Las ciencias sociales frente a las ciencias naturales y la perspectiva hermenéutica

Por: Rodrigo Mendieta Muñoz, PhD
Director de Investigaciones de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Cuenca (Ecuador)

La epistemología de las ciencias humanas y sociales mantiene una discusión incesante. La pregunta de si las ciencias sociales deben o no ser consideradas como ciencia, abre, según Mardones y Ursua (1991), una discusión todavía mayor, que gira en torno al significado mismo de ciencia y, lo que es más, a qué condiciones o requisitos debe tener un enunciado para ser considerado científico. Como punto de partida para la discusión de ésta interrogante, los autores proponen los inicios de la filosofía de la ciencia, ubicándonos por un lado en la tradición teleológica aristotélica, y por otro, en el positivismo de la tradición galileana.

Aristóteles plantea el gran paradigma de la ciencia al considerar un método que, partiendo de la observación de los fenómenos, sea en forma inductiva o deductiva, se llegue a dar explicaciones de la realidad y por ende el surgimiento del conocimiento. Esta postura finalista de la ciencia es catalogada de poseer un carácter eminentemente conceptual, alejada del pragmatismo de los fenómenos. Surge entonces la “nueva ciencia” desarrollada por Galileo y una serie de filósofos que plantean un abordaje matemático de los fenómenos del mundo, centrándose, mediante un enfoque positivo, en la explicación funcional de la realidad. Los autores apuntan dos cambios económico-sociales que dieron paso a esta nueva concepción. Por un lado, el humanismo que pone como objeto de estudio de la ciencia a la naturaleza, y en medio de ella al hombre, y por otro, el desarrollo de un “capitalismo incipiente” del siglo XIII, que engendraría la idea de dominar esa naturaleza.

A mi juicio el planteamiento galileano es básico en la confrontación ciencias sociales versus ciencias naturales, que a la vez resulta contradictorio. Por una parte, su postura resulta una separación casi total entre el conocimiento científico de la naturaleza y el conocimiento del hombre en sociedad, toda vez que se plantean abstracciones de la realidad mediante fórmulas matemáticas exactas, centrándose en lo “que es” y no en lo que “debería ser”. Sin embargo, por otro lado, esta postura causal reconoce que la forma de hacer ciencia y lo que se considera ciencia o no, evoluciona debido a “fuerzas sociales intervinientes”. Es decir, el avance que la tradición galileana supone por sobre la aristotélica resulta vital para la discusión de lo que es ciencia y de si las ciencias sociales igual que las naturales deben o no ser consideradas como tal. Por un lado, se abre la supuesta brecha al introducir una excesiva postura positiva, pero por otro lado se reconoce la importancia de los fenómenos sociales y su constante evolución no solamente en la explicación de los fenómenos naturales sino en la misma concepción de ciencia y método científico.

Así, en el siglo XIX, se desarrollan posturas científicas sociales a la par de las naturales, pero surgen un intento de ubicar en una posición dominante al conocimiento positivista. Se intentan entonces implementar el positivismo como paradigma científico único, bajo el cual debe desarrollarse cualquier postulado para que se precie de científico. Postura fuertemente criticada y contestada por la corriente denominada como “hermenéutica” desarrollada a partir de Droysen y luego reforzada con Weber y Dilthey. Se sostiene que las ciencias sociales no solamente deben ser explicadas o entendidas sino comprendidas desde el interior del hombre, con sus emociones, sentimientos, pensamientos. La hermenéutica pone la atención en el subtexto o mensaje profundo de la acción humana. Fundamenta la metodología de la investigación cualitativa e introduce la concepción de “círculo hermenéutico” según el cual no hay conocimiento sin pre conocimiento (Diesign, 1995).

La trascendencia de la visión hermenéutica llega incluso a las ciencias naturales. Es el caso de las investigaciones de Pasteur que vuelca el laboratorio a la realidad para poder entender el ántrax. Se concibe una férrea relación entre ciencia, tecnología y sociedad (Latour, 1983).       

Referencias

Mardones, J. M. (1991). Filosofía de las ciencias humanas y sociales: materiales para una fundamentación científica (1. ed.). Barcelona: Anthropos.

Diesing, P. (1995). How does social science work? Reflections on practice. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press. Cap. 5 Hermeneutics: the interpretation of texts.

Latour, B. (1983). Give me a laboratory and I will raise the World, en: Knorr Cetina, K. & Mulkay, M. (eds.) 1983) Science Observed: Perspectives in the Social Study of Science. London: SAGE Publications.

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