La abulia de los heredados

Por: Jacqueline Murillo Garnica, PhD
Colombia

El fragor del clima político en Colombia mantiene una efervescencia que sube como burbuja, a medida que los 72 candidatos que están dispuestos a disputarse, en escasos meses, la presidencia de la república, cuando Duque deje su podio, que de paso sea dicho, deja una estela de corrupción, un país con un incremento de la pobreza de 42.5%, según el DANE, pero no nos vamos a referir a ese porcentaje, que como dijo una curtida matrona de la política colombiana: “trabajen vagos”, al justificar los índices de pobreza en este país, por causa de la pereza. La larga lista de sandeces por cuenta de los gamonales y politiqueros de oficio, pulula entre los discursos baladís, retórica incesante cargada de odios y en honor a los egos de cada uno, de los que se ocupan a sangre y fuego de llegar al poder.

La competencia por llegar al solio de Bolívar tiene todos los matices, los hay desde el amedrantamiento, los insultos, los embustes, las falsas noticias, toda una feria de artimañas para lograr ese trofeo, pero digamos que en la política se vale de todo para cumplir con el cometido. No hay un programa serio, ni siquiera ha habido lugar para conocer un proyecto que pueda ser viable, propuestas serias para desarrollar soluciones en este país resquebrajado por la corrupción y la violencia que se ha mantenido en los últimos seis decenios.

Las empresas públicas se han convertido en un fortín político y cada vez se amangualan más para perpetuarse en el poder las añejas castas de todas las latitudes de la geografía colombiana. Y para qué hablar de la educación, que cada vez la brecha entre la educación pública y privada se dilata más. Un exalcalde de la capital de los colombianos y actual candidato a la presidencia, en reciente entrevista, ha dicho que el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje), tiene demasiados cursos de filosofía y demás. Esta frase del exmandatario de los bogotanos devela su indiferencia sobre el propósito de la educación. Otra perla en este sentido, la generó la vicepresidenta de los colombianos: “En Colombia hay demasiadas psicólogas y sociólogas y se necesitan más técnicas”. Como dato curioso, la segunda al mando de este país hace parte de la comisión internacional de sabios.

La extensa lista de candidatos también la enarbolan los delfines de la clase tradicional política de este país. Nuevos nombres con los apellidos tradicionales, de los linajes de antaño, anteriores combatientes de la causa perdida, exsecuestrados, hijos de mártires de la patria, figuran como los postulantes a la presidencia. En los debates transmitidos, fungen como aves de rapiña invocando puritanismos y algunos con odios exacerbados para aflorar viejas heridas. Ninguno de ellos ha demostrado su intención por cambiar el rumbo de este desbarrancadero. Las alianzas que se han hecho es parte de la estrategia de la vieja política que siempre ha permeado al país, mientras los problemas bullen como la espuma que asciende de una inmensa cascada.

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