Otra derrota del neofascismo neoliberal

Por: Luis Herrera Montero, PhD
Universidad de Cuenca (Ecuador)

El pronunciamiento de Kast, de equiparar al fascismo con las corrientes de izquierda, fue completamente viciado de irrealidad y, ante su derrota en la segunda vuelta presidencial de Chile, no cabe duda de que el señor respondió a una publicidad perversa, que el pueblo chileno acaba de rechazarla mayoritariamente en las urnas.  Un descendiente político directo de Pinochet atenta en contra del buen accionar político, cuando con desvergüenza encubre los genocidios ejecutados durante la dictadura que impusiera su mentor, acontecimientos que ya están en los catálogos y archivos de la historia fascista del mundo.

Desde el otro lado de la vereda, el de la historia de los procesos democráticos, triunfa Boric en un franco recordatorio al pueblo que se movilizaba multitudinariamente bajo el liderazgo de Allende. En el mundo fuimos testigos de calles repletas de manifestantes en airada protesta contra del neofascismo-neoliberalismo. Piñera debe estar con insomnio, pues el pueblo se pronunció ya en contra de su legado pinochetista, aprobando la necesidad de implementar una nueva Constitución nacional. Hoy se ha confirmado la tendencia con la mayoría sufragando en favor de la izquierda chilena ¡Sí de la izquierda! Porque el pueblo unido jamás será vencido.

Seguramente el progresismo marcará su resurgimiento en América Latina. Se instituyeron avances con significativas reelecciones. Se cometieron errores que deben solventarse con más democracia, no de aquella que se implementara en el sistema esclavista en Grecia, tampoco de aquella que posicionara en el poder a oligarquías liberales en Estados Unidos, Francia, y otras naciones de Occidente, como reproducciones esclavistas en relación a los pueblos afrodescendientes. Eso evidentemente nunca ha sido democracia, ya que su significado sufriera innegables tergiversaciones. Los gobiernos de los pueblos sin duda son autogobiernos populares y societales, que hoy los definimos y diferenciamos históricamente como democracias participativas, en caminos desafiantes para ser interculturales y realmente cosmopolitas. Hacia allá deben perfilarse los movimientos sociales y el progresismo no solo latinoamericanos. No se trata de boicotear alianzas y bloques en el poder, con perspectivas sectarias, porque promueven riesgosas divisiones, que han beneficiado solo al neoliberalismo-neofascista.

Entonces, la democracia se reposiciona con alianzas, desde concepciones de radicalidad, que se resignificaron también con las importantes contribuciones de Mouffe y Laclau, pues lo radical dejó de concebirse como extremismo y pasó a propiciar procesos que se replantearon en lo democrático. Así lo comprendió Allende y su legado se reinstituye no solamente en Chile, como un proceso de aprendizaje, desaprendizaje y reaprendizaje, desde la pluralidad de los pueblos y en clara lucha en contra de la dominación imperial, que a la postre se constituirá en superación de la civilización capitalista; nuestro horizonte utópico.

Los retos son serios. El capitalismo, en su versión totalitaria, intentará demonizar estos procesos, acusándonos de ser los fascistas, como recientemente lo intentara la derecha chilena.  Cuidado, esta vez no podemos cometer errores que desencanten a los pueblos. Una historia que en Ecuador la estamos viviendo por la incapacidad de fortalecer alianzas para evitar los desastres neoliberales. Lo peor de nuestra historia contemporánea la hemos vivido en el retorno a la gobernabilidad oligárquica con Moreno y Lasso, los datos del sistema carcelario son angustiantes e inapelables respecto de lo que estamos afirmando.

Luces de izquierda y progresismo se avizoran en Colombia. Todo indica que Petro triunfará también en las próximas elecciones. La hermana nación ha vivido la peor de las experiencias neoliberales-neofascistas, respecto de lo acontecido en el siglo XXI con el régimen uribista. Oligarquías o rodapiés de la política internacional totalitaria de Estados Unidos, seguro les duele que las izquierdas les vayan derrotando, hoy con mayor fuerza que en la década de los 2000. Son ya más países los que se suman en la contra hegemonía al imperialismo gringo. Por lo menos el final del neoliberalismo-neofascista está evidenciándose.  Falta aún darle la sentencia definitiva y para eso el pueblo debe estar unido y configurando democracias participativas-radicales, de reconocimiento de pluralidades, pero en rumbo hacia procesos de interculturalidad y cosmopolitismo. Esta es una alerta para nosotros los ecuatorianos. Nos estamos autoperjudicando con agendas divisionistas. Evitemos que el totalitarismo capitalista nos arrase.

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