Un nuevo año y viejos retos

Por: Dr. Enrique Espinoza Freire, PhD
Universidad Técnica de Machala (Ecuador)

Recién comienza un nuevo año, momento propicio para hacer un balance de los logros y carencias, llegando a conclusiones sobre las experiencias vividas, para así facilitar el tránsito por el presente y el futuro sin cometer los mismos errores.

El 2021 fue un año de incertidumbre en el plano personal y profesional a causa de la pandemia de la Covid-19, que aún nos mantiene en vilo con las amenazas de sus nuevas cepas. Esta emergencia sanitaria experimentada por todo el mundo, desde inicios del año 2020, ha exigido al hombre poner en juego todas sus potencialidades, conocimientos, destrezas y creatividad para enfrentar y superar la crisis económica y social provocada por ésta.

El sector educacional no ha sido la excepción, ante la necesidad del cierre de las instituciones educativas, como medida para evitar el contagio y propagación del virus, fue imprescindible la adopción de la modalidad de estudio a distancia, tanto en la educación general como en la enseñanza superior. En tal sentido, fueron diseñadas plataformas didácticas y se utilizaron diversos software soportados en las tecnologías de la información y las comunicaciones, para crear novedosos espacios educativos.

De igual manera, los docentes reinventaron sus formas de conducir el proceso de enseñanza-aprendizaje de manera flexible, adaptaron los currículos sin perder el rigor pedagógico, elaboraron  guías de estudio y novedosos materiales didácticos, aplicaron métodos centrados en el estudiante, crearon espacios de trabajo colaborativo, emplearon diferentes vías para establecer la comunicación con los educandos y padres, como el correo electrónico y  las redes sociales, establecieron grupos virtuales de consulta y apoyo emocional e implementaron innovadoras vías de evaluación on-line, entre otras acciones. De este modo, se convirtieron en verdaderos facilitadores y guías del aprendizaje de sus educandos, aspecto que, en no pocas ocasiones, quedaba en el plano teórico, al no abandonar los patrones tradicionales de educación.

Paradójicamente, en este contexto sanitario de distanciamiento social, esta dinámica ha permitido el fortalecimiento de las relaciones solidarias y de cooperación entre los estudiantes a través de grupos virtuales, fomentando sus habilidades comunicativas; asimismo, se han vuelto más responsables con el cumplimiento de sus deberes escolares y han desarrollado habilidades para el estudio autónomo y de autorregulación del aprendizaje.

Por su parte, los padres se sienten más comprometidos con el aprendizaje y resultados académicos de sus hijos y han estrechado los vínculos con los maestros y profesores en la búsqueda del cumplimiento de un objetivo común, la educación del estudiante.

Realidad que me hace recordar las palabras de un antiguo profesor, devenido en un entrañable amigo, quien considera que, de toda experiencia por adversa que esta sea siempre existe una enseñanza que ayuda al crecimiento humano.

Partiendo de esta premisa, debemos reflexionar sobre lo que hemos hecho para propiciar a nuestros estudiantes una buena educación aún en medio de esta situación extrema y preguntarnos ¿por qué antes no hemos puesto en práctica estas acciones que han permitido concretar en la praxis educativa la teoría ya existente? Pero, ante todo resulta necesario, cuando ya se venza completamente la pandemia, mantener esta estrategia de trabajo para enriquecer la modalidad presencial del proceso de enseñanza-aprendizaje.

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