Cursos vacacionales de arte: ¿forman públicos o resistencias para la cultura?

Por: Ángel Orellana Flores
Gestor cultural. El Oro (Ecuador)

Este es un tema que genera varías posturas. Por un lado, están las que defienden el acceso de las y los chicos a disfrutar de procesos estéticos y por otro, las que concuerdan, pero advierten de que; si el proceso no está bien llevado, puede resultar negativo. Concuerdo con las últimas, porque se está trabajando sobre un área sensible, que requiere de ciertos cuidados, conocimientos y metodología específica.

Desde luego que, todas y todos los ecuatorianos tenemos derecho al disfrute del arte, la producción cultural y el aprendizaje continuo. ¡Quién puede oponerse a ello! En este orden, los cursos vacacionales de arte, resultan una bonita oportunidad para aprender nuevas habilidades, trabajar en equipo, encontrar conocimientos nuevos que pueden tributar más tarde en el aprendizaje formal. Entonces, ¿Dónde está el problema?

El problema radica en la planificación de los mismos.  En la costa, con motivo de regresar a la nueva normalidad, se ven ofertas de cursos vacacionales por todos lados. Varios de estos cursos son ofertados por la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Gobiernos locales y emprendimientos culturales independientes. En el caso de las ofertas del sector público, muy poco se conoce de los instructores, así como de los ítems que se trabajarán durante el proceso.

Como en toda rama del conocimiento, se requiere de condiciones adecuadas para dar este tipo de talleres. Más aún, cuando se trata de acercar las disciplinas artísticas a públicos y actores iniciantes. Es obligación de los oferentes como de los facilitadores; hacer de este tiempo, algo especial. Sin embargo, las instituciones ofertantes no contemplan esto en la planificación. De aquí que, terminan dando clases en cualquier lugar, con cualquier instructor. Como resultado se tiene chicos desmotivados, que van ahí solo porque los papás pagaron una cuota o porque no tiene más opciones. Esto es nocivo para la generación de públicos, porque se traduce en resistencias.

Hablemos de los instructores. En la viña de ‘Aquitania’, hay de todo. Unos con mejores capacidades que otros y locuaces también. Son estos últimos, que muchas de las veces logran convencer a las instituciones públicas para que les dejen dar los cursos. Lo he visto a lo largo de mi trabajo en el campo de la cultura. Estas personas son gente sin formación, sin experiencia y sin interés en la formación de públicos o en la enseñanza conceptual y estética de una disciplina artística. Pero son aceptados porque cobran barato, y las instituciones públicas no tienen ningún reparo en precarizar el trabajo cultural. Es decir que, con aval institucional, se perjudica a los participantes de los talleres y a los profesionales del sector. Salvo contadas excepciones.     

En relación con lo anterior, se ve que los emprendimientos culturales independientes, tienen mejor oferta que las instituciones públicas. Se esmeran más por presentar a la planta de instructores, por comunicar las habilidades a desarrollar, y presentan resultados con evidencia. ¿Por qué?, al parecer, en su gran mayoría desarrollaron conciencia del trabajo cultural, de la experiencia agradable que se debe ofrecer a los alumnos participantes y la necesidad real de contar con nuevos públicos inteligenciados sobre las actividades del sector. ¡De ahí, su esmero! Así, el lector también puede inferir, quiénes aportan a la formación real de públicos y quiénes crean barreras.

Concluyendo, los cursos vacacionales son buenos para las artes, para los participantes y la comunidad. A la larga, estos formatos no pretenden producir artistas, sino brindar espacios de acercamiento a las artes. Por ello, que se debe cuidar que la experiencia estética sea agradable. Ahora bien, las instituciones públicas y en especial la Casa de la Cultura, deberían planificar mejor sus ofertas y seleccionar a instructores formados o con trayectorias solventes, según sea el caso. Así mismo, la CCE, no debería competir con los emprendimientos culturales individuales; se ha convertido en una competencia desleal y precarizadora del trabajo cultural. Estas actitudes contemporáneas ensombrecen la otrora, donde en los talleres de la institución se formaron grandes artistas y procesos valiosos.

Finalmente, los padres de familia deben saber que, la práctica de una disciplina artística requiere de espacios apropiados; limpios y seguros, como mínimo. También exijan a las instituciones públicas que les presenten con antelación; a la planta de instructores y los temas a trabajar. Luego, hagan una pequeña investigación en internet, para decidirse por lo más adecuado para sus hijos.

2 comentarios en «Cursos vacacionales de arte: ¿forman públicos o resistencias para la cultura?»

  1. Muy interesante!!! Habrá que monitorear aquello. Luego, que los efectos sean NEGATIVOS, no lo creo. Lo digo por la experiencia que tengo de haber dado talleres durante varios años en la CCE. De todas maneras, respeto la opinión del escribidor. Por cierto, los EMPRENDIMIENTOS CULTURALES particulares deberían ser LOS PRIMEROS en involucrarse para MASIFICAR el quehacer cultural SIN PRECARIZARLO, no solo con cursos o talleres vacacionales, sino con ESPACIOS PERMANENTES de formación. Las instituciones públicas deberían estar abiertas para la obsevación ciudadana, que no debe quedar solo en señalar posibles fallas, sino PROPONER mejoras concretas.

  2. Todo lo señalado es real, y lamentablemente pinta para continuar sucediendo. Hay un abandono por parte de gobiernos locales en la atenció al desarrollo de la actividad cultural en nuestra ciudad. Eso sumado a la falta de espacios adecuados para el desarrollo de eventos culturales. En nuestra ciudad no tenemos Teatro por ejemplo, increíble ¡¡
    Buen artículo mi estimado Efrain Orellana, Gestor Cultural de excelente calidad humana y profesional ¡¡

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