Domingo Méndez: Luchar por lo imposible

Por: Julián Ayala Armas
Escritor y periodista (Islas Canarias)

“Sísifo enseña la fidelidad superior que niega a los dioses y levanta las rocas. Cada uno de los granos de esta piedra, cada fragmento mineral de esta montaña llena de oscuridad, forma por sí solo un mundo. El esfuerzo mismo para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre.”

 (Albert Camus, El mito de Sísifo)

De izquierda a derecha, Julián Ayala, Domingo Méndez y Ramón Afonso en un acto de la Asociación para la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias (Santa Cruz de Tenerife).

El pasado 28 de enero, el mismo día que cumplí uno más de mis muchos años de vida, Domingo Méndez cumplió su primer día de muerte. No sé si me quedan pocos o muchos aniversarios futuros, pero estoy seguro que mis próximos cumpleaños tendrán un sabor agridulce, pues a la relativa alegría del evento se unirá el recuerdo de la desaparición de un amigo y compañero con el que tantas cosas tuve en común.

PRIMEROS PASOS

Conocí a Domingo Méndez en 1966, cuando junto a otros estudiantes de La Laguna, como Antonio Medina, Enrique Caro, Carlos muñoz y Alfredo Horas, creamos la Organización Universitaria del Partido Comunista de España, a la que en cursos posteriores se incorporaron otros, como Paco Nóbrega y Agustín Millares, que poco antes  del desenlace de la última enfermedad de Domingo, le dedicó un poema que evocaba aquellos días de compromisos iniciales.

Después, nuestros caminos se bifurcaron. Yo me fui del PCE, participé en la fundación de la Oposición de Izquierdas y del Partido de Unificación Comunista de Canarias y fui concejal por la Unión del Pueblo Canario en el primer ayuntamiento democrático de Santa Cruz de Tenerife. Mientras, Domingo, que también dejó el PCE, acabó incorporándose a la Liga Comunista Revolucionaria, lideró en Canarias durante muchos años sus distintas metamorfosis políticas (Anticapitalistas fue la última), se presentó a elecciones por Izquierda Unida Canaria y fundó un sindicato de enseñantes, que protagonizó numerosas luchas reivindicativas.  

EL REENCUENTRO

Después de un largo intervalo, en que cada uno fue por su lado, aunque  coincidiendo en el objetivo de lucha por una mayor justicia e igualdad entre las personas, nos reencontramos en el movimiento social más importante que ha habido en las Islas, Asamblea por Tenerife, que durante ocho años (de 2004 a 2012) mantuvo en jaque a distintos gobiernos de la oligarquía canaria, empeñados en derrochar el dinero público en grandes obras de infraestructura innecesarias, como el puerto de Granadilla, el cierre del Anillo Insular y la construcción de la segunda pista del Aeropuerto Tenerife Sur (único proyecto que quedó pendiente y que todavía hoy sigue siendo objetivo a cumplir por lo más granado del empresariado insular), que sirvieron solamente para llenar los bolsillos de políticos venales.

Posteriormente, coincidimos también en la plataforma ecologista ‘Canarias por un Territorio Sostenible’, creada para articular la oposición a  la Ley del Suelo del último  Gobierno de  Coalición Canaria, presidido por Fernando Clavijo,  así como en otros movimientos cívicos, como la plataforma contra la construcción ilegal de un edificio de aparcamientos en la playa de Las Teresitas, conocido popularmente como “El Mamotreto”, que  fue una de nuestras escasas victorias, pues acabó siendo derribado por sentencia judicial.

Protesta de la Plataforma Canarias por un Territorio Sostenible ante el Parlamento de Canarias; entre los que sostienen la pancarta, al final Domingo Méndez con gorra y Julián Ayala; a la derecha de Domingo, su compañera, Mary Villarmín. Santa Cruz de Tenerife, 19/12/2016.

Clavijo (Coalición Canaria), así como en otros movimientos cívicos, como la plataforma contra la construcción ilegal de un edificio de aparcamientos de la playa de Las Teresitas, conocido popularmente como “El Mamotreto”, que  fue una de nuestras escasas victorias, pues acabó siendo derribado por sentencia judicial.

Pero la organización social en la que más se volcaron las inquietudes de Domingo Méndez en los últimos años fue la Plataforma para la Defensa de las Pensiones Públicas de Canarias, en cuya fundación participó en mayo de 2013. La plataforma fue el germen de la actual Asociación para la Defensa de las Pensiones, de la que Domingo en el momento de su muerte era uno de nuestros representantes en la Coordinadora Estatal por la Defensa del Sistema Público de Pensiones, COESPE.

En todas las actividades y luchas de estos movimientos sociales, Domingo Méndez destacó por su coherencia política, su iniciativa en la acción y su tenacidad en el logro de los objetivos planteados.

VIVIR EN TIEMPOS DIFÍCILES

Algunos fanáticos del pensamiento único insistieron hace años en que la historia había terminado con la desaparición del llamado socialismo real, y la posthistoria que la sustituyó no solamente dio paso a un mundo mejor, sino al único posible. Esa majadería no es sino la coartada de los que creen –interesada y falazmente– que solo el funcionamiento, libre y sin cortapisas externas, del mercado garantiza que todas las personas reciban lo que en verdad merecen.

Domingo formaba parte de los que nunca han creído en esa flagrante distopía (que coloca los intereses económicos por encima de las necesidades de las personas)  y siguen conservando intacta su capacidad de indignación ante los desafueros del sistema. Sabía también que la indignación sin acción que tienda al cambio de la situación que la causa, no es sino un subterfugio de los que quieren tranquilizar su mala conciencia. A él, como a otros activistas políticos y sociales de estos tiempos ingratos, le tocó  afrontar el auge del neoliberalismo, hoy en decadencia pero todavía fuerte, que aprovechó la crisis del petróleo de los años 70 del pasado siglo para imponerse en los países de la UE (España entre ellos)  y en Estados Unidos. Su predominio se acentuó con la desaparición de la URSS en 1991, que propició lo que se llamó unipolaridad, es decir, la primacía mundial de EE. UU., que dio lugar a un ciclo de guerras de agresión imperialistas por parte de la única gran potencia del momento y sus lacayos de la OTAN.

A estas guerras se opuso Domingo con todas sus fuerzas, volcándose en la tarea de organizar en Canarias el movimiento de ¡No a la guerra!, que el 15 de febrero de 2003  –con motivo de la proyectada invasión de Irak y coincidiendo con una convocatoria mundial en contra–, sacó a las calles de Santa Cruz de Tenerife a más de cien mil personas, un hito que solo fue igualado por algunas de las manifestaciones posteriores de Asamblea por Tenerife. Fueron momentos de éxito y euforia en la izquierda internacional que, pese a todo, no logró frenar las ansias belicistas del Imperio, que invadió y destrozó material y socialmente a Irak, dejando una secuela de destrucción, saqueos y asesinatos en masa de la que el país no se ha repuesto todavía.

Lo mismo ocurrió en la guerra de Afganistán, que empezó con la invasión de EE.UU. y sus aliados el 7 de octubre de 2001, el mes siguiente del atentado contra las torres gemelas de Nueva York, y terminó con la entrada de los talibanes en Kabul el 15 de agosto de 2021. Veinte años de muertes y destrucción para dejar las cosas como estaban. Todo un éxito del que ahora tratan de amortiguar colocando misiles a las puertas de Rusia. El Imperio del Mal no descansa. 

MELANCOLÍA RESISTENTE

Aunque Domingo Méndez en su amplia peripecia como militante político y activista social nunca, a los ojos de sus compañeros y compañeras de lucha,  pareció mostrar signos de flaqueza o desesperanza, no es aventurado suponer que tuviera que afrontar ese trance en algunas ocasiones. Pero hasta donde llega mi conocimiento de la firmeza de sus convicciones y su perseverancia en  ellas, creo estar en disposición de decir que los posibles momentos de abatimiento de nuestro amigo estarían encuadrados en la variante de la melancolía que el filósofo Javier Muguerza –a algunas de cuyas clases en La Laguna asistimos él y yo– calificó como melancolía resistente, que “nace de una conciencia ética empujada por el deber moral de no dejar de perseguir aquello que se considera justo”. Quienes tienen la convicción –y Domingo la tenía– de que la lucha por una existencia digna o por una sociedad más justa es un imperativo moral, la emprenden independientemente del éxito que se pueda alcanzar, sin otras vacilaciones que las normales impuestas por la experiencia de los fracasos, más frecuentes de lo necesario para un buen equilibrio emocional.

La roca se nos ha caído demasiadas veces montaña abajo, pero nadie la va a subir por nosotros. Hay que volver a empujarla hasta la cima, y hacerlo de manera que cada vez sea más difícil que se nos escurra por la pendiente. Pasarán muchos años, seguramente no lo veremos, pero algún día se quedará allá arriba, en difícil equilibrio entre lo real y lo posible, entre la vida y la esperanza.

Lo imposible puede ser posible.

Un comentario en «Domingo Méndez: Luchar por lo imposible»

  1. Valorar la lucha de un amigo destacando sus cualidades humanas y escribirlas, es dejar un camino hermoso de ejemplos, no solo de quien lo escribe sino del que camino, mostrando como se debe vivir y trazar la linea compleja de vida para los que vienen después.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.