualismo -que concibe a los dioses, a los espíritus, a las almas y a los númenes, en general, como incorpóreos-, propugnando la naturaleza corpórea y real -no alucinatoria o mental- de los sujetos luminosos que han rodeado a los hombres durante milenios. El materialismo religioso identifica esos sujetos luminosos corpóreos con los animales y se guía por el siguiente principio: ‘el hombre no hizo a los dioses a imagen y semejanza de los hombres, sino a imagen y semejanza de los animales’.

[21] El materialismo metodológico, por consiguiente, puede definirse como una incesante reacción a las tendencias formalistas, a tratar las cuestiones discutidas manteniéndonos al margen de los materiales de referencia; sin embargo, esta definición del materialismo metodológico ha de entenderse como meramente indicativa, puesto que al estar concatenados los materiales de modo indefinido no es posible, a priori, establecer los límites de cada círculo de materialidad pertinente. Entonces, ¿es posible imponer leyes, principios, reglas, normas sociales, de pura conveniencia de un liderazgo? Si la racionalidad clásica, definida desde su cultura, y ubicada como modus vivendi u modus operandi, para vivir y ser practicado a ciegas, no puede fructificar nada en lo social, por eso que, en poco tiempo de su introducción, terminará ayudando a crecer la disconformidad social. / Cfr. Michel Houellebecq (2006). H. P. Lovecraft contra el mundo, contra la vida. Traduc. del fr. por Encarna Castejón. Colec. Libros del Tiempo, No. 230. Madrid-España. Ediciones Siruela, S. A., 130 págs. / Vid. también Pierre Bourdieu (2003). Contrafuegos. Reflexiones para servir a la resistencia contra la invasión neoliberal. Traduc. del fr. por Joaquín Jordá. Colec. Argumentos, No. 221. Tercera edición. Barcelona-España. Edit. Anagrama, S. A., 160 págs.

[22] […] esta dialéctica humanista basada en la inventio y la dispositio, esta lógica tópica o inventiva no nació en el s. XV y se desarrolló posteriormente en el s. XVI partiendo de la nada, sino que es heredera directa de la dialéctica de Aristóteles, con influencias de la retórica ciceroniana, y alternativa a la lógica escolástica. Su nacimiento, por tanto, hay que conectarlo con dos hechos que se producen por las mismas fechas y que guardan entre sí una relación de causa y efecto. Por un lado, la euforia de los primeros humanistas, principalmente italianos -filólogos, gramáticos, filósofos morales-, ante el redescubrimiento de los textos clásicos, especialmente del Organon aristotélico y de las Retóricas de Cicerón y Quintiliano, que habían sido perdidos o despreciados durante la Edad Media. Por otro lado, el consiguiente rechazo de la lógica escolástica, al comprobar que poco de lo que ella enseñaba provenía de las obras de Aristóteles y Cicerón. Cfr. Manuel Mañas Núñez (1997). Antecedentes y desarrollo de la dialéctica humanista: De Aristóteles al Brocense, p. 8 ss.

[23]   Cfr. Orlando Millas (1968). El humanismo científico de los comunistas. Santiago de Chile-Chile. Edit. Andrés Bello, p. 92 ss. Vid. también, como ayuda en esta línea: Louis Althusser y Étienne Balivar (1969). Para leer El capital. Traduc. del fr. por Marta Harnecker. Colec. Teoría y crítica. Segunda edición. México, D. F.-México. Siglo veintiuno editores, s. a., 336 págs. Además: Gilles Deleuze (2009). Diferencia y repetición. Traduc. del fr. por María Silvia Delpy y Hugo Boccacece. Colec. Filosofía. Segunda reimpresión de la primera edición. Buenos Aires-Argentina. Amorrortu editores, S. A., 464 págs.

[24]  Orlan Millas, op. cit., p. 93. / Robin Blackburn et al. (2012). Nuevas fronteras de la izquierda. Quito-Ecuador. Instituto de Altos Estudios Nacionales. La Universidad de postgrado-Senescyt: Secretaría Nacional de Estudios Superiores, Ciencia, Tecnología e Investigación, 158 págs.

[25] Cfr. Amartya K. Sen (1999). La libertad individual como compromiso social. Traduc. del inglés por María Victoria de Vela. Colec. Propuestas. Quito-Ecuador. Ediciones Abya-Yala, 90 págs. / James M. Buchanan (2009). Los límites de la libertad. Entre la anarquía y el leviatán. Traduc. del inglés por Verónica Sardón. Colec. Conocimiento, No. 3061. Madrid-España. Katz Editores, 280 págs. / Noam Chomsky (2013). Sobre el poder y la ideología. Traduc. del inglés por Claribel Alegría y D. J. Flakoll.  Colec. Pensamiento. Madrid-España. A. Machado Libros, 176 págs. /N. Chomsky (2002). Una nueva generación dicta las reglas.  Traduc. del inglés por Gonzalo G. Djembé. Colec. Letras de Crítica. Barcelona-España. Edit. Crítica, S. L., 172 págs. / Ignacio Lago (2008). La lógica de la explicación en las ciencias sociales: una introducción metodológica. Madrid-España. Alianza Editorial, 128 págs. / Mario Carretero y José A. Castorina (2012). La construcción del conocimiento histórico. Enseñanza, narración e identidades. Colec. Cuestiones de Educación. Buenos Aires-Argentina. Edit. Paidós, SAICF, 216 págs.

[26] Vid. Fausto Aguirre (2017). Lectura crítica de la obra de Pablo Palacio. Tentativa de una ubicación generacional. Loja-Ecuador. Edit. Gustavo Serrano de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo de Loja, p. 201 ss. / Cfr. también Jean Baudrillard (2002). La ilusión vital. Traduc. del inglés por Alberto Jiménez Rioja. Colec. Teoría. Madrid-España. Siglo veintiuno de España editores, s. a., 90 págs. / Jerrold J. Katz (1975). La realidad subyacente del lenguaje y su valor filosófico. Traduc. del inglés por Conxita Lleó. Colec. Alianza Universidad, No. 122. Madrid-España. Alianza Editorial, S. A., 176 págs.

[27] Las preocupaciones científicas que nos anteceden, desde el Discurso del método, las Meditaciones metafísicas y las Cartas sobre la moral, son representativas de la toma de consciencia del sujeto humano como sujeto, quedando toda otra alternativa del ser como algo externo, lo que incluye hasta el propio cuerpo -tengo cuerpo, no soy cuerpo, tengo fe, pero no tengo fe, soy ser, pero no soy ser-. Dentro de la filosofía idealista, es Kant el que desarrolla la antropología más penetrante basada en la idea de universalidad, ya premoldeada desde Descartes. Para Kant la posibilidad de adoptar puntos de vista generales es constitutiva de la consciencia individual. La ética kantiana concibe a la autonomía de la voluntad como sujeción a la ley de la universalidad, lo que no significa que para él esto constituya un hecho de experiencia, una certidumbre fundamentalmente empírica. La universalidad es, para Kant, un principio a priori, que se expresa como imperativo categórico -obligación-, -tengo que ser moral, pero no lo sé qué es, soy bueno y no lo soy-, para la voluntad libre.

[28] Pablo Palacio (1927), epígrafe que preside la edición de los cuentos de Un hombre muerto a puntapiés. Quito-Ecuador. Editorial de la Universidad Central del Ecuador, p. 5.

[29] Joaquín Gallegos Lara, con motivo de la recepción de Vida del ahorcado, escribe una nota y la publica en El Telégrafo de Guayaquil, el 11 de diciembre de 1933. Es una apreciación que no mide horizontes literarios de Palacio. El autor de la nota conoce que Palacio no vive la ideología y los compromisos del partido.

[30] Joaquín Gallegos Lara (1933). “La vida del ahorcado”. (1987). Miguel Donoso Pareja (Coordinador). Recopilación de textos sobre Pablo Palacio. “Izquierdismo confusionista”. La Habana-Cuba. Centro de Investigaciones Literarias. Casa de Las Américas, 480 págs., p. 59 ss. Este texto, igualmente, se reprodujo sin ningún título de encabezamiento. Al final del texto, se reproduce la especificación del artículo: “Hechos, Ideas y Palabras: La vida del Ahorcado”, en El Telégrafo, 11 de diciembre de 1933, Guayaquil, en Pablo Palacio (1964/ Alejandro Carrión, Coordinador). Obras completas. Quito-Ecuador: Casa de la Cultura Ecuatoriana, 356 págs., p. 59 ss.

[31] Correspondencia de P. Palacio con Carlos Manuel Espinosa: 1933-01-05.

[32] Como en este artículo, no se nos permite mayores espacios, preparamos otros enfoques, en los cuales se arrastran y se puntualizan los principios y teorías de Palacio, a través de toda su obra que conocemos. De la misma manera, en otro enfoque, preparamos el análisis del recurso del mito, como otra constante de su obra. Asimismo, detallaremos, con un nuevo enfoque, el paralelismo conceptual con Heráclito de Éfeso.

[33] Karl Marx, Lenin, Stalin, líderes de la transformación sociopolítica de la época, lanzaron su teoría de cara a la transformación del mundo. Pero, “la revolución hay que hacerla con el estómago lleno”, no pudieron lograr los grandes objetivos y efectos que se previeron. Con todos los manifiestos y sustentos, la decadencia de la ideología y del partido, a nivel internacional, se hizo presente.

[34] El caso P. Palacio es diferente: su inclinación y práctica está dada por el estudio de las teorías de la dialéctica de Heráclito de Éfeso, de las teorías naturalistas de Oswaldo Spengler (1918). La decadencia de occidente. Obra de gran impacto y alcance mundial en el periodo de entreguerras, pero relativamente olvidada desde la segunda mitad del siglo pasado hasta la fecha. Empero, Palacio supo aprovecharlo desde un doble punto de vista: por el mensaje y lección que encierra La decadencia de occidente y por la solvencia y especialidad de Spengler en el naturalismo y en la filosofía dialéctica de Heráclito de Éfeso.

[35] Tan pronto se graduó de abogado y de doctor en jurisprudencia, ciencias sociales, políticas y económicas en la Universidad Central del Ecuador, con su fama bien lograda de escritor, se lo asigna primero como profesor auxiliar de filosofía, luego recibe el nombramiento de profesor titular de la cátedra de filosofía y, finalmente, como Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central.

[36] Sentido de la palabra ‘Verdad’. La relación del enfoque filosófico apareció publicado en Bloque. Revista Crítica. Polémica. Literatura. Revista trimestral, Año I, No. 1, enero de 1935, págs. 29-41.

[37] Sentido de la palabra ‘realidad’. Apareció publicado en Bloque. Revista deCrítica. Polémica. Literatura. Revista trimestral, Año I, No. 2, Mayo de 1935, págs. 101-114.

[38] Es una traducción que Palacio lo hace del latín, griego, francés; se contrasta con otras ediciones que se dan en otras lenguas extranjeras modernas, y se presenta como libro en la editorial Ercilla de Chile.

[39] Hizo la traducción de los Fragmentos del francés, trabajo que lo contrastó y dedujo su estructura del griego y del latín; comparó con las ediciones que existían en otras lenguas extranjeras moderas y en otras editoriales; la suya, indudablemente, la presentó como la mejor que hubo hasta la fecha. Esto es decisivo, desde múltiples puntos de vista: la edición preparada en Chile, facilita a los estudiosos y poseedores del español como lengua de su dominio. En segundo lugar, la presencia y el enfoque preparado por él caracteriza la orientación qué es y quién es filosóficamente, Heráclito y por dónde y cómo debe entenderse su filosofía: caracterizado todo ello por la prestancia de Palacio como profesor de filosofía pura.

[40] 1938. El enfoque de su curso es notable y muy serio. Trabaja al estilo de los catedráticos de Europa, sin haber visitado Europa por algún curso -como lo han hecho intelectuales de su rango- Pablo Palacio sabe tratar con la maestría y dominio de todo un filósofo, de todo un expositor excepcional de la Filosofía. He comparado con la estructura que hace José Gaos, filósofo que, por la dictadura de Franco lo tenemos a él en México y, desde allí va sentar desarrollo de pensamiento filosófico y creador sin precedentes, como lo hará igualmente Pablo Palacio.

[41] Por ejemplo, las universidades de La Sorbona, Oxford, Bolonia y Salamanca, son las más antiguas y prestigiosas del mundo. Hoy en día los requisitos son mayores, ya que es necesario haber publicado en revistas con un índice de impacto que además de enseñar es importante haber publicado los manuales docentes y haber realizado las estancias de movilidad en una universidad con prestigio. La formación continua es de gran importancia, así como la asistencia a seminarios, simposios, encuentros de investigadores, congresos, etc. El tiempo de estudios, preparación e investigación para ser docente implica una inversión de, por lo menos, unos quince años. Palacio estuvo preparado.

[42] D. José Gaos Estudioso de los valores de la cultura clásica. Palacio, en su plan de filosofía que lo presentó para la cátedra es uno de los grandes testimonios de lo que hemos planteado y dicho. Desarrolla todo el plan de la filosofía: es analítico: conoce todo el movimiento de Homero, de los llamados clásicos del pensamiento occidental a Sócrates, Platón y Aristóteles, no toma a ellos, como sustento académico y de influencia ideológica, por sus direcciones racionalistas; conoce perfectamente a los presocráticos, a los matemáticos, a los sofistas, a los postsocráticos. Conoce el movimiento racionalista de monjes, frailes y curas filósofos que irradiaron en su época, su análisis es serio en contra del señor obispo Berkeley; habla con mucha propiedad de la filosofía moderna, asimismo de los grandes pensadores de los años cuarenta, y no sigue más, porque la bastarda de doña Parca le tuvo reducido en el lecho de la muerte, y nunca a la espera de ceder un paso con el fin de una vida en 1947.

[43] El partido está echado a su suerte. No hay dirección, su director pasea con ocupaciones en Francia, México, Chile, Perú. Las embajadas, consulados, esa dedicación profunda a escribir sus libros, en tierras ajenas, menos en Ecuador, han hecho del partido que marche a su peor suerte. Nace el partido como Socialista, inmediatamente, a manera de arrimado, nace el Comunismo. ¿Cómo se entienden socialismo y comunismo? No por asuntos de ideología política, sino por los intereses que marcan sus fundadores. Muy pronto aparecen las desavenencias, las distenciones fuertes y no va a marchar ni uno ni otro. En este contexto, ninguno puede asirse a la inclinación ideológico-política del movimiento.

[44] Durante el mandato del Generalísimo Franco al frente del Ejército y de la jefatura del Estado, especialmente durante la Guerra civil y los primeros años del régimen, se produjo una fuerte represión, en particular contra los partidarios del bando republicano que fue derrotado en la contienda, a la que se sumó el exilio de centenares de miles de españoles al extranjero. La cifra total de víctimas mortales fluctúa en torno a varios centenares de miles de personas, que perecieron, en su mayoría, en campos de concentración, ejecuciones extrajudiciales o en la prisión.

[45] “Los vecinos de Pablo Palacio” llamamos en el libro de Fausto Aguirre (2017). Lectura crítica de la obra de Pablo Palacio. Tentativa de una ubicación generacional, Loja-Ecuador: Casa de la Cultura Ecuatoriana. Núcleo de Loja, 324 págs., p.197 ss.

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