La derechización y sus perjuicios ante desastres socionaturales

Por: Luis Herrera Montero, PhD
Universidad de Cuenca (Ecuador)

La evidente derechización, de determinadas instancias de la política nacional y local, resulta perversa e indolente. El desastre socionatural, acontecido recientemente en Quito, en el sector de La Gasta, es una clara demostración de  perversidad e indolencia política de los sectores oligárquicos, que privilegian sus intereses de lucro privado y no las urgentes necesidades de la ciudad. La realidad da cuenta de que desde la administración municipal de Rodas se ha caído en contextos de alta desatención, ineficiencia institucional y carencia total de liderazgo, que sin duda constituyen el causal principal de la catástrofe, con 26 muertos y 10 desaparecidos: datos aún aproximados de los efectos del fatal deslave. La alcaldía de Guarderas, que tanto empeño mostró en la destitución de su predecesor, en cambio, ha demostrado que la ciudad de Quito le queda muy grande; hasta el momento la intervención municipal ha sido desprolija. Qué decir de las estructurales problemáticas de contaminación, tráfico e inseguridad que el Distrito vive ya en dimensiones cercanas a la emergencia. Para colmo, el señor Guillermo Lasso, en vez de retornar con la inmediatez del caso, ha preferido una gira por China: creo que la situación deja en claro que la prioridad debió estar en Quito, aunque las competencias sean más del gobierno distrital.

En la misma perspectiva analítica, aún no se ha cumplido un año de gobierno del presidente Guillermo Lasso y la ingobernabilidad ha sido el efecto constante. Igual fenómeno se puede constatar en los gobiernos municipales de derecha en Quito: las serias problemáticas respecto al crecimiento urbano y la deficiencia institucional se han convertido en el sello de gestión y administración político-territorial del desgobierno de tinte neoliberal. Obviamente, su efecto directo: contextos de ingobernabilidad ciudadana de altas dimensiones.

Uno de las características de la ingobernabilidad está en la regeneración de procesos de crisis que se acentúan por la destrucción acelerada de la función social del estado y por la incapacidad gubernamental para atender problemáticas provocadas por la reinstauración neoliberal. A nivel nacional, se ha reclamado insistentemente al gobierno revolución ciudadana como década pérdida, sin considerar que los regímenes neoliberales han recolocado al país es condición de crisis, por imponer cinco años de beneficios individualistas, bajo falsos significados de progreso nacional. La ciudadanía lastimosamente permitió la recomposición neoliberal al apoyar electoralmente al binomio de CREO-PSC en la segunda vuelta electoral, a pesar de que esta alianza representa a élites y propuestas socioeconómicas impopulares.

Debo manifestar mi discrepancia respecto a tesis que afirman la reducción del Estado a su mínima expresión, pues caen en una perspectiva de reduccionismo economicista. El neoliberalismo refuerza al mercado, no desde la subordinación estatal, sino desde el pleno alineamiento político con oligopolios mundiales. Esta consideración debe puntualizarse, porque en materia de represión y atentado a los derechos humanos, los regímenes neoliberales promueven ejercicios socioestatales totalitarios con mucho poder. Así dan cuenta las décadas de pinochetismo en Chile, ejemplificando un caso. Entonces, al Estado se le deprime en su rol protagónico de desarrollo y progreso social, pero se lo fortalece en su rol político autoritario, no solamente en instancias nacionales, sino también transnacionales y globales, como ha sucedido con el militarismo policiaco de Estados Unidos y sus intervenciones de guerra en diversas regiones, principalmente en territorios identificados con el islam, pero disfuncionales para los intereses del imperio gringo, pues no sucede lo mismo en Arabia Saudita y Catar: dos de sus aliados.

El actual régimen de continuismo y recomposición neoliberal, iniciada por Lenín Moreno y sostenida por Lasso, ha  reproducido nuevamente  crisis socioeconómica, pero también crisis política. En Octubre de 2019 se evidenció tal contexto crítico, la ciudadanía protestó multitudinariamente contra el régimen de Moreno, a causa de imposiciones fondomonetaristas, que afectaron significativamente la economía sociopopular y los derechos políticos de la población. Por vez primera la situación carcelaria del país también degeneró en actos de violencia y muerte a niveles antes no presenciados, como parte del contexto de crisis social que se ha expuesto.

Hoy ese todo contexto está latente, por la insistencia autoritaria de seguir imponiendo rutas fondomonetaristas y de desinstituir creciente, acelerada y desprolijamente la función social del Estado, como hemos insistido. Este proceso desinstitucionalizante intenta concretar, además, a través de leyes que perjudican el sustento económico de sectores de clase media y de sectores marginados, también por medio de medidas privatizadoras de los legados de la economía publica de Ecuador y, por último, mediante la desinstitucionalización respecto al sistema penitenciario nacional. En condición de agravante, los neoliberales ecuatorianos aprovechan la situación pandémica, para sostener sus prácticas impopulares, ante las imposibilidades temporales que la ciudadanía tiene para la protesta y movilización social, como iniciativas establecidas en calidad de derechos en nuestra Constitución de la nación.

Retomando el tema de la ciudad de Quito, el problema no puede desencajarse del contexto nacional. Las oligarquías en su propósito de descorreizar la política, están provocando consecuencias graves, pues estas no han conducido a procesos democratizadores (Nunca han tenido eso propósito), sino a la proliferación y acentuamiento estructural de fenómenos ya expuestos con anterioridad: la contaminación, el tráfico y la inseguridad ciudadana, preocupantemente reforzados por el caos institucional que desde el gobierno distrital de Rodas se vive y que el actual de Guarderas no avizora un devenir diferente. Quito debe recuperar su espíritu ciudadano, como es posible que antes su gente se manifestaba masivamente por su nación, hoy ni siquiera se conduelen de sus propios y graves inconvenientes socioterritoriales. Lo sucedido tiene connotaciones de extrema gravedad, ante lo cual se debe recuperar visiones contemporáneas de democracia participativa o la urbe se sumerge en la manipulación oligárquica e inútil para los enormes desafíos que el Distrito tiene en materia principalmente ambiental y sus implicaciones integrales de deterioro e incidencia social (Una ciudad insostenible en lo ambiental, es insostenible en materia territorial, de seguridad, de economía, y de vida)

La condición de capital de la república es para liderar procesos conforme los contenidos de nuestra Constitución de 2008, no para reproducir ideologías de emprendimientos individualistas, poco apegados a la economía solidaria, con graves niveles de consumismo superficial y con peligrosos niveles de insostenibilidad ambiental. Entonces, esos contenidos de instalarse en múltiples asambleas ciudadanas, desde principios y valores participativos, en temas diversos, convocante heterogéneo de sectores (Mujeres, juventudes, niñez, obreros, comerciantes, estudiantes, entre los principales) y aglutinante de barrios, cooperativas, comunas, no pueden ni debe extinguirse.

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