La filosofía debe estar presente en todas las escuelas

Por: Mgs. María Eugenia Torres Sarmiento
Comunicadora Social y Gestora Cultural del Cañar (Ecuador)

En algún momento de la historia la idea de igualdad social fue uno de los grandes relatos y utopías de la modernidad y el pensamiento de Rousseau, hoy fuertemente presente en discursos en nuestras sociedades. En este contexto, la filosofía de la educación no es una filosofía primera, sino una coherente consecuencia posterior a las ideas previamente admitidas sobre la naturaleza del ser humano, su forma de interacción social y sobre la forma de preparar a los que ingresan en esa interacción.

Por ello el hombre debe superar su individualidad para encontrar el bien común, y allí se encuentra la educación, pasar del  “yo al nosotros” y conseguir algo juntos que valga la pena en estas sociedades democráticas complejas en las que vivimos. De allí que la filosofía es un “saber que nos hace críticos, creativos y cuidadosos” como nos dice el filósofo Jordi Nomen. Que permite al ser humano ser único, le permite interrogarse sobre las cosas y darle sentido para comprender y actuar.

Entonces, llevar a la filosofía al aula, le permite al niño ver los prejuicios, le permite ver la diversidad y la pluralidad, es decir -ver algo nuevo-.  Un niño o joven que aprende filosofía se da cuenta de que hay que cambiar las cosas que no funcionan, aquello que luego los hace buenos ciudadanos. Por ende el maestro debe adquirir destrezas filosóficas para enseñar a un joven y a un niño a filosofar, es decir tener un pensamiento crítico que le permita pensar, lo que obviamente le conducirá a ser parte de un cambio en el mundo.

Los niños deben iniciarse en la filosofía desde muy tempranas edades, hablemos desde que un niño empieza a leer y escribir (tres años),  e incluso   podría decirse  que antes, cuando es capaz de opinar.  Y opinar no es sólo defender un punto de vista, el simple hecho de emitir expresiones respecto a un hecho o situación es una opinión que tranquilamente lo hace un niño muy pequeño. Por ello es necesario pensar en las habilidades del pensamiento. 

Uno de los recursos utilizados por la filosofía para llevar al niño a pensar, es el arte porque es un medio que induce al análisis, al cambio, a la crítica y por su puesto a la creatividad. Pues a través del arte, se está trabajando las habilidades del pensamiento, y esto es filosofía.  De allí que el arte  sirve para hacer filosofía y la filosofía para hacer arte, así como también la comunicación.

En el campo educativo el arte, la música, la filosofía son conquistas que ha hecho la humanidad y no ponerlas en beneficio de la ciencia y la tecnología sabiendo que “son amores que no son excluyentes”, es un error. Estamos hablando entonces de un trabajo interdisciplinario: cuentos, obras de arte, para llegar a la reflexión, aquella capacidad de trabajar de forma divertida con el pensamiento analógico para  lograr una crítica constructiva en el estudiante, que se han desaprovechado en las escuelas.

Se habla de ser crítico, creativo y cuidadoso, este último refiere  a la empatía, compasión e interés por los demás, actitud que le lleva a un pensamiento democrático por un mundo justo y compasivo.  Ahora bien, ¿Y cómo el maestro llegará a  involucrar a sus estudiantes con la filosofía?,  nada difícil, más bien muy cotidiano, podría decirse que se lo hace a menudo sin saber que se está conduciendo a un niño a la esencia de la filosofía. Esto ocurre cuando el maestro más que contestar a las preguntas de su alumno, hace nuevas preguntas para ayudarle a pensar, a razonar. Pongamos un ejemplo cuando preguntamos a un niño ¿Por qué son importantes los amigos? ¿Por qué esto me pasó a mí?

Nuestra sociedad es cada vez más compleja y por lo tanto se necesita de muchos filósofos para pensar sobre qué hacer. Se necesitan cada vez más personas que reflexionen sobre las verdaderas necesidades de una población…. –Y eso es filosofía-. Entonces la política también debe tener gente que conozca de filosofía, aquellos que sean críticos, creativos y cuidadosos.  Aprender a filosofar por tanto es adquirir la capacidad de paladear la vida, de ver las cosas, de mirar atentamente lo que sucede a su alrededor, eso le hará emitir criterios, que entiendan lo que es ser democrático, es decir libres para contribuir a una sociedad, a través del diálogo y del consenso.

Es necesario que los niños/niñas/jóvenes y señoritas sepan buscar la pequeña plenitud, que sepan desarrollarse en la sociedad, expresando su criterio, aceptando la diversidad. Un ambiente de libertad como lo decía Jurgüen Habermas: “radica en aquella dimensión comunicativa del lenguaje, aquella interacción social donde se privilegia el lenguaje como medio de comprensión”, como una acción orientada al entendimiento

El rol del maestro es fundamental en la formación de las sociedades, el maestro debe conseguir que el alumno sepa pensar por sí mismo, que exprese sus opiniones, pero también debe ser tremendamente exigente con la fuerza de los argumentos que presenta, en fin debe saber conducir aquella comunidad de diálogo que traslade a una tranquilidad emocional.

Una educación en donde se sume a la labor del maestro, la misión del padre preguntando más y contestando menos, estaría enseñando a filosofar. Todas las personas llevamos un  filósofo por dentro. De allí que lo importante es la formación y la práctica de pensar y razonar.

Es necesario una educación libre, crítica, creativa y cuidadosa, es necesario  llevar la filosofía a casa para una buena convivencia en donde reine la honestidad, la sinceridad,  en sí, una filosofía que nos ayude a convivir.

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