Algunas grietas sobre el Aluvión en Quito

Por: Marisol Cárdenas Oñate, PhD.
Quito (Ecuador)

Algunas visitas a la Comuna de Santa Clara de San Millán, lugar más cercano a la Zona Cero del aluvión en Quito fueron verdaderamente una experiencia profunda y sentida. Quiero aprovechar este espacio para compartir algunas reflexiones para poner en discusión algunos temas.

Considero importante partir de valorar la pertenencia de dicha zona a la estructura organizativa de gobierno autónomo ancestral, conocimiento que muy poca gente tenia hasta antes de que pasara la desgracia natural que conmociono al país y fuera de él.    Este aspecto me lleva a pensar si esa identidad, la cual ha sido históricamente discriminada no haya influido también en la falta de atención gubernamental municipal.  El Comité de la Comuna evidencia con pruebas que tenían mucho rato ya en presentar reclamos al Municipio por la falta de planificación urbana, las condiciones de las quebradas y los últimos asentamientos que evidentemente pronosticaban desgracias potenciales.  De ahí que lo que uno siente en las y los moradores es una mezcla de dolor profundo y rabia a flor de piel amasada en el lodo que implacable embarro sus derechos, cuerpos, ilusiones, y cada recoveco de sus espacios. 

Hablar también de una comunidad implica por supuesto, entender los conflictos internos que, por supuesto caracterizan a toda agrupación humana, y esta zona que se quiere diferenciar del Barrio de La Gasca, no se salva de ello.  En la parte alta hay varias etnias conviviendo. Por ejemplo, hay presencia afrodescendiente de gente migrante asentada, así como otras nacionalidades que no siempre están relacionadas con el gobierno comunitario.  Sin embargo, esta situación que movió en muchos sentidos a toda la población puso en evidencia también diversos tipos de conflictos.

De cualquier modo, habría que resaltar a su vez el trabajo comunitario de apoyo, de minga que ha permitido una limpieza de las casas, de las calles, de los parques.  A pesar de los tantos aguaceros que han caído luego del aluvión, el polvo sigue siendo huella, el residuo de manchas de lodo se cuela entre las fisuras de las casas aún.  Al caminar las calles aledañas a la Zona Cero en La Gasca se sigue percibiendo la tristeza, el dolor de las perdidas sobre todo de los seres queridos, las casas llenas de recuerdos, esfuerzos e inversiones. El temor conmocionó a la gente que regresaba de sus trabajos aquella tarde del  primer lunes del mes  donde según comenta Eugenia,  una abogada que tuvo que dejar su carro y meterse al lodo pensando en poder arribar a su casa, sintió vivirse en las películas de catástrofes al tener la experiencia de ser arrastrada y saber que quizás no podría contenerse, o sintiendo con su cuerpo topar otros cuerpos que luchaban por pararse o los que no habían corrido con su suerte, pues como ella dice: “resbalando con el lodo en la cintura, no se podía ver”

A pesar de todo, el que sigue respirando en buena salud es el trabajo comunitario que se ha venido desarrollado desde antes del aluvión en La Comuna, ese espacio organizativo basado en la construcción socio ancestral de la reciprocidad, la complementariedad, la colaboración mutua, la interrelacionalidad. Si uno está un tiempo más largo que el que implica llevar las donaciones se observan los modos como se organizan ahí, las asambleas sistemáticas, la comida comunitaria, los abordajes de las problemáticas en comisiones. Toda esa experiencia real de las problemáticas profundas debería servir ahora que las autoridades al fin van a tomar cartas en el asunto, no sin antes evidenciar cual ha sido su trabajo en este tiempo muerto.  En fin, lo importante es avizorar y accionar para un mejor porvenir de la gente que vive cercana o en quebradas.  ¿Cómo se van a tomar las decisiones de las políticas de planificación urbana? ¿Como van a intervenir las treinta quebradas, tanto esta como las restantes?  Es urgente que las políticas y acciones se hagan en conjunto, y sobre todo, tomando en cuenta la palabra y la experiencia de la gente del territorio.  Es hora de optimizar los conocimientos de la gente del lugar y mas como en este caso, correspondiente a la reconocida como la primera comunidad de gobierno autónomo ancestral de la capital.

Finalmente, quizás otra de las grietas más dolorosas observadas han sido las prácticas de rituales in situ en homenaje a los seres queridos.  La cancha de futbol especialmente, paso de ser un lugar de juego vespertino donde los habitantes de la zona ejercían su derecho a la resistencia a la hegemonía capitalista, a un camposanto simbólico, en un santiamén. Las velas y las flores ofrecen su luz y belleza por las tardes emergiendo aún entre el fango y uno que otro residuo de esta historia.   

Si se camina por las calles y de cuando en cuando se hacen paradas en las tiendas de cualquier esquina se escuchan más narrativas particulares, con nombres de gente cercana a la cuadra que gracias a la palabra entretejida con quienes tienen ese espacio de comadreo vecinal encuentran modos de hacer catarsis al revivir y sanar así un poquito el corazón estrujado, tiritando, mojado, todavía en veremos frente al dolor que cala fuerte y gotea a pesar de los soleados días que de vez en cuando aparecen para sanar las paredes, reconstruyendo los techos y los muros donde se impregnaron heridas muy profundas. ¿Será como mencionan en esos comentarios de dejarlas al tiempo? O a la esperanza de que esta grieta no se abra de nuevo por falta de gestión interinstitucional, a tiempo.

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