La conciliación trabajo-familia para las mujeres académicas

Por: Ana Cecilia Salazar V.
Universidad de Cuenca (Ecuador)

El propósito de este artículo, es analizar la conciliación trabajo-familia desde la experiencia de las mujeres académicas. No se trata solo de reconocer la doble jornada, sino de abordar la problemática a partir de las emociones y sentimientos que genera la experiencia de compatibilizar los dos roles, con el propósito de visibilizar las implicaciones psicológicas que afectan la calidad de vida de las académicas.

Las transformaciones de todo orden que la humanidad enfrenta a pasos acelerados, demandan de la academia la revisión de los procesos de construcción del pensamiento. Esta tarea, implica el desafío de resignificar y potenciar la formación de profesionales con nuevas maneras de interactuar con el entorno y entre seres humanos, de manera especial en referencia a los derechos colectivos al interior de las propias instituciones, que frecuentemente se llenas de discursos, pero no de acciones.

Las mujeres de las universidades, son el grupo más afectado en la salud mental y emocional debido a múltiples factores, uno de ellos, las dificultades que implica conciliar las responsabilidades laborales y domésticas. Qué madre, en especial de infantes o adolescentes, no ha sentido estrés y preocupación al tener que dejarlos en manos de una tercera persona. Quién no ha sentido que está priorizando su profesión sobre la seguridad de sus hijos. Quién no se ha preguntado si es culpable cuando las crisis familiares afloran por la presión de la vida cotidiana saturada de actividades laborales. Estas circunstancias evidencian que, de acuerdo a nuestros cánones sociales, son las mujeres quienes deben permanecer en el hogar para evitar eventos indeseados. Cuántas veces escuchamos que aquellas que priorizan el trabajo son malas madres; aunque también están las súper mujeres, las madres que todo lo hacen y todo lo pueden en la casa y el trabajo, con jornadas ilimitadas que las llevan al punto del agotamiento físico o la frustración, lo que se conoce mujeres quemadas.

Cuando los roles socialmente asignados a las mujeres se incumplen, suele surgir un conflicto interior que en algunas ocasiones las obliga a renunciar a su carrera profesional y optar por el cuidado del hogar y de las personas dependientes: infantes, enfermos o ancianos.  Esto se denomina piso pegajoso, provocado por la presión de la doble jornada laboral y doméstica. Según Barba Pan (2019) el piso pegajoso se considera como el “espacio natural” que según la cultura patriarcal les corresponde a las mujeres.

Estas brechas de género en las universidades, son una tarea pendiente, mujeres exitosas académicamente, manifiestan un sentimiento de cierta culpabilidad debido a, “haber tenido que sacrificar su presencia en momentos importantes de la vida de sus hijos y de su hogar”. Las reformas legales y de los avances teóricos en el tema de la equidad de género no son suficientes, el cambio es normativo, pero no real. Se habla sobre equidad, códigos de ética, protocolos contra la violencia y acciones afirmativas; pero las condiciones de desigualdad estructural no han cambiado.

En este marco, consideramos que coexiste un viejo y nuevo orden social en referencia al rol de la mujer académica, que genera una presión ambivalente, marcada por las disyuntivas que debe enfrentar en el proceso de construcción de su autonomía como profesional, poniendo en riesgo su bienestar, así como sus relaciones de pareja o de familia. El cuidado de hijos o padres mayores, la alimentación, la limpieza de la casa se perciben mayormente como responsabilidad de ellas. La crisis ocasionada por el C19, que llevó a la humanidad al confinamiento y al teletrabajo; confirmó que las nuevas condiciones han afectado de manera diferenciada a hombres y mujeres, la explotación laboral se afina porque resulta confortable, hogareña pero la línea que separa el descanso del trabajo es difusa; el teletrabajo ha ampliado las jornadas, la presión y el estrés afectando mayormente a las mujeres.

En definitiva, podemos asegurar que la academia es un espacio laboral competitivo y exigente que somete a las mujeres al constante escrutinio y que persisten condiciones de inequidad e incluso de discriminación y violencia.

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