Elucubraciones: Entre martillazos y perspectivas

Por: Mateo Sebastián Silva Buestán
Director Colección Taller Literario, Cuenca (Ecuador)

Se supone que, en estas primeras líneas, como acostumbran a hacer algunos autores, debo destinar el más importante de los espacios, para agradecer a lo que se conoce como “dios” por tan gran favor, inspiración y bendición de publicar, por vez primera, un libro propio. Sin embargo, he optado por darle un toque, en lo que a mí concierne, mucho más real e interesante. Opuesto, totalmente, a los que conciben la escritura como un “don divino” y quitando de en medio cualquier tinte que se pueda malinterpretar como egocentrista, me atrevo a citar:

No es este el relato de hazañas impresionantes, no es tampoco meramente un “relato un poco cínico”; no quiere serlo, por lo menos. Es un trozo de dos -UNA­; Y DE AQUÍ EN ADELANTE EN SINGULAR- vidas tomadas en un momento en que cursaron juntas un determinado trecho, con identidad de aspiraciones y conjunción de ensueños. Un hombre en nueve meses -TRES AÑOS- de su vida puede pensar en muchas cosas que van de la más elevada especulación filosófica al rastrero anhelo de un plato de sopa, en total correlación con el estado de vacuidad de su estómago; y si al mismo tiempo es algo aventurero, en ese lapso puede vivir momentos que tal vez interesen a otras personas y cuyo relato indiscriminado constituirá algo así como estas notas.

Lo invocado con antelo, valga la oportunidad para aclarar que las palabras que no se encuentran en cursiva han sido añadidas a fin que se comprenda el contexto, corresponden al primer fragmento de lo que, Ernesto Rafael Guevara de la Serna anotó para sus notas cuando realizó un viaje en motocicleta, en 1952, por América Latina junto a su amigo Alberto Granado. Al momento en que leía la mencionada frase, cavilaba sobre lo que implicaba dejar para el final la primera página de un libro. A día de hoy, constato que supone y genera una curiosa sensación de extrañeza. Es, entonces, con ese cúmulo de emociones e ideas con las que nace este texto.

Cabe precisar que, contrario a la mayor parte del contenido de esta obra, he omitido, descaradamente, las reglas sobre cómo construir incisos, párrafos y frases. De igual modo, he optado, en esta ocasión, por escribir en primera persona. Ya me enteraré si este hecho resulta más, menos atractivo para el lector o si termina por crear un vínculo entre usted y yo; entre tú y yo; entre vos y yo; en definitiva, entre nosotros. No se asuste, estimado, que esta peculiaridad halla razón en la excesiva carga personal de este muy significativo escrito.

Gran ansiedad genera el querer saber cómo ha llegado a descargar este libro, quién se lo dijo, si nos conocemos de alguna parte ¿Quién me lee? ¿Son de su agrado este rejunto de letras que su mente decodifica? Sea como fuere, la compilación del material que tiene frente a sus ojos, ya sea en la pantalla de su ordenador, tableta o teléfono dizque inteligente, es una amalgama de textos de toda clase y de surtido contenido. Así, podrá encontrar: artículos de opinión, comentarios de obras, ensayos, entrevistas, relatos cortos, etcétera. Tómese aquello como un simple esbozo de este libro, pues no es mi intención, por lo osado que resultaría, entrar en detalle y vanagloriar la obra de uno mismo.

A lo que sí hay que referirse es a la fuerte tendencia que posee “ELUCUBRACIONES: ENTRE MARTILLAZOS Y PERSPECTIVAS” de tratar, si quiera, de deshacer el mundo, esto en una sutil referencia a la intención de socavar ciertos planteamientos sociales y estructuras mentales inveteradas a la médula del colectivo. Se ofrece, pues, una óptica distinta, un panorama, diría, diferente con relación a lo que se nos ha enseñado desde tiempos de antaño. Además, se muestra, que la Tierra no es color rosa, sino que tiene grandes salpicaduras de tonalidades sumamente opacas. Tal vez y solo tal vez, esta obra encuentre más repudio, desaprobación que aceptación y congratulaciones. Urge dejar de lado las miraditas sensibles con el propósito de afrontar la crudeza en la que sobrevivimos. Decía ese cantor de rizada melena y abundante barba que es mejor “dar la cara al detractor y la espalda al buen comentario, porque el que acepta un halago empieza a ser dominado: el hombre le hace caricias al caballo antes de montarlo”.

Para concluir, es necesario citar los medios, digitales también, por los que se me ha hecho posible publicar a lo largo de estos tres años, como bien se señala en el segundo párrafo. En primera instancia, los textos aparecían en el Blog de JM Castellano; posteriormente, en la Tribuna Internacional LA CLAVE y en el portal Ecuador Universitario. Mi infinita gratitud a sus administradores por darme cabida en sus tan importantes y comprometidos canales de difusión, sin estos, este libro no existiría. He aquí un contrasentido: no tenía la menor idea, ni intención de que el primer texto que se encontrará en el índice iba a ser, alguna vez, parte de un libro; en contraparte, el último de la lista ya fue pensado para cerrar esta entrega.

En estas hojas queda plasmada una serie de variopintas elucubraciones que ondean los vericuetos y la rabia intrínseca a la juventud. Lo escrito, escrito está; aunque, bien se sabe que tanto el hombre como el barco que no está dispuesto a zarpar, queda varado en la orilla. Espero intranquilo, pero no desesperado, volver a leer este texto, estos escritos, este libro de aquí a muchos años, con ello recordaré este preciso instante… Entretanto, ya me dirá, querido lector, si sintió los martillazos y si sus perspectivas cambiaron.

Con total sinceridad -que es lo que le falta al Hombre-, Mateo.

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