El reto de investigar e indagar la realidad

Por: Mg. Luis Ernesto Pardo Rodríguez
Universidad de La Salle (Colombia)

“No sé lo que puedo parecerle al mundo, pero a mí me parece
haber sido sólo un niño jugando en la playa a la orilla del mar, que
me divertía de vez en cuando al encontrar una piedrecilla
más suave o una concha más bonita de lo común, mientras
el gran océano de la verdad permanecía inexplorado ante mí”.
Isaac Newton.

La idea de Newton enmarca el panorama del mundo misterioso e inquietante de la investigación. El progreso científico de los siglos XX y XXI, han traído grandes beneficios a la humanidad en campos de fundamentación teórica como la física, la química, la biología y las matemáticas; así como avances tecnológicos en la medicina, la agricultura, la astronomía, la exploración del espacio. Pero aún falta mucho por aprender y todo lo demás está por descubrir, pues los seres humanos aún no conocemos la totalidad de nuestro universo. Cuando este mundo se contempla desde la mirada de un niño o de un adolescente surgen los grandes interrogantes que orientan la investigación científica desde el estudio del “gran océano” de Newton ¿Cuántas áreas de conocimiento están en la capacidad de investigar el mar?, ¿cómo influye el mar en las áreas continentales?, ¿cuál es el impacto de la contaminación de los mares en la vida marina y en el futuro del planeta? Tan solo unas preguntas que al igual que Newton discurren hacia la insondable profundidad del mar para reflexionar en torno a la investigación como un reto para indagar la realidad.

El acto de investigar se inicia en el ser humano cuando un niño se enfrenta con un nuevo objeto en su entorno natural y hace preguntas sobre él, lo examina atentamente con sus ojos, lo inspecciona con sus manos, lo huele o lo toca. En ese momento surgen múltiples interrogantes que guían la curiosidad del niño: ¿Para qué sirve?, ¿cómo se usa?, ¿para qué utiliza?, ¿cómo se puede desbaratar? Estos son los primeros pasos para conocer el mundo, la realidad que le rodea, el placer por la indagación. De la mano de esos formidables investigadores que son los niños, sale a la superficie la evocación de una pregunta inocente en un fragmento del poema de Walt Withman, Hojas de hierba:

Me preguntó un niño:
¿Qué es la hierba?,
trayéndomela a manos llena;
¿cómo podía responderle?
Tampoco yo sé que es la hierba. Sospecho que es el emblema de mi temperamento,
tejido con la tela verde de la esperanza. O imagino que es el pañuelo de Dios.
Prenda perfumada, un recuerdo, dejado caer a propósito,
Que lleva en las puntas el nombre de su dueño para
que lo veamos, reparemos en él y preguntemos:
¿De quién es?

Withman fue un gran maestro. En sus frases se vislumbra como la capacidad de asombro del niño perdura en el tiempo; que esa flama de curiosidad y dinamismo no puede apagarse, trasciende hasta convertirse en el proyecto de vida de cualquier persona inquieta por analizar, reconocer y comprender la realidad. A esto se atribuye la relevancia en la formación de personas del entramado social integrado por la familia, la escuela, la sociedad y, por supuesto, los maestros como artífices de la transmisión y construcción de conocimiento. La vocación del profesor por su oficio implica el conocimiento pleno de su disciplina, de la pedagogía, la didáctica y los componentes procedimentales que estructuran su ambiente de enseñanza, aunado con la motivación hacia los estudiantes para potencializar las competencias de investigación, escritura y lectura, elementos fundantes en la formación de sujetos reflexivos, analíticos, intérpretes y transformadores de la realidad.

El término “investigar” propone múltiples interpretaciones de acuerdo con el contexto de estudio e interés autónomo del sujeto, y se relaciona con acciones como indagar, inquirir, recopilar, consultar, rastrear, que son funciones propias del pensamiento, las emociones y la racionalidad de los seres humanos. La investigación se concibe como la acción y efecto de investigar, de examinar la realidad para descubrir algo con un propósito determinado o por gusto a aprender y a entender las características de un fenómeno natural o social, de realizar actividades intelectuales y experimentales de modo sistemático y ordenado para construir aprendizajes y saberes en determinadas áreas de conocimiento. La investigación parte de las necesidades de formación y construcción personal tanto de estudiantes como profesores; de los contenidos de las asignaturas o espacios académicos que orientan la dinámica de trabajo, y del diálogo y el debate académico que alientan las indagaciones bibliográficas que sustentarán teóricamente la estructura formativa que traza el proceso de aprendizaje.

La investigación no surge de lugares insospechados, pues en la práctica educativa el profesor parte del reconocimiento de los presaberes de los estudiantes, de sus inquietudes, sueños y proyecciones. El respeto por los saberes del otro fundamenta las acciones que se emprenden para llevar a feliz término las jornadas de enseñanza. El reconocimiento permite la estructuración y reestructuración de los contenidos, secuencias didácticas y las estrategias de aprendizaje relevantes en concordancia con el contexto de la comunidad educativa. De manera complementaria, el profesor trae a la realidad los conocimientos de la disciplina para su confrontación con las ideas construidas por los estudiantes y juntos analizan y tratan de resolver las incógnitas del campo de interés investigativo a través del regocijo que conlleva el intercambio de saberes.

El placer de investigar va acompasado por el disfrute de leer, de la comprensión de lectura como práctica de fundamentación cognitiva y la escritura como práctica que materializa las evidencias del proceso investigativo. El aprendizaje de la escritura y la reescritura produce un goce intelectual y define en cada persona un camino evolutivo que con el pasar de las frases, párrafos y escritos define el estilo propio como investigador y profesional. La potenciación de las habilidades, conocimientos, actitudes y valores en lectura, escritura e investigación revelan el interés por aprender y crear conocimiento propio que surge de la consulta y apropiación de datos e información relevante, del análisis e interpretación de los resultados de indagaciones bibliográficas, del trabajo de campo, de la compilación de información para sustentar ideas y formular proyectos de investigación. Las interacciones conceptuales entre la investigación, escritura y lectura estimulan el acercamiento a temas de interés intelectual que le permitan al estudiante y al profesor como investigadores pensar, actuar y transformar su realidad desde la aplicación de sus conocimientos en situaciones problémicas individuales y colectivas.

Se busca a través de la práctica educativa sembrar, motivar y posibilitar en los estudiantes la consolidación de saberes y conocimientos propios para establecer intercambios de información de experiencias y de reflexiones que fortalezcan los procesos de aprendizaje que se reflejan en el trabajo académico en el aula. La interacción entre la acción educativa y la investigación es un ejercicio trascendente que se gesta desde los procesos de enseñanza y consolidación de los aprendizajes a través de la visibilización de ideas, escritos académicos y proyectos al final de cada periodo lectivo.

En el proceso formativo se forjan los conocimientos, habilidades, actitudes y valores que conllevan a la formación de la actitud científica como estilo de vida que implica el desarrollo y fortalecimiento de acciones cognitivas, como la capacidad de asombro, admiración, análisis, o crítica, y el entendimiento e interpretación de la realidad; el hecho de poseer una curiosidad insaciable frente a lo que se quiere conocer y aprender, a problematizar y objetivar el conocimiento y la realidad. La adopción de una actitud científica hace que los participantes en la práctica educativa sean:

  • Cautos en sus actuaciones
  • Exigentes en el contraste de sus opiniones
  • Inquietos para explorar sobre nuevos temas
  • Resilientes ante las condiciones adversas
  • Rigurosos en los quehaceres académicos e intelectuales
  • Sabios en su proceder
  • Tolerante con las opiniones y posturas de los demás

Las actitudes, aptitudes y valores de los estudiantes deben modelarse a través del diálogo y acompañamiento por parte del profesor, de la perseverancia del estudiante, de su encanto por el aprendizaje y por los quehaceres intelectuales que implican acciones como la observación, indagación, construcción de sentido, y en segunda instancia, la composición de narraciones, descripciones, bitácoras, diarios de campo, condensados en proyectos integrales de aula planificados, ordenados, sistematizados, con el propósito de replicarse en diferentes escenarios académicos.

La investigación es una necesidad vital en la vida de los seres humanos y aún más en la cotidianidad del aula de clase, de ella depende la apropiación de datos, de información para la construcción de saberes y conocimiento propio; es de ahí que surgen las ideas, los grandes ideales, los sueños y las utopías para la formación de personas y ciudadanos activos.

Referencia bibliográfica

Deutsch, B. (1965). Walt Whitman. Arquitecto de América. Buenos Aires: Plaza y Janés, 1965.  p. 213

Un comentario en «El reto de investigar e indagar la realidad»

  1. “La actitud científica como estilo de vida” es la esencia del progreso y la inteligencia humana. A partir de un proceso iterativo de prueba y error se encuentran las respuestas a lo que antes considerábamos desconocido, lo cual nos separa del misticismo y las verdades a medias. Las referencias de Newton y Whitman dan para extender más este tema, en concreto sobre la curiosidad y la capacidad de asombro humana ¡excelente artículo!

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