La importancia de la evaluación del profesor universitario

Por: Dr. Enrique Espinoza Freire, PhD
Universidad Técnica de Machala (Ecuador)

Con frecuencia, entre algunos profesores universitarios, se observan manifestaciones contrarias al proceso evaluativo de su desempeño profesional, situación que ha motivado el siguiente análisis, con el propósito de contribuir a su mejor apreciación.

El prestigio de las instituciones universitarias está dado por la calidad de los procesos sustantivos que le son inherentes; lo que está determinado por la calidad del claustro, que tiene entre sus funciones: la formación de los futuros profesionales que necesita la nación, a través de la actividad docente metodológica; la actividad investigativa generadora del conocimiento científico-técnico necesario para la solución de las necesidades pedagógicas y sociales;  y la participación activa en la gestión extensionista.

Para el cumplimiento de sus funciones el docente ha de estar actualizado en los conocimientos, metodologías y didácticas propios de la ciencia que imparte y en los avances tecnológicos; debe ser conocedor de la situación social, económica, política y cultural del país y el mundo; además de contar con una sólida cultura general; para todo esto es preciso que sea un incansable y sistemático estudioso, ávido de conocimientos.

Consecuentemente  el desempeño del docente universitario es evaluado de manera sistemática como una manera de estimular su desarrollo profesional: desde esta perspectiva, la evaluación, más que un control, es una estrategia para estimular la superación y capacitación del docente en aras de elevar la calidad de su desempeño profesional y el prestigio de la institución a la que pertenece.

De esta forma, la evaluación profesoral se convierte en un instrumento de investigación dirigido al diagnóstico, ejecución y resultado de la actividad docente; la información así obtenida sirve para conocer los factores determinantes del éxito o fracaso de las acciones pedagógicas que realiza,  tomar decisiones e implementar estrategias para superar las insuficiencias y limitaciones; así como, en caso necesario, redireccionar las tareas en la consecución de las  metas planteadas. Luego, la evaluación docente es una poderosa herramienta de retroalimetación y guía, que permite comprobar la correspondencia entre los resultados deseados y los obtenidos, en pro de alcanzar los objetivos trazados.

Dada la complejidad de la evaluación del profesor universitario, esta debe estar vinculada al proyecto de gestión de la calidad educativa universitaria;  de manera que, recoja los criterios de diferentes fuentes de información, tales como autoevaluación, evaluación del jefe inmediato superior y opiniones de los estudiantes, colegas y autoridades institucionales, siempre con la intención de una valoración justa y constructiva.

Esta actividad indagatoria debe enfocarse en indicadores tales como: trabajo docente-metodológico, dominio de los contenidos que imparte, resultados del rendimiento de los estudiantes, habilidades de organización y planificación del proceso de enseñanza-aprendizaje, ejemplaridad, relaciones con los estudiantes y los demás miembros de la comunidad educativa, calidad en el diseño y aplicación de estrategias educativas, resultados de las asesorías y tutorías, labor científico-investigativa, producción científica, auto-superación, capacitación, formación académica y labor comunitaria, entre otros.  

Sirvan estas apretadas líneas para contribuir al mejor entendimiento de la ineludible importancia de la evaluación docente como garantía del desarrollo profesional y calidad de la gestión universitaria; la que debe ser continuamente perfeccionada para lograr justeza en sus propósitos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.