Manuel Ferrer Muñoz ¡A las trincheras!

Por: Manuel Ferrer Muñoz, PhD
España

En breve daré a conocer a través de las redes sociales los nuevos enfoques de SAICSHU -Servicio de Asesoría sobre Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades (https://icsh.es/)-, que puse en marcha hace tres años. La remodelación implica una poda radical en los servicios que se ofrecen, durante los próximos doce meses, para atender a lo que se considera más esencial. Desde luego, no se trata de una operación de cirugía estética, ya que la meta última a la que apuntamos es una muerte digna, porque habrá sido una muerte en combate: así prevemos que ocurra, y no por circunstancias externas sobrevenidas, sino por propia decisión.

La investigación en esas ramas del saber -humanidades y ciencias sociales- ha emprendido desde hace tiempo unos derroteros que rechazo en buena medida, por cuanto está perdiéndose de vista lo esencial, mientras se prioriza lo trivial.

Y no son tiempos de andarse por las ramas ni de cultivar bizantinismos.

Es la hora de plantar cara a los que, con el disfraz de demócratas, pretenden imponer dogmas totalitarios, mediante la ingeniosa estrategia de cultivar con esmero la ignorancia de las masas y conducirlas con suavidad a la embriagadora atmósfera de la estupidez, resultado inevitable del abandono del hábito de pensar por propia cuenta.

A la vista de esta declaración de intenciones, se entiende que el firme propósito de mi quehacer intelectual y literario a lo largo del año que acabamos de estrenar se dirija a una profundización en el estudio de los artificios y mentiras de que se sirven los gestores estatales de la política educativa para laminar la capacidad de los ciudadanos de desarrollar un discurso propio, al margen de las ‘verdades’ impuestas desde esos ‘centros del saber’ que son los poderes legislativos de los estados. Leyes injustas e inicuas son aceptadas de modo acrítico por ‘súbditos’ aborregados a quienes la llamada gandhiana a la desobediencia civil suena sencillamente a música de extraterrestres.

A esas aspiraciones idiotizantes de quienes detentan el poder político contribuye el abandono del saber filosófico: muy en particular, de la metafísica, la psicología y la lógica. A través de la escolarización forzosa se ha logrado que, ya desde edades tempranas, los niños renuncien al ejercicio de su libre imaginación y acepten las imposiciones brutales de unos dispositivos antipedagógicos que cercenan lo más valioso de sus mentes no contaminadas, sometidas a un bombardeo de normas disciplinarias que, simplemente, los convierten en actores pasivos de su propia educación y en masas obedientes a la autoritaria imposición de la voluntad de un profesorado que, bombardeado por una propaganda sistemática, no alcanza a cuestionarse si la tarea que desarrolla constituye o no un servicio a la sociedad, o si la mecánica transmisión de las normativas que le es impuesta representa o no una traición a los nobles objetivos que se planteó cuando abrazó una profesión de cuya grandeza y alcances es tal vez ignorante.

El concepto filosófico de verdad ha sido arrinconado y sustituido por un relativismo que huye del contraste con los hechos que acaecen al margen de nuestra voluntad, y disimula lo que ocurre en la realidad mediante el recurso a la ficción de lo que interesa que suceda.

Postergado el saber filosófico, la ruina mental de los jóvenes escolarizados se ve rematada por el empobrecimiento del lenguaje, reducido cada vez más a la repetición de eslóganes y vigilado por censores que deciden qué expresiones son correctas y cuáles han de ser reprobadas, en nombre de unos ‘valores’ supuestamente compartidos por toda la sociedad.

Por supuesto, la historia debe ser suprimida como investigación de la verdad, y reemplazada por una leyenda oficial que, acuñada como ‘la memoria histórica’, se impone por la fuerza: quienes discrepan de ella son anematizados como réprobos o reaccionarios sospechosos de maquinaciones siniestras.

Basta dejar al margen de la regulación legal aspectos centrales en el quehacer educativo, como el derecho de que los padres asuman la educación de sus hijos, si así lo desean, para perseguir y acosar a quienes, inconformes con el ‘sistema’ y queriendo lo mejor para su familia, emprenden el arduo y maravilloso camino de la educación en casa. El caso de España es paradigmático, y quien redacta estas líneas acumula experiencias asombrosas que espera compartir precisamente a través del blog de SAICSHU.

Espero que estas breves y, tal vez, desordenadas disquisiciones, que requieren un desarrollo mucho más extenso y sistemático, ayuden a comprender mi actitud militante contra lo académicamente correcto, y sean recibidas con respeto por los usuarios de aquel servicio. Honradamente entiendo que esta llamada a que nos atrincheremos frente al Estado déspota y combatamos sus políticas educativas con el arma del estudio concienzudo y del rechazo razonado de las mentiras disfrazadas de verdades es el mejor servicio que podemos brindar en SAICSHU. Y comprendo también que muchos de los colaboradores de los primeros tiempos prefieran dar un paso al lado, para no verse retratados como anarquistas irresponsables, desagradecidos con los estados bienhechores.

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