¿Por qué Verónica Forqué?

Por: Dr. Pedro C. Martínez Suárez, PhD
Universidad Católica de Cuenca

Nunca lo sabremos. Por muy buen trabajo de autopsia psicológica que se haga jamás sabremos las razones últimas de la actriz española para quitarse la vida. Esa será una aseveración que encontraremos con frecuencia, en la prensa o en la Psicología popular. Ahora bien, lo cierto es que la notoria serie norteamericana 13 reasons why puso el dedo en la llaga en situar las razones del suicidio, en la mayor parte de casos, en las relaciones interpersonales, en el entorno, más que en el interior, en las cosas que nos suceden y en este caso, y en otros muchos, en las interacciones con los otros. Por tanto, el nunca lo sabremos, es una falacia. Todos tenemos claro que las razones del suicidio de Verónica Forqué tienen que ver con lo acaecido en el programa Máster Chef. Sin embargo, antes de aventurarse a elucubrar sobre un fenómeno y su atribución causal, deberíamos tener en cuenta lo ya estudiado por expertos de las Ciencias de la conducta como Albert Bandura en los experimentos de los Bobo Dolls en la década de los 70. 

Igualmente, deberíamos considerar dos cuestiones en el debate abierto: por un lado, la supuesta neutralidad de los medios (McQuail, 1994) y, por otro lado, la superación de la hipótesis de la aguja hipodérmica de Lasswell en los modelos de comunicación de masas. Es decir, la evolución de modelos explicativos conductuales hacia los cognitivos como el de Maletzke para dar cuenta de fenómenos como el que nos ocupa. Traducido a un lenguaje que pueda entender cualquier lector. Los medios de comunicación, aunque están regulados por la deontología del periodismo, no siguen patrones éticos, sino de mercado en el diseño de sus productos, esto es especialmente acuciante en los reality, obligados a generar audiencias masivas. Asimismo, el modelo de Maletzke considera, como la mayoría de los modelos actuales, que entre el mensaje recibido y la reacción provocada existen variables moduladoras de la conducta (mediacionales) cognitivas, o sea, pensamientos. La forma de percibir de la persona o las variables de personalidad estarían explicando la conducta según los modelos cognitivos. Lo cual es controversial también desde la perspectiva contextual funcional actual en Psicología.  Aunque sí es probable que las relaciones funcionales interpersonales establecidas por la actriz en los últimos momentos de su vida, aunque fuera con sus fans, hayan decidido mucho más que el propio formato del programa y el “todo vale” del mercadeo televisivo de nuestros tiempos.  

A lo mencionado cabe añadir todos los componentes de la estigmatización de las mal llamadas enfermedades mentales o trastornos psicológicos. La televisión, no desde hace poco, ha convertido la psicopatología en carne de circo, lo importante es vender el producto. Todo esto se une al escandaloso uso de programas de reforzamiento encubiertos para el consumo, como en el caso de Cambridge Analytics.  

Una sociedad que vive a la deriva, con relaciones cada vez más virtuales que reales, un  individualismo extremo, un hedonismo perenne, una adicción por lo inmediato, unas vidas  gobernadas por los mercados, un desmembramiento de valores, una ruptura de las formas  tradicionales de vivir, una complejidad de los mercados que exige habilidades no educables en  el colegio o la universidad, una pérdida de facultades intelectuales, falta de creatividad e  innovación, un ser humano superado por la tecnología, una devaluación absoluta de la cultura,  una veneración por lo absurdo, un caos de autodestrucción masiva. Todo ello dibuja ciertamente, un panorama apocalíptico que hace cada vez menos atractivo este lugar llamado tierra para muchos de sus habitantes. Este malestar en la cultura, tan freudiana, amerita la intervención urgente de una legión de psicólogos conductuales comunitarios que orienten el  cambio de comportamientos hacia quién sabe si nuevos valores. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.